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Capítulo 3: "Corrección"

CaPitta188
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Cuando tu vida corre peligro solo puedes pensar en proteger a los que te rodean, y es ahí cuando descubres que es lo que llevas dentro de tu interior, logras sacar esa fuerza necesaria para…

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Contenido de la publicación

Cuando tu vida corre peligro solo puedes pensar en proteger a los que te rodean, y es ahí cuando descubres que es lo que llevas dentro de tu interior, logras sacar esa fuerza necesaria para sobrevivir, solamente de esa manera aprendes a entrenar ese potencial.

Los hermanos se encontraban en peligro. Nama, con una voz quebrada y susurrante, se dirigió a Chacka y preguntó:

—¿Ahora qué hacemos, Chacka?

Antes de que Chacka pudiera responder, las hienas se acercaron lentamente, y una de ellas dijo en un tono burlón:

—Dos princesas y un príncipe en tierras equivocadas.

Chacka, dando un paso adelante e intentando proteger a sus hermanas, gritó:

—¡Atrás!

Las hienas solo podían reír ante este suceso.

—Oh, eres valiente. Qué pena que eso no te servirá de nada —exclamó la hiena, riendo.

—Esta cena será muy divertida, jamás habíamos tenido algo así —respondió otra, riendo aún más.

De repente, cuando las hienas estaban a punto de atacar a los hermanos, se escucharon rugidos provenientes de las lejanías. Las hienas solo podían observar partes de huesos volando por los aires a su alrededor. Cuando se dieron cuenta de lo sucedido, Kovu y Kiara aparecieron de un salto en el aire, empujando a las hienas al suelo y acorralándolas.

Ellas intentaban escapar, pero no podían debido a la fuerza de los leones.

Kovu rugía, y Kiara lo hacía aún más fuerte. Abrieron sus garras, a punto de atacar a las hienas. Chacka, sus hermanas y Zazú solo observaban el momento. Sentían una mezcla de miedo y, tal vez, felicidad porque sus padres habían llegado justo a tiempo.

—Ki-Ki-Kiara... Ko-Kovu —exclamó una hiena aterrada.

—Qué grata sorpresa que nos hayan visitado aquí, en las lejanías, sus majestades —respondió otra hiena con un tono sarcástico, intentando aliviar la situación.

Pero eso solo empeoró el momento. Kiara, con un rugido aún más potente que el anterior, gritó:

—¿Cómo se atreven a atacar a mis hijos?

—Si vuelven a acercarse a ellos, lo pagarán con sus vidas. Ténganlo presente, hienas —exclamó Kovu con un tono amenazante.

Las hienas, aterradas, no podían hacer nada más que rogar por sus vidas. Sabían que no podían contra los leones.

—No, no, no volverá a ocurrir —gritaba una de ellas.

Las hienas, lastimadas por los zarpazos de Kovu y Kiara, salieron huyendo del lugar sin mirar atrás.

Chacka, acercándose lentamente a sus padres, muy triste e indignado, solo dijo:

—Ma-má... todo fue mi culpa, lo siento mucho.

Nama, apoyando a su hermano, agregó:

—No fue solo culpa de él, también mía. Juntos decidimos entrar aquí.

Kiara, muy furiosa, respondió gritando:

—¿Acaso creen que me interesa quién tuvo la culpa? ¡Nunca debieron haber venido aquí!

El momento fue muy duro, una sensación de vacío puro. Se parecía a la calma después de una tormenta, pero esta calma era arrasadora y caótica.

Mientras la familia regresaba al reino, Kiara y Kovu iban al frente junto a Zazú, mientras que los cachorros caminaban atrás. Chacka, con la cabeza agachada y totalmente triste, avanzaba en silencio. Nama solo lo observaba; quería decir algo para intentar animar a su hermano, pero las palabras no le salían, por lo que optó por el silencio. Shani, por su parte, seguía aterrada por lo que pasó.

A medida que avanzaban, el crujir de los huesos secos se escuchaba una y otra vez en un profundo silencio, hasta que, en lugar de huesos, aparecieron la tierra y la vegetación.

Kovu y Zazú se llevaron a Nama y Shani a la Roca del Rey, mientras que Kiara se quedó con Chacka. Él observaba a sus hermanas y sus hermanas a él mientras se alejaban. Sus miradas eran de apoyo y de mucha incertidumbre, miradas que valían más que las propias palabras.

Cuando Kovu y los demás desaparecieron en el horizonte, Kiara, con una voz muy enojada e indignada, dijo:

—¡Chacka, ven aquí!

Al escuchar eso, Chacka se acercó lentamente a su madre, caminando muy despacio, como si tuviera una espina en su pata que lo retrasara. Solo se acercó y se puso al lado de su madre mientras ambos miraban al sol esconderse. Reinaba un profundo silencio entre ellos, como si sus mentes vagaran en una realidad cruda.

Hasta que Kiara rompió el silencio y, con un tono de decepción, solo pudo decir:

—Chacka, me has decepcionado.

—Lo-lo sé... yo solo quería saber qué había allí —respondió Chacka con una voz quebrada.

Kiara dejó de mirar el horizonte, posó su mirada en Chacka y dijo con un tono de preocupación e indignación:

—Mira las consecuencias de tu desobediencia. Pusiste en peligro tu vida y la de tus hermanas. Por eso es importante que me obedezcan en todo lo que tu padre y yo les decimos, aunque lo vean ridículo o no lo entiendan. ¿Qué hubiera pasado si no hubiéramos llegado a tiempo?

—Lo sé, y en verdad lo siento mucho. Yo no quería... no quería ponerlas en peligro. Simplemente trataba de demostrar que, como futuro rey, debo avanzar sin importar nada —exclamó Chacka con lágrimas en los ojos y una voz quebrada.

—No, hijo. Es importante avanzar, sí, pero muchas veces debes preocuparte por las cosas. Debes pensar en los que te rodean y en ti mismo —respondió Kiara con una voz más tranquila.

Chacka, secándose las lágrimas de los ojos y con una voz indignada, dijo:

—¿E-en serio? Creí que, como rey, podía hacer lo que quisiera y así demostrar mi valentía... no tener miedo.

—Un verdadero rey debe avanzar en todo momento, pero también debe saber cuándo no hacerlo. Eso es un acto de prudencia —respondió Kiara con una voz más serena.

Luego, Kiara continuó hablando:

—Además, ser valiente no significa no tener miedo, sino actuar a pesar de él. Y no debes buscar problemas para demostrarlo. Debes ser valiente cuando realmente sea necesario.

—Yo... nunca lo vi de esa manera —respondió Chacka con una voz sorprendida y suspirante. Luego continuó diciendo:

—En verdad lo siento, mamá. No volverá a ocurrir, lo prometo.

—Lo sé, hijo. Confío en tu promesa. Si algo te llegara a pasar a ti o a tus hermanas, no sé qué haría —respondió Kiara con un suspiro.

Ya la noche había caído sobre el reino, y las estrellas brillaban más que nunca. Los grillos cantaban y las luciérnagas iluminaban el paisaje. Mientras Chacka y Kiara regresaban a la Roca del Rey, él pudo observar cómo cada animal se acurrucaba entre los suyos: las aves en sus nidos con sus pequeñas crías, las cebras y los ñus en sus rebaños junto a sus crías, y los enormes elefantes descansando junto al río.

En ese momento, Chacka comprendió el verdadero significado de la unión familiar y recordó el apoyo de sus hermanas.

Al llegar, él quería hablar con sus hermanas, pero ellas ya estaban dormidas, por lo que esperó hasta la mañana.

Al día siguiente, Chacka despertó y preguntó por sus hermanas a su padre:

—Papá, ¿dónde están Shani y Nama?

—Creo que las vi junto a tu tía cerca del lago —respondió Kovu.

—De acuerdo, ¡gracias, papá!

Dicho esto, Chacka se fue corriendo hasta el lago.

En el lago descansaban las leonas de la Roca del Rey, y justo allí vio a su tía Vitani y a sus hermanas hablando con ella mientras reían. Chacka se acercó.

—¡Oh, pequeño! No te vi llegar. ¿Cómo has estado? —preguntó Vitani alegremente.

—Bien, gracias por preguntar, tía Vitani. Vengo a hablar con mis hermanas —respondió Chacka de la misma manera.

Chacka y sus hermanas se alejaron del resto de las leonas, y Nama, con una expresión de decepción, dijo:

—Espero que sea importante. La tía Vitani nos estaba contando la historia de su infancia junto a papá. ¿Qué quieres, tonto?

—¡Shani, Nama, perdónenme! —dijo Chacka con la cabeza agachada.

—¿De qué hablas, Chacka? —respondió Shani.

—Ustedes ya saben... lo que pasó ayer. No se hagan las tontas —exclamó Chacka con disgusto.

—Lo sabemos, todos tuvimos la culpa, no solo fuiste tú —respondió Nama con seriedad.

—Pues yo no. Yo se los había advertido y no quisieron escucharme —agregó Shani con orgullo de sí misma.

De repente, detrás de ellos apareció Zazú, logrando escuchar a Shani. Con un tono de arrogancia, dijo:

—Pero aun así entraste de igual forma.

—¡Vaya! Lo que nos faltaba —respondió Chacka con un tono suspirante y de pesadez al darse cuenta de su presencia.

—Cuida esa expresión, muchacho. Yo informé a sus padres y, de cierta manera, los salvé de los problemas —explicó Zazu con un tono de importancia y orgullo, mientras levantaba un ala y cerraba los ojos.

Nama se unió a la conversación con una expresión sarcástica:

—¿Vigilándonos todo el tiempo?

—Pues es mi deber como mayordomo del rey y la reina —respondió Zazú, aún más orgulloso. Luego agregó:

—No sé qué pasará con esta generación... Primero fue su abuelo, luego su madre y ahora ustedes. Supongo que la genética es fuerte.

Chacka, con una expresión de burla y sarcasmo, dijo:

—Vaya, Zazu. Creo que escuché a alguien pedir ayuda lejos de aquí.

—¡Ja! Muy gracioso. Tendrás que inventarte algo mejor si quieres deshacerte de mí —respondió Zazu con arrogancia y tono victorioso. Luego continuó diciendo con orgullo:

—Solo recuerden que, después de lo que les pasó ayer, ahora más que nunca estaré pendiente de ustedes tres.

Dichas esas palabras, Zazu salió del lugar volando.

Por lo que Chacka, indignado, dijo:

—Pff... qué pajarraco más entrometido.


Escena extra #3

Mientras Chacka y Nama se alejaban después de hablar con Zazú, Shani permaneció en silencio, observando el reflejo del agua en el lago. Sus pensamientos se arremolinaban en su mente como hojas arrastradas por el viento.

Desde que habían regresado de las lejanias, no podía dejar de sentir que no encajaba entre sus hermanos. Chacka había intentado protegerlos, Nama había sido valiente al admitir su error... ¿y ella? Ella solo había sentido miedo. Había querido huir. 

Tal vez Chacka y Nama eran fuertes, pero ella... ¿qué era ella?

Suspiró y bajó la mirada, sintiendo una punzada de tristeza en el pecho. Si no podía ser tan valiente como ellos, ¿de qué servía? ¿No era más que un estorbo?

El sonido del agua moviéndose la sacó de sus pensamientos. Vitani se había acercado y la observaba con una leve sonrisa.

—¿En qué piensas, pequeña? —preguntó con dulzura.

Shani dudó en responder, pero al final, solo murmuró:

—En nada... no es importante.

Vitani la miró con comprensión, pero no insistió. En su interior, Shani deseaba poder demostrar que ella también era fuerte, que no era solo "la hermana miedosa".

Tal vez algún día...

Con ese pensamiento, se alejó lentamente, sin darse cuenta de que la verdadera valentía no siempre se demostraba con rugidos o batallas.

A veces, el coraje más grande es el que nadie puede ver.


Thoughts

  • tintaDeMartes

    Kiara me pareció durísima cuando grita que no le interesa quién tuvo la culpa. Los acaban de salvar de las hienas y lo primero que hace es sacarles eso en cara delante de los tres.

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  • cuento77

    ¡Ay, pobre Shani! Creerse un estorbo por tener miedo, cuando fue la única que avisó que no entraran. La que se queda callada junto al agua siempre es la que más se acuerda de todo.

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  • TeoSanabria

    Nama es la primera en decir que la culpa fue de los dos. Esa hermana que sale a poner el cuerpo por el otro delante de la madre existe en toda casa donde son varios, y casi siempre es la del medio.

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  • pagina_rota

    Shani se queda junto al agua y le dice a Vitani que no es nada. ¿Eso que se calló se lo va a contar a alguien más adelante o se lo queda para ella?

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  • RubenOrtega

    Las miradas de los tres cuando se los llevan separados me dijeron más que toda la caminata de vuelta.

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  • Ovid

    Chacka volviendo de noche y viendo a cada animal acurrucado con los suyos, las aves, las cebras, los elefantes junto al río, me hizo pensar en lo que uno entiende recién cuando se le pasa el susto. Apuesto a que esa caminata callada le va a pesar más que el reto de la madre.

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  • nachoo

    Uy, la Shani.

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