Minho repitiendo el nombre de Daniel en voz baja mientras todos miran las pantallas de los otros países. En esa sala nadie se acuerda de Daniel salvo él, y la orden de Cheonro de que nadie los interrogue hoy es lo más humano que le he oído en muchos capítulos. Apuesto a que la hermana de Daniel aparece antes de lo que pensamos.
Capítulo 33: Sociedad del nuevo mundo (1)
Pensamiento
Minho repitiendo el nombre de Daniel en voz baja mientras todos miran las pantallas de los otros países. En esa sala nadie se acuerda de Daniel salvo él, y la orden de Cheonro de que nadie los interrogue hoy es lo más humano que le he oído en muchos capít
Contenido de la publicación
Primero surge una línea tenue sobre el horizonte.
Luego, una franja dorada se extiende sobre las montañas. Poco a poco, la oscuridad empieza a retroceder como si algo enorme retirara una manta negra del mundo.
Los ciudadanos miran sin respirar. Algunos lloran. Otros ríen como si hubieran olvidado cómo hacerlo. Los niños señalan el cielo y preguntan qué es aquella luz cálida que toca las murallas, las casas destruidas, el cementerio improvisado y las calles donde, hasta hace unas horas, caminaban los muertos.
Yo permanezco de rodillas mientras Jiwon intenta cerrar mis heridas. Todo el cuerpo me arde. Cada respiración se siente como una cuchilla entre las costillas. Aun así, no aparto la vista del horizonte. Ha amanecido. Entonces, el sistema habla.
[Felicidades a los cazadores del piso 2 por completarlo.]
[Nivel de despeje: SSS.]
Las ventanas aparecen una tras otra frente a todos los participantes.
[Se mostrará la lista de contribución.]
[Kim Cheonro: 90 %.]
[Equipo de Kim Cheonro: 9,9 %.]
[Kang Mujin, Han Jiwon, Seo Doyun, Lee Haejin, Kim Eunbyeol, Kwon Taesung.]
[Cazadores restantes: 0,1 %.]
[Porcentaje insuficiente.]
[No se entregarán recompensas individuales al grupo de contribución insuficiente.]
[Liquidación final del piso 2 en progreso...]
[Se han detectado bonificaciones de experiencia pendientes.]
[Experiencia base elegible acumulada: 300.000.]
[Bonificación de primer ingreso a la Torre: +20 %.]
[Experiencia adicional: +60.000.]
[Bonificación nacional activa: liderazgo provisional de Corea del Sur.]
[Porcentaje nacional aplicado: +10 %.]
[Experiencia adicional: +30.000.]
[Bonificación de «Primer conquistador de la Torre — S»: +5 %.]
[Experiencia correspondiente: +15.000.]
[Esta bonificación ya fue liquidada junto con las recompensas de los objetivos eliminados.]
[Experiencia pendiente obtenida: +90.000.]
[Nombre: Kim Cheonro.]
[Nivel: 9.]
[Experiencia actual: 158.000/250.000.]
[Puntos libres: 0.]
[Recalculando bonificación de oro del primer ingreso...]
[Oro base elegible acumulado durante el piso 2: 7.500.]
[Bonificación correspondiente: +1.500.]
[Bonificación ya entregada: +300.]
[Ajuste pendiente: +1.200.]
[Oro actual: 21.500.]
[Las bonificaciones de primer ingreso han completado su duración de 2 pisos.]
[Estado: agotadas.]
Bien.
Kwon, sentado contra una piedra, apenas consigue levantar la cabeza.
—Noventa por ciento... Capitán, eso ya no es contribuir. Eso es hacer trampa.
Mujin deja escapar una risa cansada que termina en una mueca de dolor.
—Y aun así casi se muere.
—Eso lo hace peor —murmura Haejin, pálida, con la espalda apoyada contra la muralla—. ¿Qué clase de persona consigue un noventa por ciento y termina así?
Jiwon presiona con más fuerza sobre la herida de mi costado.
—Una que no sabe cuándo detenerse.
No respondo. Técnicamente, tiene razón. Eunbyeol observa las ventanas con los ojos muy abiertos. Mi porcentaje no parece sorprenderla. Pasa enseguida a las líneas que anuncian el resultado mundial. Antes de que pueda decir nada, una ventana dorada aparece frente a mí.
No es azul como las demás. Tampoco es roja como las alertas del dios exterior. Su luz es cálida y concentrada, como un pequeño sol encerrado dentro de un cristal.
[Recompensa de grado SSS disponible.]
[Orbe del amanecer — SSS]
[Objeto dimensional.]
[Usos disponibles: 1.]
[Permite crear una puerta hacia un campo de entrenamiento especial.]
[Según el resultado obtenido dentro del campo, se entregarán recompensas estadísticas, equipo, habilidades y títulos.]
Una esfera aparece sobre mi mano. Es pequeña, del tamaño de una fruta, pero pesa más de lo que aparenta. En su interior gira una luz dorada mezclada con fragmentos blancos y líneas rojas muy finas. Como si el amanecer todavía recordara la sangre que costó alcanzarlo.
La descripción continúa.
[Niveles disponibles]
[Fácil]
[Recompensa base: +5 a todas las estadísticas, excepto Suerte.]
[Alta probabilidad de obtener equipo de grado A.]
[Intermedio]
[Recompensa base: +10 a todas las estadísticas, excepto Suerte.]
[Suerte: +1.]
[Alta probabilidad de obtener equipo de grado A+ a S.]
[Difícil]
[Recompensa base: +15 a todas las estadísticas, excepto Suerte.]
[Suerte: +3.]
[Alta probabilidad de obtener equipo de grado S a S+.]
[Infierno]
[Recompensa base: +25 a todas las estadísticas, excepto Suerte.]
[Suerte: +5.]
[Alta probabilidad de obtener equipo de grado S+ a SS.]
[Reglas especiales]
[Los participantes no pueden morir de forma permanente dentro del campo de entrenamiento.]
[Relación temporal: 1 día exterior = 365 días interiores.]
[En caso de derrota, la prueba será reiniciada.]
[El dolor y la fatiga se experimentarán sin reducción. Los recuerdos se conservarán tras cada reinicio.]
[El tiempo consumido no se restituirá.]
[En caso de fallo definitivo, el Orbe del amanecer será destruido.]
[Capacidad máxima: 8 participantes.]
[El propietario deberá ingresar.]
Por primera vez en mucho tiempo, me quedo completamente inmóvil. No por miedo. Por cálculo. Un año entero dentro de un campo de entrenamiento por cada día exterior. No es solo una recompensa. Es una oportunidad absurda. Con eso puedo entrenar al grupo.
Pulir sus errores. Forzar sus cuerpos, sus habilidades y sus mentes hasta un nivel que la Tierra tardaría años en alcanzar. Puedo convertir talento bruto en armas reales. A Kwon, enseñarle a no morir por exceso de confianza. A Mujin, a sostener una línea sin perseguir cada golpe.
A Jiwon, a salvar vidas sin destruirse por aquellas que no puede salvar. A Doyun, a disparar incluso después de fallar. A Haejin, a usar la magia como bisturí y no como explosión. A Eunbyeol... Mis dedos se cierran sobre el orbe.
A Eunbyeol puedo darle tiempo. Tiempo para crecer. Tiempo para aprender. Tiempo para no convertirse en la niña que murió bajo un cielo rojo. El sistema no ofrece algo así por bondad. Nunca. Un campo donde no podemos morir no significa que no podamos sufrir.
Y el modo Infierno, con recompensas de hasta grado SS, no tiene ese nombre por decoración. Kwon se acerca arrastrándose más que caminando.
—Capitán, ¿por qué mirás esa bolita como si te hubiera ofrecido casamiento?
—Porque acaba de ofrecer algo más peligroso.
—¿Más peligroso que el engendro que acaba de enviar un dios exterior?
—Sí.
Haejin abre un ojo.
—Eso no me gusta.
Eunbyeol observa el orbe.
—¿Qué es?
Tardo un momento en responder.
—Una puerta.
—¿A dónde?
—A un lugar donde podemos entrenar.
Mujin levanta la cabeza.
—¿Entrenar cuánto?
Miro la descripción otra vez.
[1 día exterior = 365 días interiores.]
—Mucho.
Jiwon frunce el ceño.
—¿Y cuál es el precio?
Buena pregunta.
—El dolor no se reduce y los recuerdos de cada intento se conservan. Podemos salir enteros y no querer volver a tocar un arma.
El orbe brilla suavemente. Siento una presión familiar. No del sistema. De la Torre. Como si estuviera esperando mi decisión. Fácil. Intermedio. Difícil. Infierno. Las opciones inferiores prometen menos recompensas y, supongo, pruebas menos exigentes. Pero no he regresado con tiempo de sobra. El futuro que recuerdo acabó destruido.
La humanidad ignora lo que viene y los enemigos no esperarán a que estemos listos. Un dios exterior acaba de mirar dentro del segundo piso. Cierro la mano alrededor del orbe.
—No lo usaremos ahora.
Kwon parpadea.
—¿Cómo que no? Después de todo ese silencio dramático pensé que ibas a decir algo como «modo Infierno».
—Lo diré cuando puedan mantenerse de pie.
Mujin sonríe apenas.
—Entonces sí va a ser Infierno.
No respondo. Pero todos parecen entender. Jiwon se lleva una mano a la frente.
—Genial. Sobrevivimos al segundo piso para meternos voluntariamente en algo llamado Infierno.
—No podemos morir dentro —recuerda Doyun.
Haejin deja escapar una risa seca.
—Eso nunca significa que sea bueno.
Eunbyeol sigue mirando el orbe.
—¿Cuánto tiempo tendríamos?
—Si entramos un día completo... un año.
El grupo queda en silencio. Incluso Kwon. Un año. Para ellos es difícil imaginar cuánto puede cambiar una persona en ese tiempo. Para mí es demasiado valioso como para desperdiciarlo. Guardo el orbe. La luz dorada desaparece de mi mano, absorbida por el inventario.
[Orbe del amanecer — SSS almacenado.]
La ciudad continúa celebrando el amanecer. Los ciudadanos abrazan a sus hijos, tocan las paredes iluminadas por el sol y lloran frente a las tumbas de quienes no llegaron a verlo. Pero yo ya no miro solo aquel cielo. Miro el camino que se abre después.
La humanidad todavía ignora cuánto tiempo le concederá la Torre. Corea del Sur tiene una ventaja demasiado visible. Mi nombre volverá a sacudir el mundo. Y en mi inventario descansa una herramienta capaz de convertir a un grupo de novatos talentosos en algo que ningún gobierno podrá ignorar.
Respiro hondo. La luz del sol cae sobre mi rostro. Por primera vez en aquel piso, el calor no duele.
—Volvamos —digo.
La Torre responde.
[Preparando retorno a la Tierra.]
[Tiempo restante: 10 segundos.]
Eunbyeol mira la ciudad por última vez. Jiwon cierra los ojos. Mujin aprieta la espada. Doyun sostiene su arco. Haejin deja escapar un suspiro largo. Kwon sonríe.
—Bueno, capitán... admito que este piso estuvo un poquito intenso.
Lo miro.
—Esto recién empieza.
La luz nos envuelve. Durante un instante, el peso de mi cuerpo desaparece. La ciudad queda atrás: las murallas iluminadas por primera vez, los ciudadanos llorando bajo el sol y Seong junto a su padre, sosteniendo una llama que ya no parece una prisión.
Después, todo se vuelve blanco.
[Retorno a la Tierra en curso.]
[Sincronizando cuerpos reales.]
[Aplicando protección mínima de retorno.]
[Advertencia: las heridas obtenidas dentro del piso no serán anuladas por completo.]
El suelo aparece bajo mis pies. Olor a desinfectante. Metal. Aire acondicionado. Luces blancas. Hemos vuelto. El ruido de la Tierra nos alcanza antes de que consigamos orientarnos. Apenas se quiebra la luz del sistema, escucho gritos al otro lado de la sala de contención. Alarmas. Pasos corriendo. Voces por radio. Médicos dando órdenes. Soldados bloqueando pasillos.
No es una recepción preparada. Es una crisis. Mujin aparece de rodillas, con la espada todavía en la mano y la armadura rota. Kwon cae de espaldas.
—Estoy vivo... —murmura mientras mira el techo—. Eso ya cuenta como victoria.
Doyun se sostiene sobre su arco y respira con dificultad. Haejin se desploma sentada, pálida y con los ojos perdidos. Jiwon llega de pie, pero casi cae hacia delante. Aun así, lo primero que hace es buscar heridos.
—¿Quién está sangrando?
—El capitán —responde Kwon.
Eunbyeol aparece en silencio, con la libreta apretada contra el pecho. Su ropa está hecha jirones y su rostro, cubierto de polvo y sangre seca, pero sus ojos todavía se mueven, registrándolo todo. Después aparecen los cazadores rescatados. Y el ambiente cambia.
Los nueve supervivientes que sacamos del santuario no regresan como vencedores. Regresan como personas que dejaron algo de sí mismas dentro de aquella montaña. Minho cae de rodillas apenas toca el suelo. No grita. No llora. Solo mira sus manos como si esperara seguir viendo la sangre de quienes no pudieron regresar.
La mujer que perdió un ojo empieza a hiperventilar en cuanto ve las luces del techo.
—No... no... no otra vez...
Intenta cubrirse la cara.
—La luna... apaguen la luna...
Un médico intenta acercarse y ella retrocede arrastrándose por el suelo, aterrada.
—¡No me cuelguen! ¡No me cuelguen otra vez!
Otro cazador aparta de un manotazo la vía que un médico intenta colocarle y empieza a arañarse los brazos.
—Las cadenas... las cadenas siguen ahí...
No hay cadenas. Solo marcas. Pero para él todavía aprietan. Una joven permanece inmóvil, de pie y con los ojos abiertos. No responde a las voces ni reacciona cuando alguien se acerca. Parece no entender que ha regresado a la Tierra. Jiwon se acerca con cuidado y mantiene las manos a la vista.
—Estás a salvo.
La joven no parpadea.
—No hables —susurra—. Si hablamos, nos escuchan.
Jiwon se detiene. Su expresión se quiebra. Puede cerrar heridas. Puede detener hemorragias. Pero no sabe cómo curar algo así. Minho levanta lentamente la cabeza.
—Daniel...
Nadie responde.
—Daniel dijo que buscara a su hermana...
Su voz se rompe.
—¿Dónde está Daniel?
Guardo silencio. Él ya sabe la respuesta. Parece esperar que alguien se la niegue. La puerta blindada de la sala se abre con violencia. Entran médicos, soldados y agentes de la Asociación Coreana de Despertados. Algunos traen camillas; otros, armas. Durante unos segundos se estorban en la puerta, sin saber si acercarse o dejar espacio.
Detrás de ellos aparece Jang Seongho. Por primera vez desde que lo conozco, su rostro no parece controlado. Está pálido y tenso, con una tableta apretada en la mano. Sus ojos recorren la sala. Primero mi grupo. Después los cazadores rescatados. Después yo.
—Kim Cheonro.
—Señor Jang.
—El mundo está al borde del colapso.
Kwon levanta una mano desde el suelo.
—Nosotros también, por si sirve de algo.
Nadie se ríe. Jang me muestra la tableta. Hay decenas de transmisiones abiertas al mismo tiempo. Estados Unidos. Japón. China. Rusia. Francia. Brasil. India. Alemania. Reino Unido. Canales de noticias, conferencias de emergencia, hospitales saturados, familiares llorando frente a edificios militares. Y en todos aparece el mismo tema.
Grietas. No habíamos sido los únicos. Mientras Corea del Sur enviaba cazadores al segundo piso, otros países también habían intentado avanzar. Algunos lo hicieron por miedo a quedarse atrás. Otros por orgullo. Otros porque creyeron que la Torre funcionaba como una competencia.
Mandaron equipos. Cazadores entrenados a la fuerza. Militares recién despertados. Personas con habilidades sin comprender. Los empujaron dentro de las grietas con protocolos incompletos y confianza prestada. Ninguno de esos equipos ha regresado. Jang desliza un dedo por la pantalla. Aparecen listas de bajas.
Demasiadas. Equipos completos desaparecidos. Salas de contención vacías. Familias esperando frente a puertas que nunca volvieron a abrirse.
—Estados Unidos perdió a treinta y dos cazadores —dice Jang—. Japón, dieciocho. China no confirmó cifras, pero nuestros informes hablan de más de cincuenta. Rusia cerró sus instalaciones y no responde. La Unión Europea exige una reunión de emergencia.
Pasa a otra imagen. Una base militar extranjera. Una grieta abierta. Soldados apuntando al vacío. Nadie sale.
—Enviaron equipos apenas se abrieron los accesos —continúa—. No esperaron los resultados de quienes habían entrado primero.
Eunbyeol aprieta la libreta contra el pecho.
—No entendieron el tipo de escenario.
—No —respondo.
No lo habían entendido. Creyeron que era una mazmorra. Una misión. Un combate. No una ciudad condenada. No un piso donde la moral, la resistencia, la lectura del entorno y las decisiones crueles importaban tanto como la fuerza. Jang traga saliva.
—Hasta ahora, ustedes son el único equipo del que tenemos un despeje confirmado.
Como si el sistema esperara esas palabras, una ventana aparece ante todos.
[Felicidades a los cazadores de Corea del Sur por despejar por primera vez el piso 2.]
[Se registra un único país de 195 en completar con éxito el piso 2.]
[Los intentos de despeje realizados por otros países han fracasado.]
[Se otorgará a los países de la Tierra un plazo de 3 meses para completar con éxito el piso 2.]
[Se registra un país con despeje de nivel SSS.]
[La dificultad del piso 2 será reducida considerablemente.]
[Puntos nacionales otorgados a Corea del Sur:]
[Primer despeje mundial: +5.]
[Evaluación SSS: +4.]
[Supervivencia y contribución colectiva: +2.]
[Total obtenido: +11 puntos.]
[Puntuación nacional acumulada: 20 puntos.]
[Clasificación internacional: primeras posiciones.]
[1.º Corea del Sur: 20 puntos.]
[2.º Estados Unidos: 5 puntos.]
[3.º Japón: 3 puntos.]
[3.º China: 3 puntos.]
[Bonificación de liderazgo nacional vigente para el período mensual en curso.]
[La adjudicación del próximo período dependerá de la clasificación al cierre del mes.]
[Experiencia obtenida dentro de la Torre: +10 %.]
[Probabilidad de obtener botín dentro de la Torre: +5 %.]
[Feliciten a Kim Cheonro por su sobresaliente desempeño.]
El silencio que sigue resulta peor que cualquier grito. Incluso los soldados dejan de moverse. Los médicos miran las ventanas con el rostro desencajado. Los cazadores rescatados ni siquiera parecen notar los anuncios. Siguen atrapados en otro lugar. En la cueva. En las cadenas.
En la luna roja. Minho empieza a reír. Una risa baja, rota, sin alegría.
—Fracasaron...
Se cubre la cara con ambas manos.
—Todos fracasaron...
La mujer del ojo perdido comienza a llorar.
—Entonces... ¿los demás también están ahí?
Nadie responde. Ella entiende de todas formas.
—No... no...
Jiwon se arrodilla a su lado y abre los brazos sin tocarla. La mujer es quien termina aferrándose a ella, como si todavía estuviera cayendo.
—No quiero volver. No quiero volver. No quiero volver...
—Ahora no vas a volver —dice Jiwon, aunque su propia voz tiembla.
Miro a Jang.
—Los rescatados necesitan un sector protegido, atención médica, apoyo psicológico y seguridad. Nadie los interroga hoy. Nadie les muestra noticias. Nadie les pregunta qué vieron hasta que puedan respirar sin pensar que siguen colgados de una pared.
Jang asiente de inmediato.
—Entendido.
—Y que no los traten como fracasados.
Su mirada se endurece.
—Me aseguraré de que el personal lo tenga claro.
Jang llama a uno de los médicos y le transmite la orden. Uno de los agentes se acerca con cautela.
—Señor Kim, el presidente solicita comunicación inmediata. Los países aliados están pidiendo información. Algunos gobiernos creen que Corea ocultó una estrategia de despeje.
Kwon deja escapar una carcajada débil.
—Claro. Nuestra estrategia secreta era casi morir todos.
Mujin intenta levantarse, pero Jiwon lo obliga a sentarse con una mano sobre el hombro.
—Tenés varias costillas fisuradas —le recuerda—. Tu criterio dejó de importar cuando intentaste ponerte de pie por tercera vez.
Mujin abre la boca, lo piensa mejor y permanece sentado. Eso es progreso. Incluso en medio del caos, siguen siendo ellos. Pero afuera el mundo se está rompiendo. Jang baja la voz.
—Señor Kim, hay manifestaciones frente a varias grietas. Familias exigiendo respuestas. Gobiernos acusándose entre sí. Algunos medios dicen que Corea sacrificó a cazadores extranjeros. Otros dicen que usted alteró la dificultad para impedir que otros países ganaran recompensas.
Me enderezo, aunque la herida del costado casi me hace caer.
—La gente busca culpables cuando no entiende su miedo. Y los gobiernos buscan control cuando no comprenden una amenaza. Esa acusación no necesita tener sentido para volverse peligrosa.
Eunbyeol da un paso al frente.
—Entonces hay que controlar la información.
Jang la mira. Ella abre su libreta. Aunque está agotada, su voz suena clara.
—No publiquen detalles sobre el Orbe, las recompensas ni las habilidades. Pero sí deben advertir sobre la naturaleza del piso: defensa de ciudad, muertos vivientes, núcleos mágicos, toma de decisiones prolongada, necesidad de mando y soporte médico. Si otros países siguen enviando equipos como si fuera una incursión normal, van a morir más.
Jang la observa unos segundos.
—¿Usted es Kim Eunbyeol?
—Sí.
—Su nombre también apareció en el registro de contribución del equipo.
Ella no reacciona.
—Entonces use eso para que escuchen. No para exponernos.
Jang dirige la mirada hacia mí.
—Tiene razón.
—Lo sé —respondo.
Eunbyeol me mira de reojo. La comisura de sus labios se mueve apenas. Entonces, la joven catatónica habla por primera vez.
—No salía el sol...
Todos giramos hacia ella. Sus ojos siguen fijos en un punto inexistente.
—Rezamos. Gritamos. Uno de ellos dijo que nos iban a usar para alimentar la noche...
Su respiración se acelera.
—Después escuché huesos. Siempre huesos. Aunque cerrara los ojos, escuchaba huesos.
Jiwon avanza un paso, pero la joven retrocede.
—No me toques.
—Está bien —responde Jiwon, deteniéndose—. No voy a tocarte.
—Ellos decían que si llorábamos, las sombras salían más fácil.
Nadie habla. La sala entera queda helada. La joven empieza a temblar.
—Yo intenté no llorar.
Minho baja la cabeza. La mujer del ojo perdido se tapa los oídos. Haejin cierra los ojos con fuerza. Doyun aprieta el arco hasta que los nudillos se le vuelven blancos. Mujin deja de intentar levantarse. Kwon no hace ningún comentario. Esa es la verdadera recompensa de los cazadores restantes. No oro. No experiencia. No habilidades. Solo regresar con suficientes recuerdos como para no poder dormir. Jang da una orden en voz baja.
—Equipo médico de trauma. Ahora.
Los médicos empiezan a moverse con mayor cuidado. Ya no tratan a los rescatados como a simples heridos. Los tratan como a supervivientes de algo que ninguno está preparado para comprender. Miro las pantallas. El mundo entero está alborotado. Corea celebra y tiembla al mismo tiempo.
Los demás países lloran a sus muertos, ocultan cifras o buscan culpables. La humanidad acaba de aprender una verdad muy simple. Entrar en la Torre no significa regresar. Y completar un piso no significa salir entero. Jang se acerca.
—El presidente sigue esperando.
—Que espere.
—No podrá esperar mucho.
—Entonces hable usted primero.
—¿Qué le digo?
Miro a los cazadores rescatados. A Minho repitiendo el nombre de Daniel en voz baja. A la mujer que confunde las luces del hospital con la luna roja. A la joven que tiembla cada vez que alguien hace ruido con una cadena o una camilla metálica.
Después observo a mi grupo. Todos vivos. Heridos. Agotados. Pero vivos.
—Dígale que la victoria de Corea no es una medalla.
Respiro hondo.
—Es una advertencia escrita con los cadáveres de todos los que no volvieron.
Jang no responde. Solo asiente, esta vez con la lentitud de alguien que por fin empieza a comprender.
—Cuando salgan de esta sala, comenzará la discusión sobre cuánto debe compartir Corea.
—Ya comenzó.
Detrás de la puerta llegan más órdenes, más pasos y el murmullo de periodistas retenidos al otro lado del cordón de seguridad. Corea ocupa el primer lugar. Estados Unidos ya intenta alcanzarla.
Thoughts
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PermalinkJiwon diciéndole a Mujin que su criterio no sirve, con las costillas fisuradas y todo, mare, mis amigas ya se pelean por eso. ¿Lo del año adentro por cada día afuera lo tenías pensado desde el primer piso?
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PermalinkPensé que el capítulo cerraba con la luz envolviéndolos y la ciudad quedando atrás, y todavía faltaba la mitad: la sala de contención, las pantallas, la chica que dice que si hablan los escuchan. Me alegra que siguiera. Después de tantos pisos ganados, esta es la primera vez que la victoria se ve desde los que no pueden dormir, y Kwon callado pesa más que todos los anuncios mundiales juntos. Apuesto a que el Orbe se usa antes de que los rescatados estén de pie, y que Cheonro lo va a pagar.
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PermalinkLa que más creció en este piso es Eunbyeol. Llega hecha jirones, con la libreta apretada, y le dice a Jang qué publicar y qué no. Me da que Cheonro la está criando para que un día lo reemplace.
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PermalinkTreinta y dos de Estados Unidos, dieciocho de Japón y China que no confirma. Mandaron gente a la fuerza sin saber qué había dentro y ahora buscan a quién culpar, ho. Lo de que Corea sacrificó extranjeros va a ir a más.
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PermalinkMinho repitiendo el nombre de Daniel en voz baja mientras todos miran las pantallas de los otros países. En esa sala nadie se acuerda de Daniel salvo él, y la orden de Cheonro de que nadie los interrogue hoy es lo más humano que le he oído en muchos capítulos. Apuesto a que la hermana de Daniel aparece antes de lo que pensamos.
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PermalinkInfierno, obvio jaja
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PermalinkUn día fuera y un año dentro. Acho, eso suena muy bien hasta que salen con un año más encima y en casa los ven igual que el martes. Apuesto a que eso le pesa más a Eunbyeol que el modo Infierno.
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PermalinkLos cazadores restantes con un 0,1 % y sin recompensa individual, y unas horas después son justo los que no pueden dormir. Esa cuenta del sistema me parece la más cruel del capítulo, porque mide lo que hiciste y nunca lo que te costó. Me da la impresión de que Cheonro va a terminar peleando contra esa forma de contar tanto como contra la Torre.
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PermalinkEste no me entró en un descanso ni a palos. Me llamaron justo cuando Kwon dice que ellos también están al borde del colapso, me reí sola.
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