Cargando…

ELLA// CAP 6

Unapiscisencrisis16
Pública 0 conversaciones 0 pensamientos 8 votos positivos 0 votos negativos 0 series

Me llevó a su casa. Estaba claramente nerviosa. Nunca había presentado a un chico en casa. Sentía presión por impresionarlos. Tenía temas en común con su padre, la lectura y el ajedrez. Su madre me…

In groups

Contenido de la publicación

Me llevó a su casa. Estaba claramente nerviosa. Nunca había presentado a un chico en casa. Sentía presión por impresionarlos. Tenía temas en común con su padre, la lectura y el ajedrez. Su madre me cayó muy bien y me recordaba a ella. Vi cómo era con su papá y entendí por qué Eme tenía algunos comportamientos conmigo, como darme un beso de la nada, incluso servirme la gaseosa primero, pedir por mí y siempre verificar que este cómodo, ponerme apodos románticos. Incluso a veces algo maternales como quitarme las pelusas de la ropa o acomodarme el cabello. También entendí por qué es un poco más seria y directa, es la réplica de su papá. Hasta se sienta igual e incluso ambos escriben con la mano izquierda. También conocí a Ale, su hermana. Eme, siempre dice que Ale es una versión mejorada de ella. A decir verdad, veo varias similitudes entre ellas, pero también muchas cosas que las diferencian. Ale sonríe más y es mucho más directa que Eme. Todos me agradaron. Su padre es una persona que sabe de todo un poco, tal cual Eme.

Alguna vez me mencionó que todo lo que sabe es por él. Es cierto, Javier es una persona que sabe mucho. Estaba intimidado por él, pero no es lo que aparenta. Viva imagen de Emma. Serios en la superficie, pero cuando los conoces un poco más, te das cuenta de que solo es la cara y el tono de voz. Su padre hizo algo muy peculiar, puso Jazz mientras comíamos. Una familia rodeada de música. Su padre y ella, amantes de la música. Su madre y hermana, bailarinas de salsa y bachata. Eme le contó a su mamá cuando fuimos a la fiesta y que yo no sé bailar salsa. Camila se ofreció a enseñarme. Yo no paraba de reír, estaba colorado. Emma admitió que tampoco es que sea muy coordinada al momento de bailar. Seis meses después de estar con ella, doy fe de ello. Ahora era mi turno de llevarla a casa. Sé que se echaría a mi familia al bolsillo. Cenamos en casa. Le pedí a mamá que haga pollo o carne. Con lo picky que es  para comer, no quería que pasara un mal rato o rechazara la comida de mi mamá. Recuerdo de manera clara y graciosa que me contó cuando fue a la casa de su mejor amiga y cocinaron algo que no le gusta. Ella amablemente les dijo que no se preocupen por ella porque no le gusta.

 Es tan picky, que ni siquiera come huevo frito. Javier, su padre, tiene la fuerte idea que eso viene de su mamá. Ella tampoco come huevo. Bueno, llegamos. Emma estaba un poco nerviosa. Estaba muy linda, se alisó el cabello. Yo lo prefiero con sus rizos naturales, pero ella dice que se alisa para eventos especiales. Cabello liso, una blusa negra, sus vaqueros azules y sus típicas botas negras. Sencilla, pero linda. Entramos a casa y estaban mi madre y Salvador, mi hermano. Eme primero le tendió la mano a mamá y ella le dio un abrazo y dos besos (costumbre española). Mamá sonreía. Entramos, nos sentamos en el sofá y cuando Salvador la ve le dice: “Tía, al fin te conocemos. Ya le pusimos rostro a la que ha cambiado el corte de pelo y la sonrisa a mi hermano. Ya me caes bien”. Ella se echó a reír y le dijo: “Salvador también se llama mi primo-hermano, más hermano que primo. Debe ser el destino”. Sé que ella siempre quiso tener un hermano mayor. Mamá nos llamó a cenar, se dirigió a Emma y exclamó: “Espero que te guste la cena. Es pavo”. Su cara fue única. Me miró y ambos esbozamos una sonrisa. Es su comida favorita. Empezamos la cena. Mamá le hacía preguntas sobre Perú y su gastronomía. Acordaron en hacer Lomo Saltado y a modo de broma Eme dijo: “Señora Claudia, mi plato por excelencia es el filete de pollo con arroz”. Mamá la miró y se empezó a reír y mi novia agregó: “Seño, viví a base de eso seis meses”. Mamá le pidió que la llame Claudia. Eme agradeció, lo intentó, pero le duró cinco minutos. Veintidós años viviendo en Perú y diciendo “seño o señito” no se le quitarían en poco tiempo. A decir verdad, me parece gracioso cuando la escucho decir así. Salvador comentó que tenía una prueba en inglés y ella se ofreció a ayudarlo y procedió a decir: “Whenever you wanna practice, just tell me” Salvador resopló y dijo: “Bro, ¿qué has dicho?” Empezamos a reír. Conversamos de viajes, familia, música y comida. Emma, con lo educada que es, se ofreció a lavar los trastes y mamá obviamente le dijo que no, que era la invitada. Con toda la confianza del mundo, Eme la miró y respondió: “Bueno, no tiene que decírmelo dos veces” y empezó a reír. Se cayeron bien. Terminamos la cena y le dije a mamá que le mostraría mi cuarto a Eme. Subimos, entramos y no podía dejar de mirarla, ni ella a mí. Amo ver sus pestañas y el piercing en su nariz. Me fascina su olor y que ella siempre me mira directamente a los ojos antes de besarme. El hecho de sentir su mano en mi nuca y que me diga lo inteligente que soy. Veo sus ojos de admiración. Es un sentimiento inexplicable. Incluso, sé que me mira cuando estamos de lado, la veo por el rabillo del ojo. Vino el momento del beso intenso. Bajé las manos a su cintura. Ella decía que no le gustaba porque sabía que no era tan delgada y le daba vergüenza, pero era mi chica y yo adoraba cada parte de su cuerpo. Besé de manera intensa sus perfectos labios. Ella me cogía el cabello y posaba sus brazos en mis hombros. Adoro cuando sonríe en pleno beso y me da una serie de piquitos. Ella no lo sabe, pero vino a mostrarme lo que era sentirse seguro con alguien otra vez. Yo también tenía miedos, me habían sido infiel y yo tenía miedo de volver a sufrir por amor, pero llegó ella con su honestidad, complicidad y constancia, que me hizo sentir seguro. Me dijo que yo también le di seguridad. Algo que no había sentido antes. Si bien, no era cariñoso todo el tiempo, era constante. Aunque debo admitir que no todo es tan fácil como creen. Hubo momentos donde ella se alejaba o trataba de alejarse. Por ejemplo, recuerdo que una vez, como al mes de empezar a salir, la pasamos muy bien y al día siguiente yo tuve un día muy ocupado entre el trabajo y la uni.

Ella es muy susceptible a los cambios en el trato. Se da cuenta de manera fugaz cuando alguien cambia su manera de escribir, repito, escribir. Ella se puso distante, me respondía cada tres o cuatro horas y con oraciones cortas. Yo pensaba que también estaba ocupada, pero luego me dijo que no, que así se protegía. Que ya le había pasado eso. Que todo iba bien, luego hablaban menos, ellos se ponían distantes y ella no sabía qué hacer y también hacía lo mismo. Algo así como espejo. Recuerdo que puse las cartas sobre la mesa y le dije: “Nena, habrá momentos donde no siempre hablaremos, pero eso no significa que me gustes menos o vaya a desaparecer. Sé que en el pasado te han hecho daño, pero tienes que darnos un chance y confiar en mí. En nosotros”. Ella me contó que empezó a desconfiar de los chicos porque cada vez que ella confiaba y dejaba de estar alerta, algo pasaba y vivía aterrada con que la abandone después de la intimidad o en cualquier momento. De hecho, antes de pasar nuestra primera noche juntos, me contó que había tenido una experiencia similar, pero que cuando se quedó con el chico, se puso a llorar luego de la intimidad porque sentía miedo de que luego la bloquee o la bote. Lo cual no fue exactamente así, pero al final el chico no quería nada. Nuestra primera noche juntos fue asombrosa. Obviamente, hubo pasión. No podía dejar de besarla ni de tocarla. Ella no dejaba de mirarme ni de tocar mi cabello. Me despeinaba y decía que me veía súper sexy. Le acariciaba el cabello, la cara, la nariz y le daba besos apasionados. Ella igual. En el meantime, estábamos acurrucados o yo descansando encima de ella. Se sentía tan bien. Estabamos abrazados y tomados de la mano, me besaba toda la cara. Yo le hacía cucharita, ella olía a mí. Se echaba mi perfume y se embarraba con mi sudor. Se quedó a dormir conmigo, pero se fue temprano. Dormimos acurrucados. La tenía cogida de la cintura y ella me cogía la mano. Hubo un momento en el que salí y cuando regresé al cuarto la encontré roncando y yo no sabía ni cómo echarme. Se lo dije al día siguiente y se empezó a reír. Tenía mi cabeza apoyada en la suya. Nuestra respiración estaba sincronizada. Fue algo mágico que atesoraré siempre. Sé que ella igual por el hecho de que fui el primer chico con el que se quedó dormida por completo y su cuerpo sabía que estaba segura conmigo.