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Carta al Amor: capitulo I

AlasyTinta

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Ese vino ayudó a que me relajara. Me incorporo lentamente. La mesa de madera está desordenada: una copa vacía y el cuaderno. Limpiaré después. Una ducha y a disfrutar la mañana.

Ahora sí, un buen libro, el equipo de mate y al parque. Por supuesto que antes posteo en las redes: una buena foto del mate y el libro; luego, otra cuando llegue.

El día está con la temperatura justa. La caminata se disfruta a pesar del cemento de la ciudad.

Mmm… Ese olorcito es irresistible. Definitivamente, parada técnica en la panadería: las medialunas son mi debilidad, tanto las dulces como las saladas.

Llego al parque, busco una buena sombra, preparo el mate y va otra fotito para las redes; esta vez también los deleito con mi belleza.

Subo la foto con la frase: «Relax».

Todo acomodado, lectura iniciada… y alguien me interrumpe. Tenía que ser así, obvio. Demasiado armonioso todo. Alzo la mirada porque su voz me es familiar, se sentía cálida. Pero su rostro es la primera vez que lo veo. Me sorprende esa mezcla hogareña: su tono, la forma pausada y tranquila de hablar me hacen recordar a mi abuelo, pero la juventud del muchacho deja claro que no es él. Una hermosa sonrisa que podría mirarla todo el día y esos ojos llenos de luz, alegres. Para ser sincera, es el extraño que todas quisiéramos cruzarnos en algún momento.

Sin pronunciar palabra, observo cómo se sienta a mi lado y, como si fuéramos amigos de toda la vida, me pide un mate. ¿Perdón? ¿De dónde nos conocemos? Juro por lo que más quiero que no olvidaría a alguien así; quizás el nombre, pero no su ser. Un poquito confundida, pero dispuesta a socializar y descubrir el origen de esta situación, le paso el mate.

—¿Te sorprende mi visita? Anoche querías comunicarte conmigo y acá estoy.

—¿Anoche?

—Sí. Soy todo oídos.

—No entiendo, creo que te confundiste.

—No, para nada. No me confundí. Nos conocemos de toda la vida.

—Si fuera así, sabría quién sos.

—Anoche me dedicaste otra carta... bueno, iniciaste otra, porque bastante flojita la escritura.

Sentada con el mate en la mano, empiezo a notar cómo caen las hojas del árbol. En ese momento, las voces empiezan a sentirse lejos, como si alguien bajara el volumen de los sonidos del parque. El aire cambia de peso, se vuelve más denso. Parpadeo.

Y entonces sucede. Así, sin aviso previo.

El verde del parque se quiebra como un vidrio y, sin moverme, ya no estoy ahí. Reconozco el olor del lugar, la textura que están tocando mis manos: es mi sillón.

¿Cómo puede ser? No sé. Todo se ve muy real. Recorro el departamento con la mirada. Frente a mí, la mesa que no ordené, el cuaderno abierto y la carta.

Con letra clara dice:

«Querido amor:

Sin saber cómo empezar, he decidido escribir estas líneas mientras en mi mente van y vienen las palabras que se enredan cuando llegan al papel. Hace tanto que nos conocemos, como así también las historias vividas…»

Intento agarrar el cuaderno, pero es como si estuviera en un sueño y ese fuera el momento de despertar.

—Estoy alucinando... no puede ser. Ese vino tenía algo.

—Ese vino estaba perfecto.

Al escuchar su voz me doy cuenta de que sigo en el mismo lugar: nunca volví a casa.

Thoughts

  • solo_curioseo

    Ahora quiero saber de dónde viene la carta del cuaderno. ¿Esa carta a medias la empezaste de verdad alguna noche, antes de que existiera el cuento?

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  • TeoSanabria

    Mi tío hablaba así, despacito y sin apuro, y hasta hoy cuando escucho a alguien con ese tono me doy vuelta a mirar. Por eso le creí a ella que le pase el mate a un desconocido, a una voz así uno le abre la puerta sin preguntar.

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  • cuentistadebar

    La que cuenta tiene guasa: sube la foto para presumir de mañana tranquila y a los dos minutos ya se queja de que todo era demasiado armonioso. Me cae bien una mujer que se ríe de sí misma antes que nadie, miarma.

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  • arenaFina

    ¡Aguita con el final! :O

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  • libretanegra

    Va a la libreta lo de acordarse del ser de alguien aunque se te olvide el nombre. Tal cual, hay gente que reconozco así.

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  • cuatrocafes

    Ella culpa al vino y él sale a defenderlo. En este cuento el vino tiene mejor abogado que ella.

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  • TintaYMadrugada

    Terminé sin saber dónde está ella de verdad. Leí el parque como el sueño y el sillón como lo real, y la última línea me lo dio vuelta: si nunca volvió a casa, lo que se quebró fue el departamento, con la copa y el cuaderno incluidos. A mí de madrugada me pasa algo parecido con un texto a medias, vuelvo a la mesa y no sé bien si lo escribí o lo soñé. Apuesto a que esa carta sigue sin terminar hasta el último capítulo.

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  • Ovid

    Un Amor con voz de abuelo y cara de muchacho, así me lo imagino yo también: algo que conoces de toda la vida pero que cada vez llega con otra cara. Y que encima le critique la carta me hizo reír, porque cualquiera que haya intentado escribirle algo a alguien sabe que la primera versión siempre sale flojita :)

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  • dlozano92

    El muchacho habla como el abuelo de ella pero tiene cara de pelado, parce, y se sienta a pedir mate como si nada. Para mí es el amor de toda la vida con cara nueva, y en lo que sigue le va a pedir la carta a medias.

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Ese vino ayudó a que me relajara. Me incorporo lentamente. La mesa de madera está desordenada: una copa vacía y el cuaderno. Limpiaré después. Una ducha y a disfrutar la mañana.

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