Cuando se debe asumir una gran responsabilidad, eso puede generar presión y, sobre todo, miedo. El miedo es un gran paralizante que no deja continuar, no permite avanzar y solo engaña a la mente, impidiendo lograr los planes a futuro. Si no dominas al miedo, tarde o temprano el miedo mismo lo hará, y será demasiado complicado dejar de aferrarse a aquello a lo que temes.
La noche había caído en el reino, y solo quedaba Chacka: él, solo con sus pensamientos, pensamientos que vagaban como el viento que arrastra las hojas, pensando y pensando. La noche era fresca, con las estrellas más brillantes, el ruido de los grillos, las luciérnagas, el suave río fluyendo... Chacka solo observaba las estrellas mientras reflexionaba.
-Si tan solo todo fuera más fácil -decía Chacka, con una mirada frustrada hacia las estrellas, hacia lo desconocido.
Sentía esa necesidad de desahogarse, de que todo terminara, de poder gritar a los cuatro vientos: "¡Basta, es suficiente!" Sentía una cadena en su pata que no lo dejaba avanzar, una cadena que apretaba sus pensamientos, su corazón, y no le permitía disfrutar de aquello que es un regalo... el presente.
Luego de unos minutos de pensamiento exhaustivo, Chacka se dispuso a volver, pues el viento se había tornado fresco. Comenzó a caminar, pero escuchó unos ruidos extraños detrás de unos arbustos que recubrían el bosque. Esos ruidos no eran normales, no eran los típicos sonidos de la noche o de la naturaleza en sí. Eran ruidos extraños que, de alguna manera, lograban disipar los pensamientos, lograban calmar el corazón.
Chacka solo podía decir en su interior, asustado pero a la vez intrigado:
-¿Qué son esos ruidos?
Chacka no quería avanzar hacia los ruidos. No quería. Simplemente deseaba regresar a su hogar; tenía miedo de que lo que hubiera detrás del arbusto fuera peligroso, y más aún en la noche. Pero algo se movía en su interior. Sentía algo profundo, como si su cuerpo no obedeciera a su mente. Era un movimiento involuntario, que lo impulsaba a dirigirse hacia esos ruidos.
Se adentró en los arbustos con dificultad, ya que eran enredaderas muy fuertes. Pero la curiosidad era aún más poderosa, por lo que, unos minutos después de atravesar esas enredaderas, logró ver lo que ocurría.
Era Rafiki, sentado con las patas cruzadas y las manos en el aire. Los extraños sonidos eran producto de su meditación. En el silencio profundo de la sabana, lo único que se escuchaba eran sus cantos meditativos.
-Amm... Amm... Amm...
Chacka lo observó en silencio hasta que comprendió que no había peligro, solo era el viejo mandril meditando. Decidió irse para no molestarlo. Intentó alejarse sin hacer ruido, pero pisó una ramita y el chasquido alertó a Rafiki.
Sin abrir los ojos, ni moverse, Rafiki habló con serenidad:
-¿Sabías que meditar es una de las fuentes más estables para la mente?
Hizo una breve pausa, luego añadió:
-Ayuda a relajarte... y a ver las cosas con claridad.
Chacka, pensando que solo quería deshacerse de él, respondió algo molesto:
-¡Oh, pues te dejo tranquilo!
Pero Rafiki, aún sin moverse, replicó:
-¿A dónde crees que vas?
Con el mismo tono calmo continuó:
-¿Acaso crees que te hablo por mí? ¿Por qué no intentas meditar tú?
Chacka se rió con ironía:
-¿Meditar yo? ¡Vamos! No lo necesito.
Entonces, Rafiki abrió lentamente los ojos, lo miró fijo y respondió:
-¿Estás seguro de eso? Todos, en algún momento, necesitamos calmar la mente.
-Si. No lo necesito- respondió Chacka, aunque en su interior sabia que no era cierto.
Rafiki se levantó, se acercó a Chacka y le extendió una mano.
-Mira a tu alrededor. Observa a esos animales de allá.
Chacka entrecerró los ojos, algo confundido.
-¿Los elefantes? Ya los vi... solo duermen. Mañana deben seguir su viaje.
Rafiki se inclinó levemente hacia él y murmuró con voz grave:
-Oh no, Chacka... No has observado bien.
Señaló hacia los elefantes mientras apoyaba una mano en el hombro del joven león.
-Mira sus orejas... obsérvalas con atención.
Chacka suspiró creyendo que lo que hacia no tenia sentido, pero miró con más cuidado.
-Están... moviendo las orejas... lentamente.
Rafiki sonrió.
-Exacto. No están dormidos. Están meditando.
Chacka frunció el ceño, intrigado.
-¿Pero para qué? Son fuertes, grandes. Deberían estar descansando para el viaje.
Rafiki empezó a caminar despacio, y Chacka lo siguió sin pensarlo. Mientras avanzaban, Rafiki explicó:
-Dormir renueva el cuerpo... pero si la mente está sobrecargada, ni el mejor descanso físico servirá de mucho.
Se detuvo de golpe y, señalando la frente de Chacka, dijo:
-Es aquí donde nace el verdadero cansancio.
-Por eso los elefantes meditan. Son sabios. Saben que si su mente está en paz, su cuerpo también lo estará.
Su rostro se tornó serio.
-Pero si no logras liberar tu mente, aparecerá nuestro mayor enemigo...
Hizo una pausa larga, casi solemne.
-El miedo.
Chacka guardó silencio unos segundos, hasta que respondió con un dejo de molestia:
-Te lo repito, Rafiki. Yo no tengo miedo. Sé lo que hago.
Pero al abrir los ojos y encontrarse con la mirada sabia del mandril, su expresión cambió.
-Bueno... quizás no tengo todo tan claro. Pero ya me acostumbraré. Seré rey algún día. Debo hacerlo.
Rafiki soltó una carcajada suave.
-¡Ja! Lo sabía.
-¿Saber qué? -resopló Chacka.
-Que tienes miedo. Temes ser rey.
Aquella frase resonó como un eco en la sabana. Chacka se quedó mudo. Luego, con un grito cargado de frustración, estalló:
-¡Está bien! ¡Sí! ¡Tengo miedo! ¿Y qué?
Su voz se quebró. Las lágrimas le llenaron los ojos.
-Miedo de no ser un buen rey... de fallar... de no proteger el ciclo de la vida...
Tras decirlo, suspiró profundamente. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió aliviado.
Rafiki lo miró con ternura, dejando que el joven se desahogara.
Chacka prosiguió, más tranquilo:
-A veces tengo pesadillas... No puedo dormir.
Después de un largo silencio, Rafiki habló con sabiduría:
-Debes aprender a soltar ese miedo. Porque si no lo haces... te dominará.
-El miedo es como el veneno de una serpiente: paraliza, nubla tus pensamientos... y te impide avanzar.
Miró a los elefantes con admiración.
-Ellos también sienten miedo, Chacka. Todos lo sentimos. Por eso meditan. Para soltarlo. Para seguir avanzando.
Chacka bajó la mirada.
-Entiendo... pero... ¿y si no puedo soltarlo?
Rafiki sonrió con dulzura.
-Tonterías. Claro que podrás. Tener miedo es normal. Lo importante es no dejar que te controle.
Volvió a mirarlo con firmeza.
-No vivas atrapado en el mañana. Vive hoy. Disfruta tu presente.
-Y no temas cometer errores. Porque los cometerás. Todos los reyes lo han hecho.
Chacka lo miró sorprendido.
-¿De verdad? Pensé que un rey debía ser perfecto.
Rafiki rió con picardía.
-¡Oh, no! Hasta los más grandes cometieron errores. Pero no dejaron que el miedo los detuviera.
Chacka esbozó una sonrisa, un poco más animado.
-Lo intentaré. Aunque sé que no será fácil.
-Nada que valga la pena lo es -dijo Rafiki con una sonrisa serena-. Pero puedes lograrlo.
Chacka respiró profundo y asintió.
-Gracias, Rafiki...
Luego, mirando el cielo, exclamó:
-¡Uy! Se hizo tarde. Debo volver antes de que mis padres se preocupen.
Chacka comenzó a correr. A lo lejos, mientras se alejaba, escuchó la voz de Rafiki gritar con humor:
-¡Y no olvides meditar!
Escena extra #5
Al amanecer, el cielo se tiñó de tonos dorados y naranjas. Las primeras luces del día acariciaban suavemente la sabana.
Desde lo alto de una roca, Chacka observaba en silencio. El viento movía su melena aún joven, y por primera vez en mucho tiempo, no sentía el peso del mundo sobre sus hombros... al menos no del mismo modo.
En el valle, los elefantes reanudaban su marcha. Lentamente, firmes, sabios. Chacka los contempló y sonrió. No por lo que eran, sino por lo que le habían enseñado sin decir una palabra.
A lo lejos, la risa de Rafiki se perdía entre los árboles.
-Un paso a la vez, joven león... un paso a la vez -susurró el eco del mandril, o tal vez solo su memoria.
Chacka no sabía qué desafíos le esperaban.
Pero ya no caminaba solo.
Caminaba con la mente despierta... y el corazón un poco más en paz.
Días después...
En la profundidad del bosque sagrado, Rafiki estaba inquieto.
Aunque Chacka había comenzado a enfrentar sus temores, el viejo mandril lo sabía mejor que nadie: cuando una mente se despierta, otras comienzan a moverse también... no siempre en la misma dirección.
Esa noche, el fuego de su cueva ardía más alto de lo normal. En el humo, figuras se formaban y desvanecían: una silueta de león, un rayo cayendo sobre la sabana, y, por último, una sombra con ojos rojos que se deslizaba entre las ramas, un presagio inquietante.
Rafiki apretó su bastón con fuerza.
-El equilibrio comienza a moverse -dijo en voz baja-. Las fuerzas que buscan alterar el orden ya están en marcha, y no todos desean que el ciclo se mantenga intacto. La profecía está cerca...