La mañana había comenzado con la luz del sol iluminando los pasillos de la escuela, tal como lo hacía siempre. El sonido de los alumnos charlando, las risas y el ruido de las mochilas llenaban el aire, tal como ocurría cualquier otro día.
O al menos, esa habría sido la realidad si no fuera porque, desde las primeras horas, un rumor había recorrido el edificio a una velocidad absurda, pasando de boca en boca hasta convertirse en el único tema de conversación posible.
Había un alumno nuevo.
Y no uno cualquiera.
Según decían, la propia directora se encargaría personalmente de hacer la presentación, algo que jamás había ocurrido en la historia de la institución.
Algunos aseguraban que venía de una academia muy prestigiosa del extranjero. Otros juraban que pertenecía a una familia importante de la ciudad. Había incluso quienes afirmaban que su nivel de inteligencia o habilidades estaban muy por encima de lo normal.
Las versiones cambiaban cada diez minutos, creciendo y volviéndose más exageradas con cada paso que daban por los pasillos. Lo único que todos tenían claro era una sola cosa: hoy habría una presentación. Y esa sola idea bastaba para mantener a toda la escuela pendiente de una sola cosa.
Dentro del aula, el ambiente estaba cargado de una inquietud extraña, casi eléctrica. Las conversaciones iban y venían con mayor energía de lo habitual. Algunos alumnos no dejaban de mirar el reloj en la pared, como si el tiempo estuviera pasando demasiado lento. Otros tenían la vista fija en la puerta, esperando ver quién aparecería al otro lado. Y más de uno debatía en voz alta si el nuevo sería un chico guapo o una chica hermosa.
Sin embargo, cerca de las ventanas, apartados del resto del grupo, tres personas conocían la verdad. O al menos, sabían lo que realmente se avecinaba.
Kaede permanecía sentada en su pupitre, tranquila, observando el movimiento en el patio exterior con una pequeña sonrisa comprensiva. Ren descansaba sobre su silla, recostado hacia atrás, apoyando el mentón en una mano y mirando todo el alboroto con cierto aburrimiento.
Y luego estaba Miyu.
Bueno… Miyu tenía los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho, el ceño fruncido y una expresión de absoluta desconfianza y resignación. Parecía que estaba a punto de presenciar el fin del mundo.
—Todavía estamos a tiempo de cancelar esto —murmuró de repente, rompiendo el silencio que compartían los tres.
Ren la miró de reojo, sin cambiar de postura.
—No podemos cancelar a una estudiante nueva, Miyu. Ya está decidido.
—Claro que podemos —insistió ella, girándose hacia él con seriedad—. Podemos decir que se enfermó, que hubo un problema familiar, que se fue a vivir a otro país… lo que sea.
—Miyu…
—¡Solo digo que todavía existe la opción de evitar el desastre!
Ren suspiró largamente, cerrando los ojos un segundo.
—¿Llevas toda la mañana con ese discurso?
—Desde que me desperté, sí. Y con razón.
Kaede dejó escapar una pequeña risa suave, negando con la cabeza.
—No seas tan exagerada, no será para tanto.
—¿¿Exagerada?? —repitió Miyu, señalándose a sí misma con incredulidad—. ¿Dices eso porque no has visto la magnitud del problema? ¡Exagerada sería si dijera que la escuela entera va a colapsar o que los alumnos dejarán de funcionar como personas normales!
Hizo una pausa dramática, mirando hacia la puerta del salón como si fuera la entrada a un volcán.
—Y te lo aseguro: eso es exactamente lo que va a pasar en cuanto cruce esa puerta.
Ren soltó una risa baja, moviendo la cabeza.
—Al menos ya lo aceptaste al fin.
—No lo acepto, lo estoy anunciando como una advertencia oficial.
—Llevas tres días diciendo lo mismo.
—Y llevo tres días teniendo toda la razón del mundo. ¿Recuerdas el centro comercial? ¿Recuerdas lo que pasó en la cafetería?
Kaede guardó silencio. Porque en el fondo, entendía perfectamente lo que Miyu intentaba decir. Después de todo, ellas habían visto a Lilia en acción. Habían caminado con ella por calles llenas de gente y habían visto cómo todas las miradas se giraban instintivamente hacia su figura. Habían sido testigos de cómo, sin hacer absolutamente nada, ella lograba que todo a su alrededor dejara de importar.
Miyu comenzó a contar con los dedos, marcando cada evento con pesar.
—Primero fue el centro comercial: caos total. Luego el salón de juegos: destrucción de récords y autoestimas. Después la cafetería: todos mirando. Luego los tipos de la máquina de fuerza: humillados sin querer. Y ahora… ahora le toca el turno a la escuela, que es el lugar con más gente junta de todos.
Levantó la vista hacia sus amigos, con cara de tragedia.
—Mis conclusiones son claras: estamos condenados. No hay vuelta atrás.
—Drama queen —le susurró Kaede con cariño, aunque una sonrisa nerviosa se le escapaba.
—¡No es drama si es la pura verdad! —se defendió Miyu.
En ese momento, la puerta del salón volvió a convertirse en el centro de atención de todo el grupo. Todavía faltaban unos minutos para que sonara el timbre de inicio de clases, pero la expectativa en el aire era casi tangible, pesada y emocionante al mismo tiempo.
Ren observó aquel ambiente durante unos segundos, analizando todo, antes de hablar con un tono más serio y reflexivo.
—Aunque, honestamente… creo que eso ni siquiera será el verdadero problema.
Miyu lo miró al instante, sospechando.
—¿A qué te refieres? ¿Acaso hay algo peor que lo que ya dije?
Ren apoyó ambos brazos sobre el pupitre y se inclinó un poco hacia ellos, bajando la voz como si fuera una confidencia.
—Todos aquí, tú incluida, solo están pensando en cómo reaccionará la escuela ante Lilia. En cómo se van a quedar todos boquiabiertos, en cómo llamará la atención, en cómo todos la mirarán.
Hizo una pausa, mirando por la ventana, hacia el horizonte.
—Pero yo estoy mucho más preocupado por cómo reaccionará Lilia ante la escuela.
Ese comentario hizo que ambas guardaran silencio absoluto. Porque tenía sentido. Mucho sentido.
Después de todo… Lilia no era simplemente una chica nueva que venía de otra ciudad o de otro país. Ella venía de otro mundo.
Era alguien que había pasado toda su vida entre guerras, entrenamiento riguroso y disciplina absoluta. Alguien que había crecido recibiendo órdenes, cumpliendo misiones y sobreviviendo en campos de batalla donde el error significaba la muerte. Alguien para quien conceptos tan simples y cotidianos como:
Amistad, diversión, vacaciones, clubes escolares, recreo, eran prácticamente desconocidos, o al menos, cosas que nunca había podido experimentar ni entender del todo.
Kaede bajó ligeramente la mirada hacia sus manos, asintiendo lentamente.
—Es verdad… no pensé en eso. Para nosotros esto es normal, es nuestra vida de siempre… pero para ella todo esto es completamente nuevo.
Ren asintió, grave.
—Exacto. Mira alrededor. —Señaló el salón con la mirada—. Las conversaciones sin sentido, las risas por tonterías, los alumnos intercambiando apuntes, las pequeñas discusiones por cosas sin importancia, el tiempo libre… Todo esto es algo que ella jamás ha vivido. Ella está acostumbrada a estar siempre alerta, a protegerse, a luchar. Aquí nadie espera que ella luche. Aquí nadie le da órdenes militares. Aquí nadie quiere que ella sacrifique su vida.
Miyu permaneció en silencio unos segundos, y por primera vez en toda la mañana, dejó de lado sus miedos por su propio orgullo o por lo que dirían los demás. Comprendió la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
Lilia estaba entrando en un mundo que no conocía, uno que era suave, tranquilo y lleno de cosas pequeñas que para ella debían ser extrañísimas.
Kaede sonrió suavemente, con ternura, mirando hacia la puerta.
—Estará bien. No te preocupes.
—Sí —respondió Ren, relajándose de nuevo—. Nosotros estaremos con ella en todo momento. Le explicaremos lo que no entienda. Si se confunde, estamos ahí para ayudarla.
Miyu finalmente suspiró, rindiéndose ante la realidad.
—Supongo… aunque si termina convirtiendo la clase de matemáticas en una misión de reconocimiento, yo me lavo las manos.
Y entonces…
El murmullo constante de conversaciones en el salón comenzó a disminuir, bajando de volumen poco a poco, uno por uno, como una reacción en cadena. Algunos alumnos se giraron hacia la puerta. Otros se enderezaron en sus asientos instintivamente. Alguien cerca de la entrada murmuró con voz emocionada:
—Ya vienen…
Desde el pasillo exterior comenzó a escucharse el sonido de pasos rítmicos, firmes y elegantes. Primero uno, luego varios más que se acercaban cada vez más.
Kaede levantó la vista con determinación. Ren hizo lo mismo, preparándose para lo que vendría.
Y Miyu tragó saliva.
Porque ella conocía perfectamente esos pasos. Conocía ese ritmo, esa seguridad, esa forma de caminar que parecía desafiar a la gravedad. Y sabía exactamente quién venía detrás de esa puerta, caminando junto a la directora y la profesora.
La persona que estaba a punto de cambiar por completo la tranquilidad de aquella escuela, y que, sin quererlo ni buscarlo, estaba a punto de poner el mundo patas arriba.
Los pasos se detuvieron justo frente a la puerta del salón.
Y entonces, las hojas se abrieron lentamente.
La escasa conversación que todavía flotaba en el aire desapareció poco a poco, apagándose como una vela ante una corriente de aire. El silencio comenzó a extenderse desde la entrada hacia el fondo, hasta cubrir cada rincón del aula.
Primero entró la directora.
Como siempre, caminaba con esa elegancia natural y esa autoridad serena que la caracterizaban. Detrás de ella apareció la profesora Akari, que se dirigió directamente a su escritorio, pero no pudo evitar observar de reojo a los alumnos, quienes, en ese momento, parecían estar conteniendo la respiración al mismo tiempo.
Todos sabían qué venía.
O mejor dicho... sabían quién venía.
La directora se detuvo frente al pizarrón, giró sobre sus talones y miró a la clase con calma.
—Buenos días a todos.
—Buenos días —respondió el grupo al unísono, casi por reflejo.
Pero nadie estaba realmente prestando atención a ese saludo. Todas las miradas estaban clavadas en el espacio vacío que quedaba junto a la puerta, esperando. Ansiosas. Impacientes.
La mujer suspiró ligeramente, notando la tensión palpable.
—Por las caras que tienen, puedo asumir que los rumores ya han llegado a cada rincón de la escuela, ¿verdad?
Se escucharon algunas risas nerviosas y murmullos bajos.
—Así es —continuó ella—. Como se imaginaban, a partir de hoy tendremos una nueva compañera en nuestra clase.
En cuanto dijo eso, los susurros estallaron inmediatamente entre los pupitres.
—¡¿Es una chica?!
—¡Lo sabía! Sabía que era chica!
—¿De qué escuela vendrá?
—¿Será extranjera?
—¿Será simpática?
—¡Espero que sea linda!
Al fondo, cerca de la ventana, Miyu se cubrió el rostro con ambas manos, deslizándolas hacia abajo hasta quedarse mirando todo con expresión de tragedia.
—Ya empezó... el fin de nuestra tranquilidad.
Ren, recostado en su silla, asintió con la misma resignación absoluta.
—Y todavía no han visto nada. Espera a que cruce la puerta.
Kaede simplemente observaba el espacio vacío junto a la directora. No decía nada, pero sonreía levemente. Porque ella sabía perfectamente lo que estaba a punto de ocurrir, y sabía que ninguna preparación del mundo habría servido para lo que venía.
La directora giró ligeramente la cabeza hacia el pasillo y extendió una mano invitando a pasar.
—Puedes entrar.
Y entonces...
entró Lilia.
El silencio que se hizo en ese instante fue instantáneo, brutal y absoluto.
Fue como si alguien hubiera presionado un interruptor y hubiera apagado el sonido del mundo entero.
Todos los alumnos quedaron inmóviles. Congelados. Porque la chica que acababa de cruzar el umbral no parecía ser parte de esa realidad, ni de esa escuela, ni de ese mundo.
Su largo cabello dorado descendía por su espalda como una cascada de oro puro, iluminada por los rayos del sol de la mañana que entraban por las ventanas, brillando con un resplandor que ningún tinte o producto podía lograr. Sus ojos, de ese tono azul violáceo profundo y único, recorrieron el aula con una calma imperturbable, analítica y serena, como si estuviera evaluando el terreno antes de establecerse.
Vestía el uniforme escolar, pero era como si las prendas hubieran sido confeccionadas exclusivamente para ella. La chaqueta azul oscuro se ajustaba a su figura resaltando una elegancia que no se enseñaba en ninguna clase; la blusa blanca permanecía impecable, sin una sola arruga; el lazo rojo descansaba sobre su pecho como un detalle decorativo de realeza; y la falda escolar se movía acompañando cada uno de sus pasos con una naturalidad fluida y perfecta.
Y aun así... lo que más llamaba la atención no era su ropa, ni su altura, ni sus rasgos perfectos.
Era ella.
Su presencia. Esa forma de caminar erguida, digna, con la espalda recta como una lanza, transmitiendo una seguridad absoluta. Parecía alguien acostumbrada a que cientos de personas la observaran, acostumbrada a estar en el centro de todo, acostumbrada a que nada pudiera alterarla o hacerla dudar. Era como si estuviera completamente fuera de lugar y, al mismo tiempo, como si encajara perfectamente en cualquier sitio solo por existir.
Lilia avanzó con pasos firmes y silenciosos hasta colocarse justo al lado de la directora.
Y el silencio continuó.
Nadie hablaba.
Nadie respiraba con normalidad.
Nadie apartaba la vista ni un segundo.
Miyu cerró los ojos lentamente, rindiéndose ante la evidencia.
—Sí... esto es una catástrofe.
—Y nosotros ya estamos muertos —terminó Ren, negando con la cabeza.
La propia directora, mujer de carácter fuerte y difícil de impresionar, estaba sintiendo cómo el desastre se acercaba. Pero tomó aire y decidió seguir adelante con el protocolo.
—Por favor, preséntate ante tus nuevos compañeros.
Lilia asintió con elegancia. Dio un paso al frente, colocándose en el centro de todas las miradas, y habló con su tono habitual: sereno, directo, claro y sin rastro de nervios ni timidez.
—Mi nombre es Lilia Haruno.
Un apellido que la escuela había preparado para ella, un apellido que ahora llevaba con orgullo: el mismo apellido de Haru.
—Soy prima de Haru Haruno. Vivía en el extranjero y recientemente me he trasladado a esta ciudad para vivir con su familia. A partir de hoy estudiaré junto a ustedes en este salón.
Hizo una pequeña inclinación de cabeza.
Perfecta.
Formal.
Milimétrica.
Como si hubiera entrenado esa reverencia mil veces.
—Espero poder llevarme bien con todos y cumplir adecuadamente con mis deberes como estudiante.
Terminó. Se enderezó y esperó.
Silencio.
Nada.
Absolutamente nada.
Todo el salón seguía inmóvil, observándola con la boca entreabierta. Algunos tenían los ojos tan abiertos que parecían salírseles de las órbitas. Otros parecían haber olvidado completamente cómo parpadear. Incluso varios chicos se habían quedado con la boca abierta, totalmente desconectados de la realidad.
Lilia observó la situación durante unos segundos, procesando la falta de respuesta. Luego giró la cabeza lentamente hacia la directora, con una expresión de genuina duda.
—Directora.
—Dime, Lilia.
—¿Realicé incorrectamente la presentación? ¿Olvidé mencionar algún dato necesario?
La directora cerró los ojos y se pellizcó el espacio entre las cejas, sintiendo un ligero dolor de cabeza llegar. Porque sabía perfectamente qué era lo que estaba ocurriendo. Y lo había visto desde el instante en que Lilia cruzó la puerta.
No era un problema de presentación.
Era un problema de existencia.
La mujer soltó un largo y pesado suspiro.
—No, Lilia. La presentación fue perfecta.
—Entonces no comprendo la reacción del grupo —respondió ella, mirando a los alumnos como si fueran una unidad enemiga extrañamente inactiva—. Parecen estar en estado de shock o parálisis. ¿Es una costumbre de esta escuela?
—Créeme... —la directora volvió a suspirar, sintiéndose derrotada—. Yo tampoco quiero comprenderla ahora mismo.
Y entonces...
el salón explotó.
—¡¡ES DEMASIADO LINDA PARA SER REAL!!
—¡¡¿PRIMA DE HARU?!! ¡¡¿HARU TENÍA UNA PRIMA ASÍ?!! ¡¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE NUNCA SUPIERAMOS DE ELLA?!!
—¡¡ESO ES LITERALMENTE IMPOSIBLE!!
—¡¡¿VIENE DEL EXTRANJERO?!! ¡¡DE QUÉ PAÍS SALEN GENTE ASÍ?!!
—¡¡¿VIERON SUS OJOS?!! ¡¡TIENEN UN COLOR QUE PARECE MÁGICO!!—¡¡¿VIERON SU CABELLO?!! ¡¡BRILLA DE VERDAD!!
—¡¡¿VIERON TODO EN GENERAL?!! ¡¡ES PERFECTA DE PIES A CABEZA!!
—¡¡NO PUEDE SER HUMANA!!
—¡¡PARECE UNA ACTRIZ DE CINE!!
—¡¡PARECE UNA MODELO INTERNACIONAL!!
—¡¡PARECE UNA PRINCESA DE CUENTOS!!
El ruido fue ensordecedor al instante. Se escucharon mesas arrastrándose, sillas cayendo, gente levantándose sin querer, preguntas volando por todos lados, exclamaciones de asombro y admiración por todas partes.
Miyu dejó caer la cabeza pesadamente sobre su pupitre, golpeando suavemente la madera con la frente.
—Y ahí está... el caos oficial ha comenzado.
Ren asintió lentamente, mirando cómo todos se agolpaban instintivamente hacia el frente.
—Exactamente lo que esperábamos. El desastre anunciado.
Kaede, sin embargo, observaba fijamente a Lilia. Y casi se le escapa una risa completa.
Porque en medio de todo aquel alboroto, de toda esa explosión de emociones y gritos... ella seguía completamente quieta. De pie, seria, mirando a los alumnos que la rodeaban con una confusión absoluta en sus ojos. Ladeaba apenas la cabeza, tratando de entender por qué una simple presentación había provocado una reacción que, para su lógica, era comparable a una invasión enemiga o una emergencia de guerra.
Y lo peor de todo...era que aquello solo había sido el primer minuto de su primer día de clases.
Y la escuela entera todavía no estaba preparada para lo que vendría después.
La clase continuó.
O al menos, técnicamente continuó.
Porque en la práctica, nadie estaba prestando atención.
Ni al pizarrón.
Ni a la explicación.
Ni a los ejercicios.
Ni a absolutamente nada que tuviera la más mínima relación con la materia que se suponía que debían aprender.
La razón de aquella distracción estaba sentada al fondo del salón.
Justo junto a Kaede.
Exactamente en el mismo asiento que alguna vez había ocupado Haru.
Y ese detalle solo hacía que la situación se sintiera todavía más extraña, más emotiva y más especial para todos aquellos que habían conocido al antiguo dueño de ese pupitre.
La profesora Akari ya iba por la tercera repetición de la misma explicación.
Y por quinta vez en lo que iba de mañana...
—¡Ay!
Un trozo de tiza salió disparado desde el frente con una puntería impecable, impactando directamente en la frente de un estudiante que, disimuladamente, estaba girado hacia atrás mirando.
—¿Quiere compartir con toda la clase lo tan interesante que le resulta observar a su nueva compañera? —preguntó Akari sin dejar de escribir, con una sonrisa que parecía amable, pero que ocultaba un peligro mortal.
—N-No, profesora... nada que compartir... —balbuceó el chico, llevándose una mano a la zona del golpe.
—Entonces le sugiero que vuelva a mirar al frente.
—S-Sí, profesora...
La mujer retomó su explicación.
Duró exactamente treinta segundos.
—¡Ay!
Otro proyectil. Esta vez dio justo en el hombro de una chica que intentaba usar el reflejo de la ventana.
—Usted también.
—¡Pero profesora, yo sí estaba mirando hacia adelante! —se defendió ella indignada.
—Estaba mirando a través del reflejo del cristal. No me subestime, yo también fui alumna aquí.
—...
—No me haga repetirlo una vez más.
—Entendido, profesora...
Kaede ya estaba acostumbrada a esa dinámica y observaba todo con una paciencia infinita. Ren intentaba contener la risa con mucha dificultad. Y Miyu, en cambio, estaba disfrutando demasiado el sufrimiento ajeno.
—Se lo tienen bien merecido —susurró con satisfacción.
—Tú también estabas mirando hace un momento —le recordó Ren en voz baja.
—Eso es diferente.
—¿Por qué es diferente?
—Porque yo ya sabía de antemano que es bonita y deslumbra. Ellos no, pobres ingenuos.
—Eso no tiene ningún sentido, Miyu.
—Tiene todo el sentido del mundo del universo.
De repente, otro trozo de tiza salió disparado. Esta vez pasó justo entre los dos, rozando sus narices.
Ambos se enderezaron inmediatamente en sus sillas, rígidos como estatuas.
—Silencio ustedes también allá atrás —ordenó la profesora sin volverse, marcando las letras en la pizarra con más fuerza de la necesaria.
—— Sí, profesora.
— Disculpe, profesora.
Mientras tanto...La verdadera causante de todo aquel revuelo permanecía completamente ajena al caos que generaba.
Lilia escribía.
Y escribía.
Y seguía escribiendo.
Lo hacía con una concentración absoluta, casi militar. Su cuaderno estaba impecable, sin una sola mancha ni borrón. Las notas estaban perfectamente ordenadas por temas, con títulos claros, explicaciones detalladas y una letra elegante y legible que parecía impresa. Era, sin duda, la única persona del salón que realmente estaba prestando atención real a la clase.
Miyu giró apenas la cabeza, acercándose un poco.
—¿Cómo puedes concentrarte así con todo este alboroto alrededor?
Lilia levantó la vista lentamente del cuaderno, parpadeando con calma.
—¿Con qué exactamente?
—¡Con esto! —Miyu señaló discretamente con la mano al resto del salón—. ¿No ves que todos te están mirando? Que susurran, que señalan, que no pueden dejar de mirarte ni un segundo.
Lilia la observó con total serenidad.
—Lo analicé hace unos minutos. No lo considero una amenaza, ni un obstáculo para el aprendizaje. Por lo tanto, no requiere mi atención.
—No te estaba preguntando si era una amenaza... —se quejó Miyu dejándose caer sobre el asiento—. Olvídalo, está claro que no entiendes nada.
Ren aprovechó el momento de silencio para intervenir. Tenía una duda que le daba vueltas en la cabeza desde hacía rato.
—Por cierto, Lilia...
Ella giró ligeramente la cabeza hacia él.
—¿Sí?
—¿Cómo aprendiste el idioma tan rápido y tan bien? —preguntó en voz baja—. Según tu historia, viviste toda tu vida en el extranjero. No es normal hablar y escribir así de bien en tan poco tiempo.
Era una pregunta muy razonable.
Lilia respondió con total naturalidad, como si estuviera hablando de lo que almorzarían.
—Haru me enseñó gran parte del idioma durante los años que estuvimos juntos. Siempre dijo que si íbamos a pelear tanto, al menos quería entenderme bien para discutir mejor.
Kaede sonrió suavemente al escuchar aquello, imaginándose perfectamente la escena.
—Sin embargo —continuó Lilia—, todavía tenía muchas deficiencias y expresiones que no entendía. La familia de Haru me ayudó a perfeccionarlo y a aprender la gramática desde que llegué aquí definitivamente.
—Eso explica muchas cosas, sí —admitió Ren, satisfecho con la respuesta. Pero luego bajó un poco más la voz, acercándose peligrosamente—. Pero hay algo más importante que todavía no entiendo.
—¿Qué cosa?
—Nosotros te vimos —dijo Ren, mirándola fijamente.
Miyu también levantó la cabeza, prestando atención.
—Hace unos días apareciste literalmente en este mismo salón. Frente a todos. En medio de una situación... extraña.
—Sí —asintió ella.
—Nosotros te vimos. Mucha gente te vio. La escuela entera se enteró.
—Correcto.
—Entonces... —Ren entrecerró los ojos— ¿por qué nadie te reconoce hoy? ¿Por qué para todos es como si fuera la primera vez que te ven?
Lilia respondió sin siquiera dejar de escribir sus apuntes, sin cambiar el tono, sin darle importancia.
Como si estuviera comentando el clima.
—Eliminé esos recuerdos.
Silencio.
Un silencio breve pero cargado de impacto.
—¿Qué? —susurró Ren, sintiendo que no había escuchado bien.
—Utilicé magia mental para borrar cualquier recuerdo relacionado con mi aparición anterior y con mi verdadera identidad. Dejé solo la información necesaria para que aceptaran mi historia de la "prima extranjera".
Ren parpadeó varias veces, procesando la bomba que acababa de soltar tan tranquila.
—¿Borraste los recuerdos de... de toda la escuela?
—Sí.
—¿De todos los alumnos? ¿De los profesores?
—Sí. Fue un trabajo minucioso, pero sencillo.
—¿Así de fácil? ¿Solo... puf... y ya?
—Sí.
Miyu abrió los ojos tanto que parecían salírsele de las órbitas.
—¡¡¿Y ESO NO ES UNA HABILIDAD ABSURDAMENTE PELIGROSA?!!! —casi gritó, tapándose la boca al darse cuenta— ¡¿Puedes controlar lo que la gente recuerda o no?!
—Lo es. Es una habilidad de nivel alto —admitió Lilia con calma—. Pero muy útil.
—¡¿Y lo dices como si nada?! ¡Es como ser una diosa o algo así!
—Porque fue necesario para mi integración social. No quería complicaciones ni investigaciones.
Ren todavía intentaba que su cerebro encajara aquella información.
—Espera un segundo... o sea... ¿puedes hacer eso con cualquiera? ¿Conmigo? ¿Con Kaede?
—Sí.
—¿Y podrías borrar algo específico de mi memoria ahora mismo si quisieras?
—Sí. Solo requiero concentración y contacto visual.
Ren se quedó completamente inmóvil, sintiendo un escalofrío real recorrerle la espalda.
—Eso... eso es aterrador, Lilia. De verdad es aterrador.
—Yo lo considero una herramienta muy útil en mis misiones.
—¡Claro que tú lo consideras útil! ¡Tú eres la que tiene el poder! —se quejó Ren, mirándola con nuevos ojos, mezcla de admiración y pánico.
Kaede empezó a reírse bajito, entendiéndolo todo ahora.
—Ahora entiendo perfectamente por qué la directora parecía tan tranquila y segura con toda la historia inventada de tu llegada. Ella lo sabía, ¿verdad?
—Ella colaboró conmigo para facilitar la integración social —explicó Lilia como si fuera una lección de ciencias—. Es mucho más sencillo cuando todos creen lo mismo.
—Eso sigue sonando aterrador, pero impresionante —admitió Kaede.
—Entendido —respondió ella, volviendo a sus apuntes.
Ren levantó un dedo, tenía mil preguntas más en la punta de la lengua.
—Tengo otra pregunta...
No llegó a terminar la frase.
¡TOC!
El trozo de tiza impactó directamente en el centro de su frente.
El golpe fue tan certero, tan preciso y tan fuerte que hizo que su cabeza se echara hacia atrás.
Miyu no pudo contenerse más y soltó una carcajada que resonó en todo el salón.
—¡JAJAJAJA! ¡Te lo tenías merecido por hablar tanto!
—¡¿Por qué a mí otra vez?! —se quejó Ren frotándose la zona adolorida.
La profesora Akari ni siquiera se giró desde el pizarrón, ni dejó de escribir la fórmula matemática.
—Porque lleva diez minutos conversando allá atrás como si estuviera en una cafetería.
—Pero... ¡es que estamos descubriendo cosas aterradoras aquí! —intentó justificarse él.
—¿Quiere otra dosis de tiza para que se quede callado del todo?
—... No, profesora.
—Excelente. Prosigamos.
La profesora siguió escribiendo como si nada.
Ren se frotaba el frente derrotado, mientras Miyu seguía riéndose sin piedad y Kaede trataba de ocultar su propia sonrisa detrás del cuaderno.
Y en medio de todo aquel caos, risas, golpes y secretos revelados...Lilia continuaba tomando apuntes.
Como si nada hubiera pasado.
Como si el caos constante que la rodeaba no existiera.
Como si estuviera completamente sola en el aula.
Pasaron unos segundos de silencio relativo, y ella volvió a hablar sin levantar la vista de sus letras perfectas, con esa voz monótona y seria de siempre.
—La profesora posee una precisión y un control de trayectoria admirables. Debería pedirme que la entrene.
Miyu explotó en carcajadas otra vez, doblada sobre su pupitre.
Incluso Kaede tuvo que taparse la boca para no gritar de la risa.
Mientras Ren, sosteniendo su frente adolorida y mirando a su nueva compañera con resignación, solo pudo suspirar profundamente.
Definitivamente...La adaptación de Lilia al mundo normal, pacífico y escolar iba a ser mucho más interesante, peligrosa y divertida de lo que cualquiera había imaginado jamás.