Haru esta ahi en la carta. Que momento para Kaede.
Capítulo 4: lo que quedo atras
Las manos de Kaede temblaban.
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Haru esta ahi en la carta. Que momento para Kaede.
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Las manos de Kaede temblaban.
El sobre parecía más pesado de lo que debería ser, como si dentro no hubiera solo papel, sino algo mucho más importante. Durante unos segundos no pudo abrirlo. Solo lo sostuvo entre los dedos, observando la escritura en el frente una y otra vez.
Era su letra.
No había duda.
Ren y Miyu permanecían a su lado en silencio, sin presionarla. La enfermería estaba completamente en calma ahora. Incluso la directora y la enfermera entendían que aquel momento pertenecía únicamente a ellos.
Kaede respiró hondo.
Con cuidado, abrió el sobre.
El sonido del papel rompiéndose fue suave, pero en ese instante pareció llenar toda la habitación. Sacó la hoja doblada del interior y la desplegó lentamente, intentando controlar la emoción que amenazaba con desbordarse otra vez.
Sus ojos recorrieron las primeras líneas.
Y la voz de Haru volvió al mundo.
Kaede.
Si estás leyendo esta carta… entonces significa que no pude cumplir mi promesa.
Lo siento.
De verdad lo siento.
Sé que me estarías esperando. Y créeme… no hay nada que haya querido más que regresar. Volver a casa, volver a verte, volver a escuchar tus regaños cuando decía algo estúpido… volver a todo lo que era normal.
Pero no pude.
No porque no quisiera.
Sino porque no había forma de hacerlo.
Ese día… cuando desaparecí… no fue como en las historias que veía. No hubo luces épicas ni música de fondo. Solo… oscuridad. Y después, un lugar que no conocía, rodeado de gente que tampoco entendía qué estaba pasando.
Me dijeron que había sido invocado.
Sí, suena exactamente como esos animes que tanto me gustaban. Si estuviera contándolo en persona probablemente me estaría riendo ahora mismo. Pero en ese momento… tenía miedo.
Mucho miedo.
Me explicaron que su mundo estaba en peligro. Que había algo que lo destruía todo… ciudades, personas, incluso países completos. Lo llamaban el Vacío. Y que yo había sido elegido para ayudar.
También me dieron una opción.
Podía intentar volver.
O podía quedarme y ayudar.
No fue una decisión fácil.
Porque quería volver contigo.
Quería volver con ustedes.
Pero… había gente ahí que estaba muriendo. Personas normales. Niños. Familias. Gente que tenía miedo igual que yo. Y cuando vi eso… no pude darme la vuelta.
No podía regresar sabiendo que podía hacer algo y no hacerlo.
Así que me quedé.
No sé si fue la decisión correcta… pero fue la que tomé.
Al principio fue horrible. No entendía nada. Casi muero varias veces. Si no fuera por las personas que conocí… probablemente no habría durado ni una semana.
Hice amigos.
Aliados.
Compañeros.
Conocí lugares increíbles, especies que jamás imaginé… ciudades enormes… criaturas que parecían sacadas de videojuegos. Ren, te habría encantado. Había chicas gato de verdad. Con orejas y cola y todo. Estoy seguro de que habrías perdido la cabeza ahí.
Miyu… la comida era increíble. Había cosas que ni sé cómo describir, pero sé que habrías comido hasta no poder moverte con lo glotona que eres.
Y Kaede…
Siempre pensé en ti.
En ustedes.
Incluso en los momentos más difíciles… cuando tenía miedo… cuando pensaba que no iba a sobrevivir… recordar que existían, que tenía un lugar al que quería volver… era lo que me mantenía en pie.
No fui un héroe perfecto.
Cometí errores.
Me equivoqué muchas veces.
Pero hice todo lo que pude.
Hasta el final.
Sé que debes estar sufriendo al leer esto. Y lo siento. Ojalá pudiera decirte que todo salió bien y que voy a aparecer mañana frente a tu casa como si nada… pero no puedo mentirte.
Solo quiero pedirte algo.
No me recuerdes por cómo terminé.
Recuérdame por cómo era.
Por las tonterías que decía.
Por las veces que te hice enojar.
Por los momentos que compartimos.
Porque… incluso en otro mundo… incluso en medio de una guerra… nunca dejé de ser yo.
Y nunca dejé de pensar en ti.
Me habría gustado verte una última vez.
Decirte gracias.
Por estar conmigo desde siempre.
Las palabras comenzaron a volverse borrosas por las lágrimas que llenaban los ojos de Kaede.
Pero aún quedaba más.
El silencio que siguió a la lectura no fue inmediato.
Primero fue el sonido suave del papel temblando entre las manos de Kaede.
Luego un sollozo contenido.
Después… nada.
La habitación parecía suspendida en el tiempo, como si todos necesitaran unos segundos para aceptar que aquella voz que acababan de escuchar… no volvería a hablar.
Miyu fue la primera en romper el silencio.
—E-ese idiota… —murmuró, intentando mantener el tono habitual de reproche que siempre usaba con Haru—. ¿Quién dice que soy glotona…?
Su voz se quebró antes de terminar la frase.
Una lágrima cayó por su mejilla.
Intentó limpiarla rápidamente, casi con enojo, como si llorar fuera algo que no quería permitirse, pero otra lágrima apareció de inmediato después.
—Ni siquiera… —continuó, con una risa ahogada— ni siquiera estoy tan gorda…
Ren soltó una pequeña exhalación que sonó más a un intento de contener emociones que a una risa real. Se giró ligeramente, dándoles la espalda mientras se pasaba una mano por el rostro.
—Y… y tampoco me gustan tanto las chicas gato… —dijo con voz baja—. Ese idiota…
Pero sus hombros temblaban.
Estaba llorando.
Solo que no quería que lo vieran.
Kaede no intentaba contenerse.
Las lágrimas caían sin pausa mientras sostenía la carta contra el pecho, como si acercarla pudiera reducir la distancia imposible que ahora existía entre ella y Haru. Su respiración era irregular, rota por pequeños sollozos que escapaban sin control.
Cada palabra de la carta parecía seguir resonando dentro de ella.
Había estado vivo.
Había luchado.
Había pensado en ellos.
Había pensado en ella.
Y ahora…
ya no estaba.
El dolor era insoportable.
Pero también había algo más.
Orgullo.
Porque el Haru que conocía… había sido exactamente así.
Frente a ellos, la chica permanecía de pie en silencio.
Observaba la escena sin intervenir, sin interrumpir el momento, como si entendiera que aquello no le pertenecía. Su postura seguía siendo recta, firme, pero en su mirada había una sombra de tristeza tranquila, la de alguien que ya había atravesado ese dolor antes.
Fue la directora Kurose quien finalmente dio un paso hacia ella.
Su voz fue más suave de lo habitual.
—Aún no nos hemos presentado correctamente —dijo—. Soy Shizuka Kurose, directora de esta academia.
La chica inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto.
—…Lilia —respondió—. Ese es mi nombre.
La directora asintió.
—Lilia… —repitió—. Gracias.
La palabra pareció sorprenderla un poco.
—Gracias por traer esto —continuó la directora—. Para ellos… y para su familia… significa mucho más de lo que imaginas.
Lilia negó suavemente con la cabeza.
—No hay nada que agradecer.
Su voz era tranquila.
—Fue una orden.
La directora frunció levemente el ceño, curiosa.
—¿Una orden?
—Sí.
Sus ojos se movieron hacia Kaede.
—La última orden que me dio… antes de la batalla final.
El peso de esas palabras cayó sobre la habitación.
—Me pidió que regresara a su mundo… —continuó—. Que hablara con las personas importantes para él. Que les dijera… lo que hizo… y que había sido feliz.
Una pequeña pausa.
—Dijo que… algunos no podrían seguir adelante sin saberlo.
Kaede apretó la carta con más fuerza contra su pecho.
La directora guardó silencio unos segundos antes de preguntar con cautela:
—Entonces… ¿volverás después de cumplir eso?
Lilia no respondió de inmediato.
Sus ojos bajaron ligeramente.
Cuando volvió a hablar, su voz no cambió, pero había algo distinto en el fondo.
—No puedo.
La directora parpadeó.
—¿No puedes…?
—No hay forma de regresar.
Las palabras fueron simples.
Directas.
—Cuando vine… fue un viaje sin retorno.
Un silencio pesado volvió a instalarse en la enfermería.
Porque eso significaba solo una cosa.
Lilia…
ahora pertenecía a ese mundo.
El silencio que quedó después de la revelación de que Lilia no podía regresar a su mundo fue pesado, pero no hostil. Era más bien una mezcla de sorpresa y comprensión incompleta, como si todos intentaran reorganizar la realidad dentro de sus cabezas.
Fue Kaede quien habló primero.
Su voz aún estaba rota por el llanto, pero había una necesidad clara de entender.
—…Tú… —miró a Lilia con los ojos húmedos—. ¿Tú estuviste con él… todo este tiempo?
La pregunta llevaba implícito algo más.
¿Fuiste su compañera?
¿Su amiga?
¿Estuviste a su lado cuando nosotros no pudimos?
Lilia no dudó.
—No.
La respuesta sorprendió a todos.
Kaede parpadeó.
—¿…No…?
Lilia mantuvo la mirada firme.
—Al principio… fui su enemiga.
El silencio volvió de golpe.
—¿Enemiga? —repitió Ren, confundido.
Lilia asintió con naturalidad.
—Sí. Mi objetivo era matarlo.
La reacción fue inmediata.
Miyu abrió los ojos con incredulidad.
La profesora Shindo frunció el ceño.
Incluso la directora mostró sorpresa evidente.
Kaede se quedó inmóvil.
—Intenté matarlo… más de una vez —continuó Lilia con la misma serenidad—. Mientras él era el Héroe.
Nadie esperaba algo así.
—¿Por qué…? —preguntó Miyu en voz baja.
Lilia tardó unos segundos en responder.
—Porque esa era mi misión.
No hubo dramatismo en sus palabras.
No hubo culpa explícita.
Solo un hecho.
—Fui creada… para eliminar amenazas —añadió—. Él era considerado una.
Ren sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Kaede apretó la carta entre sus dedos.
—Entonces… —susurró— ¿por qué…?
La pregunta salió sola.
—¿Por qué no…?
No terminó la frase.
Pero Lilia entendió.
—No sé.
La respuesta fue inmediata.
—Tuvo oportunidades.
Más de una.
Su mirada descendió un instante, como si recordara algo.
—Podía haberme matado.
Varias veces.
Pero no lo hizo.
Un silencio cargado de significado llenó la habitación.
—Ni siquiera yo entiendo por qué —continuó—. En ese momento… no tenía valor para él. Solo era un enemigo.
Una pequeña pausa.
—Pero… nunca intentó matarme.
Kaede sintió el pecho apretarse.
Porque eso…
era exactamente algo que Haru haría.
Lilia levantó ligeramente la cabeza.
—Con el tiempo… mi misión cambió.
—¿Te uniste a él? —preguntó Ren.
Lilia asintió.
—Sí.
La respuesta fue simple.
—Después de muchas batallas… comprendí que el verdadero enemigo no era él. Era el Vacío.
Sus dedos se cerraron ligeramente, recordando.
—Desde entonces… luché a su lado.
La habitación permanecía en silencio absoluto.
—La batalla final… —continuó Lilia— fue en el núcleo de la distorsión que estaba destruyendo nuestro mundo. Si no se detenía… todo habría colapsado.
Sus ojos se endurecieron apenas.
—La única forma era sacrificar a alguien… para sellarlo desde dentro.
El peso de las palabras cayó lentamente.
—Yo debía hacerlo.
Kaede sintió el corazón detenerse un segundo.
—Era mi función —añadió Lilia—. Fui creada para eso.
Una pausa breve.
—Pero… él no me dejó.
Todos levantaron la mirada.
—¿Qué…? —susurró Miyu.
La voz de Lilia no cambió.
—Me teletransportó lejos.
El aire pareció desaparecer de la habitación.
—Sin que pudiera detenerlo.
Kaede sintió las lágrimas volver a acumularse.
—Dijo… que yo debía vivir.
La garganta de Lilia se tensó apenas, aunque su expresión se mantuvo firme.
—Y luego… selló la distorsión… desde dentro.
Silencio.
—Ese fue… el final.
Nadie habló.
Porque todos entendían lo que significaba.
Haru…
había elegido morir.
El silencio que siguió al relato de Lilia fue distinto al anterior.
No era solo tristeza.
Era desconcierto.
Kaede sentía la carta temblar entre sus dedos mientras intentaba procesar las palabras que acababa de escuchar. La imagen de Haru —el chico torpe que hablaba de anime con entusiasmo infantil— no encajaba con la idea de alguien enfrentando una decisión tan absoluta como sacrificar su vida para salvar un mundo.
No podía entenderlo.
—…¿Por qué…? —susurró.
La pregunta salió casi sin voz.
Levantó la mirada hacia Lilia.
—¿Por qué lo hizo…?
Sus ojos estaban llenos de dolor.
—¿Por qué… tomó esa decisión…?
Había desesperación en sus palabras.
No era solo curiosidad.
Era necesidad.
Necesidad de encontrar una lógica que hiciera el dolor soportable.
Lilia la observó en silencio durante unos segundos.
Su respuesta fue simple.
—No lo sé.
Kaede parpadeó.
—…¿No…?
—No.
Lilia negó suavemente con la cabeza.
—Nunca entendí completamente sus decisiones.
La honestidad de sus palabras era absoluta.
—Yo… estaba preparada para morir —continuó—. Era mi función. Mi propósito.
Una pequeña pausa.
—Pero él… no lo permitió.
Kaede bajó la mirada.
Porque esa respuesta…
era exactamente Haru.
Alguien que pondría a otros primero sin pensar demasiado en sí mismo.
Ren habló en voz baja.
—Suena como algo que él haría…
Miyu asintió lentamente, con lágrimas aún en los ojos.
—Sí… —murmuró—. Ese idiota…
La profesora Shindo suspiró con suavidad, comprendiendo que algunas preguntas nunca tendrían respuestas claras. Incluso la directora Kurose mantenía una expresión pensativa, consciente de que lo que estaban escuchando pertenecía a un ámbito que escapaba completamente a la lógica de su mundo.
Porque a veces…
las decisiones humanas no se entienden.
Solo se aceptan.
Lilia dio un pequeño paso hacia adelante.
—Necesito pedirles algo.
La atención volvió hacia ella.
—Quiero ir… a la casa de Haru.
Kaede levantó la cabeza de inmediato.
—¿A… su casa…?
Lilia asintió.
—Tengo más cartas.
El aire pareció detenerse otra vez.
—Para su familia —continuó—. Sus padres… y su hermana mayor.
Sus manos se cerraron ligeramente.
—Debo entregarlas.
No había duda en su voz.
No había vacilación.
Solo determinación.
—Fue su pedido.
Una pequeña pausa.
—Y lo cumpliré.
Kaede sintió el corazón apretarse otra vez, pero esta vez no solo por el dolor, sino también por algo distinto: gratitud.
Porque Haru…
había pensado en todos.
Hasta el final.
Thoughts
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PermalinkLo que mas duele es el silencio que respetan Ren y Miyu. Ese acuerdo sin palabras de que este momento es de ella. Eso es lo que da fe.
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PermalinkAlgo en esa carta los completa. Es lo que se siente en las lineas que escribiste, como si todo lo anterior fuera llevando a esto.
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PermalinkEl sonido del papel rompiendose, llenando la habitacion. Esa parte duele de leer. Como si tocara a los otros ahi adentro, a Ren y Miyu en el silencio. Es lo que pasa cuando algo importa de verdad.
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PermalinkHaru esta ahi en la carta. Que momento para Kaede.
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PermalinkLa voz de Haru volvio
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PermalinkEso que la envoltura pese mas de lo que pesa es cosa real. Kaede lo siente cargando los sobres, las maletas, todo lo que importa sin poder decir por que.
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