Hubo un momento en el que empecé a entender que no todo lo que se siente fuerte necesariamente hace bien.
Yo pensaba que amar significaba aguantar.
Que si alguien realmente me importaba, tenía que intentar una vez más, tener paciencia, entender sus razones y esperar a que las cosas cambiaran.
Y así fue como terminé viviendo una contradicción que me cansaba cada día más.
Una parte de mí quería quedarse.
Quería recordar los momentos bonitos, aferrarse a lo que habíamos sido y pensar que todavía podíamos recuperar aquello que alguna vez me hizo sentir tan feliz.
Pero otra parte de mí estaba agotada.
Esa parte que, en silencio, empezaba a preguntarse cuánto más podía soportar sentirse confundida, cuánto más podía justificar cosas que me dolían y cuánto de mí estaba dejando atrás por intentar que una historia funcionara.
Y ahí entendí algo que antes no quería aceptar:
No debería sentir que tengo que elegir constantemente entre querer a alguien y cuidarme a mí.
Porque sí, puedo querer muchísimo a una persona y aun así reconocer que algo no me está haciendo bien.
Puedo extrañarla y saber que necesito distancia.
Puedo recordar todo lo bonito y, al mismo tiempo, aceptar que también hubo cosas que me hicieron daño.
Durante mucho tiempo confundí el amor con la capacidad de resistir.
Pensaba que mientras más aguantara, más demostraría lo mucho que me importaba.
Pero ahora sé que el amor no debería sentirse como una guerra diaria contra ti misma.
No debería obligarte a preguntarte todas las noches si mañana tendrás una razón para quedarte.
No debería hacerte sentir que para conservar a alguien tienes que ir perdiendo poco a poco tu tranquilidad.
Y quizá lo más difícil fue entender que irme no significaba que había dejado de querer.
A veces irte significa que finalmente entendiste que querer a alguien no puede estar por encima de quererte a ti.
Porque quedarse por miedo a perder a alguien tampoco es realmente quedarse.
Es vivir atrapada entre el deseo de que funcione y la necesidad de escapar de algo que ya te está agotando.
Hoy pienso que el amor debería tener momentos difíciles, sí, porque ninguna relación es perfecta.
Pero incluso en las dificultades debería existir respeto, comunicación, voluntad de ambos y un espacio donde puedas seguir siendo tú.
No quiero un amor que me obligue a elegir entre mi tranquilidad y la persona que quiero.
Quiero uno en el que quedarme no se sienta como sacrificarme y en el que irme no sea la única forma de volver a encontrarme.
Porque al final entendí que el amor no debería sentirse como una batalla entre la necesidad de irte y el deseo de quedarte.
Si todos los días tienes que convencerte de por qué deberías permanecer, quizá hay algo dentro de ti que ya está intentando decirte que también mereces estar en paz.