Por fin hoy tengo mi tan esperada entrevista de trabajo; estaba desesperado porque me llamaran para una. Mi situación no es nada buena: mi arrendadora me cobra cada mes y, a veces, he tenido que dejar de comer para pagar la bendita renta. Pero hoy, hoy es mi día; hoy será el día en que el cielo me escuche y finalmente ese trabajo sea ¡mío!.
Ya estoy frente al edificio, entro, saludo al conserje y le indico que vengo a una entrevista de trabajo, la mejor de mi vida, pienso para mí.
El conserje me pide mi identificación y me deja subir.
Estoy ya frente al ascensor, queda tan poco para llegar. Los nervios aparecen un poco y mis manos se inquietan un tanto, humedeciéndose con sudor.
Seco mis manos con mi pañuelo y aprieto el botón para subir.
El ascensor se abre. No hay nadie, qué alivio.
Aprieto el número del piso al que voy, el ascensor cierra sus puertas y comienza a subir.
Doy un suspiro largo para calmarme, me miro al espejo, mi pelo y mi ropa están impecables.
Piso 1... piso 2... miro fijamente los números aparecer en el visor. Piso 3... piso 4.
Escucho y siento un freno seco, todo el ascensor se tambalea.
Quedo atónito. ¿Qué pasa ahora?, me pregunto. ¡Miro para todos lados!
¿Hay alguien? ¡Hay alguien ahí?!
Comienzo a gritar, nadie responde.
Miro el reloj, faltan 3 minutos para la entrevista.
Mi corazón comienza a agitarse.
¡Auxilio!, grito desesperado.
Al voltear, veo un botón que dice: «Apriete en caso de emergencia».
Es un comunicador, lo aprieto varias veces desesperado hasta que escucho una voz salir del otro lado:
—¿Emergencia, en qué le puedo ayudar?
—Señorita, estoy atrapado en el elevador, ayuda por favor.
—Señor, ya van en camino, en 5 minutos estarán allá.
—¡¿5 minutos?!, digo despavorido. ¡Tengo una entrevista en 2 minutos!
¡Dios mío! La oportunidad de mi vida se va entre los dedos.
Me pego a la pared del ascensor y me deslizo hasta quedar sentado en el suelo, viendo cómo pasan los últimos minutos.
Estoy con la cabeza entre las piernas cuando siento un movimiento y el ascensor comienza a moverse. Quedo sorprendido.
Piso 5 y finalmente piso 6. Rápidamente acomodo mi ropa y cabello, espero a que el acensor abra las puertas, esos segundos me parecen eternos.
¡tin! Se abren las puertas, salgo rapidamente, avanzo unos pasos hasta la recepción. Saludo a la recepcionista.
—Señorita, soy Diego Hernández y vengo… a la entrevista de mi vida.