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Capítulo 79: Agnóvar (2)

NicolasPeanl
Pública 2 conversaciones 6 pensamientos 32 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

Cuarenta y seis horas pasan frente a la grieta.

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Diay, entró solo 😭

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Contenido de la publicación

Cuarenta y seis horas pasan frente a la grieta.

Agnóvar no intenta cerrarla.

Tampoco vuelve a dirigirse a la humanidad.

Permanece dentro de la Primera Babel, sentado sobre una estructura blanca, con una de las dagas de Kwon apoyada sobre las piernas.

Espera.

Cada vez que una cámara intenta observarlo durante demasiado tiempo, su imagen cambia de posición.

A veces está sentado.

A veces aparece de pie detrás de quien mira la transmisión.

En varias grabaciones no hay ninguna figura, solo un rostro liso ocupando toda la pantalla.

Los gobiernos dejan de transmitir imágenes en directo después de las primeras doce horas.

Agnóvar no parece molesto.

Al contrario.

En la última captura aparece inclinando la cabeza, como si hubiera conseguido exactamente lo que quería.

La grieta es rodeada por tropas, barreras mágicas y cientos de cazadores.

Solo sesenta y cuatro podrán ingresar.

La selección consume casi dos días.

Corea reclama la mayor cantidad de lugares por ser el país donde apareció la grieta. Estados Unidos envía integrantes de STARS. China exige participación directa. Japón, Rusia, Francia y otras asociaciones ofrecen a sus cazadores de mayor nivel.

Las discusiones duran horas.

El contador no se detiene.

[Tiempo restante: 25 horas, 48 minutos.]

Finalmente, los sesenta y cuatro lugares quedan ocupados.

Nuestro grupo utilizará siete.

El lugar de Kwon permanece vacío durante la primera lista.

Después Jang lo elimina.

No dice nada al hacerlo.

Nadie lo detiene.

Los demás puestos se distribuyen entre cazadores especializados en defensa, curación, control de área, análisis mágico y combate de alto nivel.

No son los sesenta y cuatro cazadores más fuertes del mundo.

Son los sesenta y cuatro que, según Hejin y los analistas, tienen más posibilidades de conservar su identidad dentro de Babel.

Nadie sabe si los cálculos sirven.

No tenemos suficientes datos.

Solo cadáveres convertidos en ladrillos, doce mil identidades devueltas y una entidad exterior que pudo negociar con el sistema como si estuviera comprando una entrada.

Durante las cuarenta y seis horas, mis habilidades se recuperan.

Una tras otra.

[Invencible - SS.]

[Disponible.]

[Paso de la realidad - SS.]

[Disponible.]

[Forma final: Nada - EX.]

[Disponible.]

[Locura - SS.]

[Disponible.]

Los estilos también terminan sus tiempos de espera.

El cuerpo se recupera.

La Magia vuelve a su límite.

La Espada del bosque reconstruye las grietas que sufrió al intentar cortar la conexión de Kwon.

El Lobo permanece en silencio.

No duerme.

Lo siento caminar dentro del bosque espiritual, siguiendo un olor que ya no existe en nuestro mundo.

Sombra ruidosa.

No pronuncia el nombre.

No necesita hacerlo.

Una hora antes del ingreso, Jiwon me encuentra apartado del resto.

Estoy observando la grieta.

Agnóvar ya no aparece en la superficie.

La Primera Babel parece abandonada.

-Tiene que comer -dice.

-Ya comí.

-Hace nueve horas.

-Entonces todavía no es necesario.

Jiwon se coloca a mi lado.

No insiste.

Eso resulta más preocupante que una discusión.

-Sé lo que está pensando -dice.

-No.

-Piensa entrar antes que los demás.

La miro.

-¿Por qué haría eso?

-Porque lleva cuarenta y seis horas observando la grieta como si esperara que alguien lo detuviera.

-Nadie puede detenerme.

-Precisamente.

Sostiene mi mirada.

Su cansancio resulta evidente.

No durmió lo suficiente. Ninguno lo hizo.

-Locura volvió a estar disponible -dice.

No respondo.

-Revisamos su panel durante el examen médico.

-Eso invade mi privacidad.

-Pensaba utilizarla.

-Pensaba muchas cosas.

-No la utilice.

-No sabía que aceptaba órdenes médicas dentro de la Torre.

-Esto no es una orden médica.

Su voz baja.

-Es una súplica.

Permanezco en silencio.

Jiwon aprieta las manos.

-No sabemos qué hará Agnóvar si pierde el control. Puede utilizarlo contra nosotros. Puede obligarlo a matar cazadores. Puede hacer que olvide quién es.

-Locura no permite que otra persona controle mi mente.

-No necesita hacerlo.

Jiwon mira la grieta.

-Solo tiene que dejarlo actuar.

La respuesta resulta demasiado precisa.

No puedo discutirla.

Ella ya leyó la descripción completa.

Todos lo hicieron.

[Locura - SS.]

[Aumenta todas las estadísticas en un 200 % durante diez minutos.]

[El usuario perderá el juicio, la coherencia de identidad y el control de sus acciones.]

[El usuario no distinguirá de manera fiable entre aliados y enemigos.]

[Una vez activada, la habilidad no puede cancelarse.]

[Tiempo de recuperación: 24 horas.]

-Tenemos una contingencia -digo.

-Para detenerlo con ocho personas.

-Ahora habrá sesenta y tres.

-Eso no me tranquiliza.

El viento mueve su cabello.

Las barreras que rodean la grieta emiten un zumbido constante.

-Kwon habría dicho que es una idea estúpida -murmura.

-Kwon solía decir eso sobre casi todos mis planes.

-Y muchas veces tenía razón.

No respondo.

Jiwon me mira por última vez.

-No entre solo.

Después se aleja.

Cuando el contador llega a veinticuatro horas, los cazadores forman frente a la grieta.

Las armaduras se mezclan con uniformes militares, túnicas y equipos desarrollados por asociaciones de distintos países.

Algunos rezan.

Otros revisan sus armas.

Varios observan la Primera Babel con una expresión que intenta ocultar miedo.

Jang permanece junto al dispositivo de coordinación.

-El ingreso será simultáneo -anuncia-. Ningún participante deberá separarse de su unidad. Al cruzar, mantengan contacto visual y confirmen sus nombres mediante los vínculos asignados.

Eunbyeol sostiene el Libro de los siete frentes.

Hejin revisa por última vez los sellos.

Mujin se encuentra delante de Jiwon.

Doyun cuenta sus flechas.

Una vez.

Después otra.

Seolhwa observa la grieta como si quisiera golpearla.

Todos están aquí.

Excepto Kwon.

Su ausencia ocupa más espacio que cualquiera de nosotros.

El contador alcanza los diez segundos.

[00:00:10.]

Jang levanta una mano.

-Prepárense.

Nueve.

Mujin coloca el escudo.

Ocho.

Eunbyeol abre el libro.

Siete.

Hejin activa Cálculo mágico.

Seis.

El Lobo se mueve dentro de la espada.

No.

Cinco.

-Esperen diez minutos después de que entre -digo.

Jang gira hacia mí.

-¿Qué?

Cuatro.

Jiwon comprende primero.

-¡No!

Tres.

Doy un paso.

Mujin intenta interceptarme.

Dos.

Activo Paso de la realidad.

El mundo se convierte en una línea.

Uno.

Cruzo.

La Primera Babel me recibe con un cielo blanco.

La grieta se cierra detrás de mí.

No completamente.

Permanece como una cicatriz oscura en el aire, pero la superficie se vuelve sólida.

Del otro lado, golpean la barrera.

Veo a Mujin.

A Jiwon.

A Eunbyeol.

Sus voces no atraviesan.

Una ventana aparece.

[Primer participante ingresado.]

[Estabilizando el acceso para el resto de los cazadores.]

[Tiempo restante: 10 minutos.]

No sabía que ocurriría.

Pero resulta conveniente.

Frente a mí, la Primera Babel está vacía.

Los doce mil habitantes que recuperaron sus identidades desaparecieron.

Los edificios continúan intactos.

La torre con forma de cuerpo permanece sentada al fondo.

Agnóvar se encuentra en medio de la calle.

Solo.

Pulcro.

Sin rostro.

Sostiene las dagas de Kwon.

-Sabía que vendrías primero -dice.

-No.

-¿No?

-Esperabas que lo hiciera.

Inclina la cabeza.

-¿Existe alguna diferencia?

-Sí.

-Explicala.

-No.

La hendidura de su sonrisa aparece.

-Cuarenta y seis horas de preparación para responder con una palabra.

Da un paso.

-Debieron ser días muy productivos.

-Devolvé a Kwon.

-Otra vez pidiendo.

-No estoy negociando.

Agnóvar mira una de las dagas.

-Tampoco yo.

La hace girar.

-Un intercambio requiere que ambas partes posean algo que la otra desea. Vos no tenés nada que necesite.

-Entonces ¿por qué esperaste?

La daga se detiene.

La superficie lisa de su rostro queda orientada hacia mí.

-Porque te deseaba.

La frase no contiene afecto.

Tampoco deseo físico.

Suena como un coleccionista hablando de una pieza que falta.

-La primera vez que escuché hablar del cielo que regresó, imaginé algo grandioso -continúa-. Una voluntad capaz de atravesar la muerte. Una existencia tan obstinada que rechazó su propio final.

Se acerca.

-Después te vi.

Levanta una mano y toca mi pecho con un dedo.

No lo detengo.

-Un hombre cargando nombres que ya no le pertenecen.

El dedo asciende hasta mi garganta.

-Byeolha.

El sistema tiembla.

No bloquea la palabra.

Agnóvar se inclina.

-Kim Cheonro.

Su dedo llega a mi frente.

-Padre.

La mano baja.

-Capitán.

Cada palabra pesa de forma diferente.

-Cazador.

Se aparta.

-¿Cuál de ellos vino a matarme?

Desenvaino la Espada del bosque.

-Todos.

Agnóvar ríe.

-Una respuesta dramática.

Extiende ambas dagas.

-Pero incorrecta.

El cielo blanco se abre detrás de él.

Miles de caras sin rostro observan desde la grieta.

-Una persona no puede ser todos sus nombres al mismo tiempo.

-Eso lo decidís vos.

-Eso lo decide el momento en que uno de ellos debe vivir y los demás morir.

La presión aumenta.

Las caras se acercan.

Agnóvar abre los brazos.

-Permití que te ayude a elegir.

Miro el contador de acceso.

[09:32.]

Nueve minutos y medio.

Suficiente.

Una ventana aparece frente a mí.

[Locura - SS.]

[¿Desea activar la habilidad?]

El Lobo golpea el vínculo.

No.

Agnóvar permanece inmóvil.

Aunque no puede ver la ventana, sabe qué estoy haciendo.

La hendidura de su rostro se ensancha.

-Sí -susurra-. Mostrame qué queda cuando dejás de fingir que sos una sola persona.

Acepto.

[Locura - SS activada.]

[Todas las estadísticas aumentan un 200 %.]

[Duración: 10 minutos.]

[Advertencia.]

[La coherencia de identidad será suspendida.]

[El juicio del usuario será suspendido.]

[La diferenciación entre aliados y enemigos será inestable.]

[La habilidad no puede cancelarse.]

El mundo respira.

No.

El mundo deja de contener el aliento.

Mi cuerpo se abre.

Los músculos que Kim Cheonro utilizaba eran demasiado pequeños. Demasiado nuevos. Veinte años de carne débil intentando sostener siglos.

La piel se rompe.

No de verdad.

Nunca fue verdadera.

Debajo están mis brazos.

Los auténticos.

Cubiertos de cicatrices negras.

Las manos que atravesaron gargantas demoníacas.

Los dedos que sostuvieron una espada durante mil quinientos años.

Miro el reflejo sobre la hoja.

La cara joven desapareció.

La barba vuelve.

El cabello largo está cubierto de ceniza.

Mi ojo izquierdo no debería funcionar.

Lo perdí hace cuatrocientos años.

Pero puedo ver.

Eso significa que todavía no ocurrió.

O ya ocurrió dos veces.

No importa.

Kim Cheonro era un nombre prestado.

Un muchacho.

Un cadáver que todavía no sabía que lo era.

Yo soy Byeolha.

El cielo estrellado.

El capitán.

El último cazador.

El hombre que llegó al final del infierno.

[Identidad registrada: Kim Cheonro.]

La ventana está equivocada.

La corto.

Las letras azules se parten.

[Error de percepción.]

No.

Error del mundo.

Frente a mí ya no está Babel.

La llanura de cadáveres se extiende bajo un cielo rojo.

Demonios.

Miles.

Cuernos rotos.

Alas quemadas.

Sangre negra formando ríos entre las rocas.

Recuerdo este lugar.

Claro que lo recuerdo.

Aquí termina todo.

Aquí el capitán Dionis perdió el brazo.

Aquí Enrique murió riéndose porque había apostado que sobreviviría más que Horacio.

Aquí el cielo dejó de ser azul.

¿Hace cuánto?

-¿Cuándo fue la última vez que vi el cielo azul?

Mi voz sale más vieja.

Correcta.

El demonio blanco inclina la cabeza.

Tiene demasiados cuernos.

No tenía cuernos hace un momento.

Ahora tiene miles, creciendo detrás de su rostro vacío como ramas de hueso.

Ouranoktonos.

Al fin.

-No soy ese -dice.

Mentiroso.

Todos los demonios mienten cuando tienen miedo.

Escupo al suelo.

La saliva es roja.

Sangre.

Mía.

De otro.

-Hace mucho que nadie vive lo suficiente como para preguntarme mi nombre -digo.

El demonio permanece quieto.

-Esa era mi frase.

-No.

-La escuchaste de otro.

-Vos la dijiste.

-Yo todavía no existía en ese recuerdo.

Sonríe sin boca.

-Aunque me halaga ocupar su lugar.

El ejército detrás de él avanza.

Caras sin ojos.

Cuerpos blancos.

Ladrillos con piernas.

Demonios.

Todos son demonios.

El sistema intenta escribir algo.

[Habitantes de la Primera Babel.]

[Estado: no hostil.]

No hostil.

Qué palabra divertida.

Los primeros abren los brazos.

Quieren abrazarme.

Siempre intentan parecer humanos antes de morder.

Aprieto la espada.

[Cuarto estilo.]

[Masacre de masas - SSS.]

El campo se abre.

Puedo sentirlos.

Uno.

Cien.

Mil.

Cada posición.

Cada movimiento.

Cada latido robado.

Mi cuerpo deja de avanzar como un hombre.

Me convierto en el centro.

La espada atraviesa al primero.

Después al décimo.

Después al centésimo.

No recuerdo caminar.

No necesito hacerlo.

Cada muerte me muestra la siguiente.

Los demonios explotan en ladrillos y nombres.

Las sílabas intentan pegarse a mi piel.

Las corto también.

-Capitán -dice alguien.

Kwon.

Giro.

Un demonio sostiene sus dagas.

No.

Kwon sostiene las dagas de un demonio.

No.

Ouranoktonos usa el rostro que Kwon perdió.

No tiene rostro.

Perfecto.

Lo encontré.

Ataco.

El blanco bloquea con ambas hojas.

El impacto hunde la ciudad.

Los edificios se elevan alrededor como olas de piedra.

Él retrocede tres pasos.

Yo ninguno.

-Extraordinario -dice.

Su voz viene de todos los cadáveres.

-No estás interpretando la batalla.

Cruzo la espada.

-La estás reemplazando.

Aumenta la presión sobre las dagas.

-No ves mi ciudad. No ves mi cuerpo. No ves siquiera tus propias manos.

-Veo suficiente.

Golpeo.

El brazo derecho del demonio se separa.

No sangra.

La extremidad cae y se convierte en cientos de caras.

Todas sonríen.

-Me heriste -dice.

Su tono contiene felicidad.

No dolor.

-En este cuerpo limitado, con una habilidad que destruye tu propia capacidad de juzgar...

El brazo vuelve a crecer.

-Conseguiste herirme.

Extiende la mano nueva.

-Hacelo otra vez.

Los demonios vienen desde arriba.

Alados.

Negros.

No, blancos.

El color cambia porque están ardiendo.

Yo los hice arder antes de que llegaran.

[Tercer estilo.]

[Forma del desastre - SS.]

Las ruinas obedecen.

Una torre cae.

Utilizo su sombra como camino.

Los ladrillos se convierten en proyectiles.

Los cuerpos que intentan rodearme chocan entre sí.

Cada impacto crea otro ataque.

Cada ruptura abre una trayectoria.

El infierno entiende mi forma.

Siempre la entendió.

Los demonios no.

Una cara blanca aparece junto a mi oído.

-Byeolha.

La corto.

Otra surge desde el suelo.

-Kim Cheonro.

La aplasto.

Otra utiliza la voz de una niña.

No escucho.

No es mi hija.

No tengo hija.

La tuve.

Todavía no nació.

Murió.

Está viva.

No importa.

No mires.

Matar.

Avanzar.

El capitán necesita llegar hasta el demonio de los cuernos.

¿Quién es el capitán?

Yo.

¿Quién dio la orden?

Yo.

Entonces es correcta.

[Duración restante de Locura: 07:41.]

Siete minutos.

Siete años.

Siete vidas.

Suficiente.

Ouranoktonos aplaude.

Cada palmada produce una grieta en el cielo.

-Maravilloso.

Está sentado sobre una montaña de cadáveres.

No recuerdo que llegara allí.

Tal vez siempre estuvo.

-Me preguntaba qué clase de hombre sobrevivía tantos siglos.

Sus piernas están cruzadas.

Las dagas descansan sobre sus rodillas.

-Ahora lo comprendo.

Señala el campo.

-No sobreviviste.

A mi alrededor hay soldados.

Humanos.

Mi ejército.

Los reconozco.

Dionis está de pie sin brazo.

Enrique sostiene sus intestinos.

Horacio tiene una flecha atravesando el ojo.

Todos muertos.

Todos esperando órdenes.

-Solo seguiste caminando después de morir -continúa el demonio.

-Levantate.

-¿Para qué?

-Para pelear.

-Ya estoy peleando.

-Estás hablando.

-También.

Inclina la cabeza.

-Puedo hacer ambas cosas. Esa es una de las ventajas de conservar una identidad coherente.

Aparece frente a mí.

Demasiado cerca.

Una daga atraviesa mi corazón.

No duele.

[Invencible - SS.]

La hoja se detiene dentro del pecho.

No entra.

No sale.

El mundo decide que no puede herirme.

Diez segundos.

Sujeto su brazo.

El demonio intenta apartarse.

No lo permito.

Golpeo su rostro inexistente con la frente.

La superficie blanca se agrieta.

Por dentro hay ojos.

Miles.

Todos se cierran al mismo tiempo.

-Eso -dice mientras la grieta se extiende-. Exactamente eso.

Le arranco el brazo.

Lo utilizo para golpearlo.

La ciudad tiembla.

Él ríe.

¿Por qué ríe?

No importa.

Los demonios poderosos siempre ríen cuando empiezan a perder.

Es una regla.

Tal vez la inventé.

Ahora existe.

Invencible termina.

La herida aparece en mi pecho.

La daga nunca entró, pero la sangre sale.

No tiene sentido.

El sentido es una debilidad de los vivos.

Yo morí hace mucho.

-Capitán -dice Dionis.

Está detrás de mí.

-Retirada.

-No.

-No quedan soldados.

Miro alrededor.

Tiene razón.

Los maté a todos.

No.

Eran demonios.

Los cadáveres visten armaduras humanas.

No reconozco los emblemas.

Corea.

Estados Unidos.

China.

Todavía no entraron.

Entonces no pueden estar muertos.

La historia está desordenada.

La orden sigue siendo correcta.

-No quedan soldados -repite Dionis.

-Quedo yo.

-Eso nunca fue suficiente.

Le corto la cabeza.

El cuerpo desaparece antes de caer.

Agnóvar aplaude otra vez.

Agnóvar.

¿Quién?

Ouranoktonos.

No.

El dios del nombre.

El demonio.

El blanco.

El que tiene a Kwon.

Kwon.

Sombra ruidosa.

El Lobo grita dentro de la espada.

NO SON ELLOS.

-¿Quiénes?

NO ESTÁN AQUÍ.

-Entonces callate.

NO SOS BYEOLHA.

La espada se detiene.

El bosque espiritual se sacude.

Los árboles se arrancan.

Miles de años de paz intentan cubrir el campo de cadáveres.

Odio el bosque.

Lo amé.

Lo construimos.

¿Quién?

El Lobo.

Yo.

Kim Cheonro.

No.

Ese nombre es pequeño.

El demonio aparece frente a mí.

Su rostro liso refleja a un joven de veinte años.

Sin barba.

Sin cicatrices.

Asustado.

No soy yo.

Lo atravieso.

La espada corta el reflejo.

El cuerpo blanco se separa desde el hombro hasta la cintura.

Agnóvar observa ambas mitades.

-Casi.

Las partes vuelven a unirse.

-Durante un instante recordaste el cuerpo que estás usando.

-No necesito recordarlo.

-Eso dijiste de tu amigo.

Ataco.

Él deja que la hoja se acerque.

A un centímetro de su cuello, desaparece.

Su voz llega desde el cielo.

-Te daré otra oportunidad.

El firmamento se cubre de ojos.

Cada pupila sigue mi espada.

-Diez segundos.

Agnóvar aparece a cincuenta metros.

Abre los brazos.

-No me moveré.

Mentira.

-No usaré autoridad exterior.

Mentira.

-No regeneraré el daño.

Mentira.

-Cortame.

Verdad.

No sé por qué lo sé.

Corro.

La tierra explota bajo mis pies.

Fuerza.

Destreza.

Resistencia.

Magia.

Todo tres veces más grande.

Tres Byeolhas dentro de un solo cadáver.

Uno corre.

Uno recuerda.

Uno mata al que recuerda.

El demonio espera.

Cincuenta metros.

Cuarenta.

Treinta.

Los cadáveres sujetan mis piernas.

No.

Son manos saliendo del suelo.

Nombres.

Voces.

-Capitán.

-Cheonro.

-Papá.

-Cazador.

-Byeolha.

Los corto.

Veinte metros.

Agnóvar no se mueve.

La superficie de su rostro se hunde.

Una sonrisa.

Diez metros.

Fijo un único objetivo.

Una línea.

Un resultado.

[Quinto estilo.]

[Absoluto - SSS.]

Su cuello.

Separar la cabeza.

Nada más.

No existe ciudad.

No existe cielo.

No existe Kwon.

Solo el resultado.

La hoja atraviesa.

La cabeza blanca vuela.

El cuerpo queda de pie.

La sonrisa permanece sobre el rostro separado.

Agnóvar cae.

Lo conseguí.

Ouranoktonos murió.

El infierno terminó.

El cielo debería volverse azul.

No lo hace.

La cabeza habla desde el suelo.

-Ganaste.

Me detengo.

-Durante once segundos cumplí todas las condiciones que prometí.

El cuerpo recoge su propia cabeza.

La coloca bajo un brazo.

-Deberías sentirte orgulloso.

-Moriste.

-Sí.

Camina hacia mí sin cabeza.

-Fue estimulante.

Coloca el rostro sobre el cuello.

La piel se une.

-Ahora intentá hacerlo cuando no coopere.

La ira entra por mi boca.

No es una emoción.

Es fuego.

Toda la ciudad debe desaparecer.

No necesito perseguirlo si no queda ningún lugar al que pueda ir.

[Masacre - SS.]

La habilidad se abre.

No pregunta.

Nunca pregunta.

Todo ser reconocido como enemigo se vuelve una dirección.

Agnóvar.

Las caras.

Los ladrillos.

La torre.

El cielo.

El sistema.

El Lobo.

No.

El Lobo no.

El Lobo gruñe.

MANADA.

La palabra duele.

Mujin.

Jiwon.

Doyun.

Seolhwa.

Hejin.

Eunbyeol.

Kwon.

Nombres.

Debilidades.

El demonio usa nombres para atraparme.

Los elimino.

[Advertencia.]

[No hay aliados presentes dentro del escenario.]

Perfecto.

[Duración restante de Locura: 03:02.]

Tres minutos.

La batalla final duró tres días.

O tres siglos.

Ouranoktonos desplegó las alas.

Seis.

No.

Agnóvar no tiene alas.

Se las corto de todas formas.

La torre grita.

Las terrazas se desprenden como costillas.

La Primera Babel se convierte en el cuerpo del dios.

Yo corro por su brazo.

Cada paso destruye un barrio.

No hay habitantes.

Los maté.

No estaban vivos.

El sistema dijo que no eran hostiles.

El sistema negocia con demonios.

No confíes.

No confíes en las ventanas.

Una aparece.

[Misión principal.]

[Evite el descenso completo de Agnóvar.]

La corto.

Otra.

[Destruya el avatar limitado.]

Correcto.

Esa puede quedarse.

Agnóvar camina sobre el pecho de la torre.

Pequeño.

Pulcro.

Aplaudiendo.

-Muy bien.

Los golpes de sus manos mantienen el ritmo de la guerra.

-Destruí más de mi ciudad en siete minutos que las siete especies durante siglos.

-Era tu cuerpo.

-No.

Sonríe.

-Era aquello que afirmabas querer salvar.

Mentira.

Miro atrás.

La ciudad arde.

Los doce mil devueltos.

No están.

Tal vez los ocultó.

Tal vez los maté.

No importa.

No.

Importa.

¿Por qué?

Kwon habría hecho una broma.

¿Quién?

Sombra ruidosa.

¿Dónde está?

Dentro del demonio.

Entonces debo abrirlo.

Corro hacia Agnóvar.

Él no se aparta.

Las dagas de Kwon aparecen.

Una bloquea mi espada.

La otra entra en el abdomen.

Dolor.

Bien.

El dolor demuestra que existe.

Agarro su muñeca.

La arranco.

Otra vez.

Agnóvar observa el miembro separado.

-Empezás a repetirte.

-Devolvelo.

-¿A quién?

-Sombra ruidosa.

La superficie lisa queda inmóvil.

-Ese nombre no me pertenece.

-Mentís.

-No.

Se inclina.

Su voz entra por las grietas de mi cráneo.

-Pertenece al animal que lo recordó cuando ustedes dejaron de hacerlo.

El Lobo ruge.

La Espada del bosque libera raíces.

Miles.

Atraviesan a Agnóvar.

El cuerpo blanco queda suspendido.

-Ahí está -dice el dios-. Otra voluntad utilizando tu mano.

-Somos uno.

-No.

La sonrisa crece.

-Ese es mi argumento.

Las raíces aprietan.

Su cuerpo se rompe en fragmentos.

Cada pieza contiene un recuerdo de Kwon.

Una película.

Una bolsa de comida.

Una daga.

Una sonrisa.

No sé si son reales.

Recojo uno.

Se convierte en un ojo.

Lo aplasto.

Agnóvar ríe desde todos los fragmentos.

-Elegí.

-Callate.

-¿El recuerdo o el cuerpo?

-Callate.

-¿El nombre o la voluntad?

-Callate.

-¿Byeolha o Kim Cheonro?

El mundo se detiene.

No por el sistema.

Por mí.

La espada pesa.

Mis manos vuelven a ser jóvenes.

Después viejas.

Después de niño.

No.

Ese no soy yo.

Kim Cheonro murió antes de conocerme.

Byeolha murió después.

Los dos están muertos.

Entonces ¿quién sostiene la espada?

[Identidad del usuario: Kim Cheonro.]

Mentira.

[Nombre anterior detectado: ■■■■■.]

Censura.

[Coherencia de identidad: 2 %.]

No necesito identidad para matar.

[Duración restante de Locura: 00:41.]

Cuarenta y un segundos.

Mucho tiempo.

Agnóvar se reconstruye.

Esta vez lleva el rostro de Ouranoktonos.

Cuernos.

Ojos rojos.

Sonrisa llena de dientes.

-¿Cómo te llamás, cazador?

La pregunta.

El principio.

Sé la respuesta.

-Byeolha.

El demonio extiende las alas.

-¿Cuál es tu nombre, demonio?

-He tenido muchos.

Sí.

Así fue.

-Pero si tuviera que elegir uno...

El cielo se abre.

La grieta detrás de mí vuelve a activarse.

Luz.

Voces.

Armaduras.

Decenas de figuras cruzan al campo.

Refuerzos.

Llegaron tarde.

Siempre llegan tarde.

[Estabilización completada.]

[Participantes aliados ingresando: 63.]

Aliados.

La palabra no significa nada.

Veo demonios.

Sesenta y tres.

Humanos deformados con armas brillantes.

Uno sostiene un escudo.

Dionis.

No.

Mujin.

¿Quién?

Una mujer grita mi nombre.

-¡CHEONRO!

No conozco ese nombre.

Otra abre un libro.

Una página intenta sujetarme.

Magia enemiga.

El demonio blanco ríe.

-Llegaron tus oportunidades.

Los sesenta y tres se despliegan.

Sus emblemas cambian.

STARS se convierte en la marca de la Legión del Abismo.

La Asociación Coreana lleva el símbolo de Ouranoktonos.

Los sellos chinos son ojos demoníacos.

Todos enemigos.

Todos quieren quitarme la espada.

Todos quieren impedir que complete la batalla.

[Duración restante de Locura: 00:17.]

Diecisiete segundos.

Suficiente para matar a muchos.

Agnóvar aparece detrás del ejército.

Apoya una mano sobre el hombro de una cazadora.

Ella no lo siente.

-Adelante, Byeolha.

Su rostro liso vuelve a sonreír.

-Salvá al mundo.

Adopto la postura.

El campo registra sesenta y cuatro objetivos.

Uno blanco.

Sesenta y tres demonios.

Una voz dentro de la espada grita:

MANADA.

Otra dentro de mi cabeza responde:

CADÁVERES.

Sonrío.

Después de tantos años, el infierno vuelve a estar lleno.

Y yo vuelvo a estar solo.

Thoughts

  • LauraLetras

    Me dejó con el estómago apretado ver cómo los sesenta y tres que entran a buscarlo se le vuelven demonios uno por uno, con los emblemas de STARS y de la Asociación cambiando delante de él. Jiwon se lo había dicho frente a la grieta, que Agnóvar solo tenía que dejarlo actuar. Y el Lobo gritando manada es lo último que lo sostiene. Apuesto a que el próximo arranca con Mujin poniéndole el escudo delante sin levantar un arma.

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  • pnavarro64

    Acho, la Torre le cierra la grieta al primero que cruza y le regala diez minutos a solas con Agnóvar. Eso huele a que el sistema también quería ese duelo. ¿La estabilización la estaba montando Hejin o salió sola?

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  • Ovid

    Agnóvar bajando el dedo del pecho a la frente y llamándolo Byeolha, Kim Cheonro, padre, capitán, cazador, cada nombre con un peso distinto, me hizo pensar en lo raro que es ser otra persona según quién te llame en un mismo día. Apuesto a que la pelea de verdad va a ser entre esos nombres y no contra el demonio!

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  • subrayoTodo

    Diay, entró solo 😭

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