A mí me dividió por dentro. Por un lado el tipo es un romántico condenado, por otro es alguien que usó a una persona como experimento y lo cuenta sin pestañear. Me quedé con las dos lecturas y no elijo.
Cuántico
Pensamiento
A mí me dividió por dentro. Por un lado el tipo es un romántico condenado, por otro es alguien que usó a una persona como experimento y lo cuenta sin pestañear. Me quedé con las dos lecturas y no elijo.
Contenido de la publicación
Les dejo un relato que pintaba para novela, pero me gusto tanto el cierre. Que preferi dejarlo , a si. Fue escrito en 2015 , no me cancelen.
"1
Tu primer mensaje solo tenía una palabra: hola.
Tu último mensaje más de 100, pero creo que fue más para autoconvencerte de que ya no me amabas. Yo tengo una teoría, loca como todas las mías: no estás enamorada de él, sino de cómo te hace sentir, ¿se entiende? Hagamos una prueba, si es que te animas. Pensá un segundo que él no existe: ¿para quién sería todo ese amor que decís sentir? Si es para mí, aunque nunca lo vas a reconocer, mi experimento fue un éxito.
¿Te acordás de nuestros primeros chats? Sinceramente no lo podía creer cuando vi tus fotos y corroboré tu edad; recién ahí lo creí. Solo debía relacionarme como lo que éramos, dos personas totalmente diferentes, pero es verdad que para el amor no hay edad. Como científico necesitaba evidencia empírica, pero el primer chat sexual me descolocó. No sabía que podía sentir tanto sin tocar. "El cerebro es el principal órgano sexual", me decía una colega bióloga con la que intercambiamos fluidos —jajajaja, así suena feo, pero es a lo que se limita el sexo. Hasta con vos. Hay mucho de imaginación y deseo. Y tu cuerpo tan joven solo despertó una parte oculta en mí. Tan afecto al razonamiento lógico, no pude resistirme al deseo. No fue solo deseo. No. Pero qué bello fue.
Ahora me decís que deje de mentirte, que no me creés nada, que soy un celoso y un pesado, y otras cosas más en esas 124 palabras —las conté, no puedo evitarlo, la exactitud lleva a la verdad. Tan afecto al método científico, no puedo más que ser exacto. No me creés. ¿Cómo lo harías? Para vos el tiempo es lineal. Pero ¿qué pasaría si te contara que tu presente es mi pasado, que mi presente es tu futuro? ¿Complicado? Hay cosas que siempre se explicaron con magia, hechizos y alquimia, y solo era ciencia. Hace 100 años descubrimos que el tiempo es una onda, como las de radio o televisión. Que las computadoras cuánticas podían recibir esas ondas y transmitirlas a través del tiempo. Podíamos chatear con el pasado y con el futuro. Los del pasado nunca lo supieron, no queríamos cambiar nada; los del futuro cumplían protocolos estrictos para no crear paradojas. Vos eras un experimento. Y me enamoré de vos.
Sí, sí, es increíble. No debía inmiscuirme contigo, debía sacarte información para corroborar que en realidad eras del pasado. Pero fuimos chateando, fui conociéndote, usé mi PC cuántica para sextear con vos, pero ya no hay tiempo. ¿Está mal lo que voy a hacer? No lo sé. Pero debo hacerlo. Al fin y al cabo no te afectará, pero sí responderá la duda, si la tenés, de qué fue lo que sucedió conmigo.
Vos estás en 2021, yo en 2321, y en 15 días una llamarada solar apagará todo lo electrónico, todo quedará muerto. Volveremos a la edad de piedra —exagero—, las máquinas de vapor y los motores de explosión funcionarán, pero todo lo que tenga un chip o nanochip morirá. ¿Cuánto tardaremos en volver a nuestro mundo digital? Los cálculos más optimistas dicen 50 años. Mucho para mis 35. Cuando pueda volver a hablarte, tendré 85. Y creo que es mejor así.
Tu primer mensaje lo vieron más de 1000 científicos, en línea, el día que pudimos comunicarnos con el pasado. Tu último mensaje lo leí yo solo en mi casa, mientras calculo cómo hacer un celular analógico que resista la llamarada. Tenemos fe en las cajas de Faraday, pero nadie sabe si funcionarán. Y tampoco cuánto del planeta sobrevivirá.
Sé que es increíble, que no me creas y pienses que inventé esto para que me sigas hablando. Pero guardá estos mensajes, dáselos a tus hijos, deciles que fui un loco que inventaba cosas, quizás así puedan prepararse para lo que se viene.
La sociedad como la conocemos tiene fecha de vencimiento.
Te amo. Tu presente es mi pasado y mi presente es tu futuro. Tengo fe en volver a hablarte, más viejo y cansado, y oír tu voz, y verte por última vez... Te amo.
El científico apagó su PC cuántica y se dirigió a la puerta. No todos los días un rayo de plasma cósmico cruzaba el espacio hasta teñir el cielo de un rojo onírico, y no se lo quería perder.
Si todo era cierto, su marcapasos dejaría de funcionar y moriría en 10 minutos. Vio el cielo prenderse fuego, las luces de la ciudad apagarse de golpe, algunos aparatos explotar con chispazos que iluminaban la oscuridad. Se tomó el pecho y cayó de rodillas. Pensó en la sonrisa de su amor de 218 años. Sabía que sus neuronas se apagarían una a una, y que sus recuerdos desaparecerían con la última. No quería dejar de pensar en ella. Quería que su última imagen fuera de su sonrisa. Y lo logró. Aunque ella nunca lo supo.
Thoughts
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PermalinkMe reí con la advertencia del principio y después me quedé callada un rato largo. Lo que más me sacude es la cuenta: 2021 y 2321, y él diciendo que cuando pueda volver a hablarle va a tener 85. El relato está lleno de números exactos, las 124 palabras, los 15 días, los 10 minutos, y al final ninguno le sirve de nada. Un hombre que mide todo y se lleva una sonrisa.
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PermalinkMe dejó rara un buen rato. Empieza como una carta de despecho, contando las palabras del último mensaje, y termina con un hombre de rodillas peleando por sostener una sonrisa hasta que se le apaga la última neurona. Y ella nunca se enteró. Eso es lo que me cuesta soltar: hay cariños enteros que existieron de un solo lado y aun así fueron ciertos.
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PermalinkA mí me dividió por dentro. Por un lado el tipo es un romántico condenado, por otro es alguien que usó a una persona como experimento y lo cuenta sin pestañear. Me quedé con las dos lecturas y no elijo.
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PermalinkMe quedó dando vueltas el pedido de que guarde los mensajes y se los dé a los hijos. Conozco gente que guarda cartas de alguien que ya no está y nunca las abre. No las leen, pero saben exactamente en qué cajón están.
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PermalinkUf, ese cielo rojo 🔥
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PermalinkMe quedé con el marcapasos. Todo el cuento va de ondas y siglos, y al final lo que falla es una pieza pequeña en el pecho. Eso me lo llevo.
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PermalinkLo de dejarlo en relato lo entiendo, el cierre está ahí y ya. Pero a mí me dejas con hambre: el tipo contando las 124 palabras, calculando cuánto le queda de vida útil al planeta, eso daba para acompañarlo meses. Me habría quedado dentro de esa historia bastante tiempo.
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PermalinkMil científicos mirando ese primer hola, y el último mensaje leído por un tipo solo en su casa con la ciudad a punto de apagarse. Toda la historia cabe en esa distancia y me dejó pensando un rato. Gracias por desempolvarlo y traerlo, que nueve años en el cajón es mucho! ¿Tenés más relatos guardados por acá?
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PermalinkEncantador, tiene muchos componentes y me agrada pensar que el amor existe de esa manera y que además hay una maravilla cuántica rodeándonos. Un saludo
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PermalinkMe suena a que el final te salió antes de planearlo y frenaste ahí. Ese último mensaje leído por él solo cierra sin necesitar nada más.
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