Han transcurrido cinco años desde que doblé aquella última hoja. Cinco años desde que marche al servicio militar con tu recuerdo guardado entre la ropa de combate y tus cartas arrugadas en el fondo de mi mochila.
Hoy cumplo veinticuatro años. Vivo solo, trabajo, me abrí paso en el mundo. He cambiado en muchas cosas, pero hay una constante invariable: sigo pensando en ti.
No sé si aún visitas el correo. No sé si conservaste mis líneas, si las dejaste atrás como un juego de juventud o si realmente existí para ti. Pero tú fuiste real para mí. Lo sigues siendo cada día.