Años después de la muerte de Zira, hubo un profundo cambio en todo el reino: una nueva era, una nueva generación, un nuevo ambiente. Estos cambios trajeron consigo un nuevo amanecer. Tras ese amanecer, llegaron grandes reyes, dispuestos a proteger las tierras del reino como su nueva responsabilidad. Sin embargo, dentro de esos cambios, nació una nueva generación de leones que, el día de mañana, serían los nuevos reyes del reino...
La noche había caído en el reino. Kiara se encontraba en trabajo de parto, rodeada de leonas que la ayudaban dentro de la cueva. Kovu, nervioso, esperaba afuera.
—¿Por qué se estarán tardando tanto? ¿Y si pasa algo malo? —exclamaba Kovu, muy preocupado.
—No se preocupe, señor, estoy seguro de que todo está bien. Le aseguro que es normal que se tarden en estas situaciones —respondía Zazu.
Simba, acompañando a Kovu, agregaba con una pequeña risita:
—Jeje, tiene razón. No tienes por qué preocuparte. ¿Sabes? Me recuerdas a mí cuando Kiara estaba a punto de nacer.
—¿Y cómo te controlabas en esa situación? —preguntaba Kovu.
—Oh, no lo hacía, nunca me lograba controlar. La sensación de ser padre siempre te pondrá preocupado, pero también te hará más fuerte y más confiado una vez que veas a tu hijo —respondía Simba, con sabiduría.
Unos minutos más tarde, se escucharon unos gritos profundos de Kiara. Kovu, asustado, entró corriendo a la cueva para ver qué había sucedido. Fue entonces cuando vio una imagen que no borraría nunca más de su mente: sus hijos habían nacido. Tres cachorros bellos junto a su madre.
—¿Verdad que son muy bellos? —exclamaba Kiara, muy agotada y orgullosa.
—¿Bellos? Son mucho más que eso, son fuertes y resistentes, como tú —respondía Kovu.
A su alrededor se encontraban las leonas, muy orgullosas; Simba y Nala lloraban de emoción, y, a lo lejos, Zazu observaba con una lagrimita en el ojo.
—¡Muchas felicidades, majestades! ¿Cómo se llamarán? —preguntaba Zazu, con entusiasmo.
Kiara y Kovu cruzaron sus miradas con complicidad, y Kiara respondió:
—Les presento a Chacka, Nama y Shani. Los futuros protectores del reino y la nueva generación que iniciará una nueva era.
Mientras tanto, un viento poderoso se levantó en todo el reino: una especie de torbellino muy agresivo y potente, pero a la vez muy gratificante y confortable. Este viento marcó el nacimiento de los cachorros.
Todos los animales del reino no pudieron contenerse ante este viento misterioso, por lo que comenzaron a seguirlo. Mientras tanto, en el horizonte, el sol comenzaba a arrimarse. Desde kilómetros de distancia, se podía observar a miles de animales que se dirigían hacia la Roca del Rey para conocer a los nuevos príncipes nacidos. Todos estos miles de animales sabían lo que ocurría, ya que el mismo viento les avisaba. Este viento no aparece con frecuencia, sino que solo suele aparecer cuando un nuevo rey nace.
—¡Hey! ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué hay una gran movilización de animales? —preguntaba una pequeña musaraña elefante.
—¿Acaso no lo sabes? El viento ha aparecido —respondió un lagarto, muy apurado.
—¡Por los Grandes Reyes! El nuevo príncipe ha nacido —exclamaba la pequeña musaraña, dándose cuenta de lo que ocurría.
Poco a poco, los animales llegaban a la Roca del Rey y se posicionaban en sus lugares. Grandes elefantes, rinocerontes, manadas enormes de cebras, ñus, antílopes, poderosos búfalos, grupos de jirafas, monos y toda clase de animales pequeños y grandes llegaban a la Roca del Rey para conocer a los futuros líderes del mañana.
Frente a la punta de la Roca del Rey se encontraba Kovu, observando el horizonte y a los miles de animales que se agolpaban allí. El horizonte solo reflejaba siluetas y más siluetas de animales: una larga fila apretada, todos querían conocer a los herederos.
Minutos más tarde, aparecía Rafiki, el viejo mandril sabio, para comenzar con la ceremonia de presentación.
—¡Muchas felicidades! Ha llegado la hora —exclamó Rafiki a Kovu, con una voz tranquilizadora.
Kovu solo respondió con una mirada de orgullo y señaló a Rafiki, con esa misma mirada, hacia Kiara y sus cachorros. El viejo y sabio mandril se acercó a Kiara, quien tenía a los tres cachorros. Rafiki, muy concentrado, sacó su bastón y lo sacudió sobre la cabeza de los tres pequeños herederos. Chacka era el más juguetón, pues estiró su pequeña pata hacia el bastón. Esta acción provocó que Kiara y Kovu se miraran muy orgullosos.
Luego de esto, Rafiki abrió un coco, tomó un líquido colorido con su dedo y lo esparció sobre la cabeza de los herederos.
Rafiki tomó entre sus manos al mayor de los hermanos: Chacka. Simba y Kovu tomaron a los otros dos cachorros y juntos se dirigieron a la punta de la Roca del Rey para presentarlos ante la multitud.
Rafiki, Kovu y Simba alzaron hacia arriba a los tres cachorros, provocando una exaltación entre todos los animales, quienes saltaban, se movían y se sacudían. Mientras tanto, el viento que los había atraído rodeaba a los tres cachorros y a todos los animales presentes, provocando que todos ellos se inclinaran ante los cachorros y mostraran la señal de respeto y entusiasmo. Al mismo tiempo, un fuerte brillo de esplendor emergió de entre las nubes, envolviendo a los cachorros. Este brillo representaba la majestuosidad de un rey, de aquel quien algún día gobernará con orgullo y majestad.
Entre las nubes apareció un espíritu del más allá, quien alguna vez supo gobernar de esa manera: el gran Mufasa.
Ese día, todo el reino celebró: un día majestuoso, el más perfecto de todos. Un día en el que se sacudió toda África, hasta las lejanías...
Tiempo después
Los tres cachorros habían crecido y eran muy curiosos y juguetones.
Chacka, el mayor, le gusta mucho las aventuras. Es un cachorro muy curioso y valiente, siempre intenta ayudar a los demás.
Nama, por otro lado, es muy reservada. Prefiere quedarse con sus padres mientras sus dos hermanos exploran y juegan; además, es ordenada y generosa con los demás.
Shani es la más pequeña. Es más tímida que su hermano Chacka y Nama. Siempre acompaña a sus hermanos en todo momento y es muy leal a su familia; se suele asustar o preocupar por algo o alguien.
Una mañana temprano, Chacka le pregunta a su madre:
—Mamá, ¿podemos ir a explorar?
—Mmm... No lo sé —responde Kiara, con mucha duda.
Shani, apoyando a su hermano, comenta:
—¡Por favor, mamá! ¡Estaremos bien!
—¿Dónde piensan ir a explorar? —pregunta Kiara.
—No iremos lejos, estaremos cerca del manantial —responde Chacka.
Luego de pensarlo bien, Kiara acepta:
—¡Está bien! Pero tengan cuidado...
Chacka y Shani, muy entusiasmados, celebran la decisión de su madre y convencen a su hermana Nama de unirse. Nama, con un tono de pesadez, dice:
—¡Vengan, vamos!
Los tres hermanos se fueron a explorar y llegaron al manantial. Pero, al llegar, vieron algo que los dejó paralizados.
Escena extra #1
Meses antes de que nazcan los cachorros
El rey Simba se encontraba en la punta de la Roca del Rey, observando la puesta de sol con expresión pensativa y preocupada, hasta que llegó Kiara.
—¿Pediste hablar conmigo, padre? —preguntó Kiara.
Simba, con una expresión de preocupación, solo suspiró.
—Padre, no me asustes. ¿Qué sucede? —exclamó Kiara, inquieta.
Luego de un momento de silencio, Simba respondió con un tono serio:
—Hija, tengo algo muy importante que decirte. Sé que esto parece una locura, pero ojalá que algún día puedas entenderme.
—Padre, me estás asustando. Solo dime qué sucede —respondió Kiara.
—Renunciaré a mi derecho de ser rey y dejaré que tú te conviertas en la nueva reina —dijo Simba con preocupación.
Kiara, con una expresión de sorpresa y una leve risa nerviosa, contestó:
—¿Es una broma? Dime que estás bromeando...
—No estoy bromeando —respondió Simba con seriedad.
Al darse cuenta de que su padre hablaba en serio, Kiara comenzó a enfadarse.
—Padre, ¿cómo puedes decir eso? Yo seré reina el día que tú ya no estés aquí.
—Lo siento, hija, pero renunciaré al trono y te convertirás en reina. Tu madre y yo nos iremos después de que nazcan los cachorros.