El gato y el cascabel
Yo tenía un gato que era como un ninja: sigiloso como ninguno, pero gentil…
—Ahí está la "Karen", vamos a molestarla. Tiene algo raro, no sé si me gusta o es difícil de entender, pero bueno: la curiosidad va primero, así que voy a investigar. Tiene un ruido horrible y espeluznante… ¿quién se te ocurre ponérmelo, no "Karen"?
—Ven acá, gatito, vení Carboncito, vení…
—Ese tono no me gusta nada: siempre es por algo malo. Me da de comer y después ¡zas! al veterinario. ¡La "Karen" mayor!
—Vení, gatito, no te voy a hacer nada, vení… tengo pollito, ¿te gusta?
—¿Hasta crees que me vas a comprar con pollito? ¡Ni que fuera atún enlatado con leche!
—Max, Max, vení para acá, Max… tengo un juguetito para vos.
—¿Quién dijo juguete? ¡Quiero juguete! ¡Quiero juguete!
—Ese perro siempre con lo mismo: “quiero juguete, quiero juguete, tirar el juguete, quiero la pelota…”
—Espera, "Karen"… ¿qué estás haciendo? ¡Quítame eso del cuello! ¡No me gusta! Dios, ¿de qué te reís, "Karen”? Esto no es gracioso…
—Me voy a vengar, ya verás, "Karen".
Un día cualquiera, cuando estaba lloviendo, lo busqué por todos lados:
—Max… Max, ¿dónde estás, Max?
Y nada. Busqué por todas partes, hasta les pregunté a las vecinas. Hasta que por error favorito encontré algo que no me gustó nada: su camisa con Rouge, y un pequeño tintineo que me molestaba… y una carta que decía:
“Yo siempre hice lo que vos querés. Ahora es mi turno, "Karen". Agradecerlo a tu ego, porque yo ya me fui. Te quiere tu "gato" más fiel, "Max.”
Alias: "El Cornelio Mayor "
El gato y el cascabel
Amparo Abril Luque Ijia