Capítulo 6: La Verdad sobre el Altar de Ibarra
Días después, dejando atrás las playas de Manabí, el destino los llevó a Ibarra. El motivo era sagrado: visitar la tumba del difunto Julián. Frente al lugar donde descansaba el hermano que la había pedido como un regalo de consuelo, la atmósfera se llenó de una mística melancolía. Fue allí donde Elena y la Tía Beatriz decidieron que Valeria merecía la verdad desnuda, sin los tintes heroicos del cuaderno de Héctor.
Mirándola a los ojos, con una mezcla de lástima y liberación, le revelaron el verdadero secreto: Valeria no era una desconocida abandonada en un cartón. Era la hija de Héctor, fruto de una relación extramatrimonial con una mujer que prefería la vida fácil y el alcohol.
El dolor del engaño de su padre se mezcló con una profunda epifanía. Valeria comprendió el verdadero significado del amor: Elena, la mujer que la vio nacer de la traición de su esposo, la había amado, protegido y criado como su propia carne, cumpliendo la promesa de su hijo moribundo. Al final, el cuaderno de mentiras se quemó en su mente, dejando brillar la única verdad que importaba: el amor inmenso de la madre que la eligió para siempre.