Yuuto contestando todo por escrito en la libreta, hasta el gracias a Airi por acercarse, me hizo pensar en lo mucho que se puede decir sin abrir la boca. Apuesto a que con ella esa libreta va a llenarse más rápido que con nadie. Veinticinco capítulos y el instituto entero ya tiene nombre y cara para mí!
Capítulo 25: Las sombras detrás del escritorio
La oficina del director estaba envuelta en un silencio profundo, roto solo por el sonido suave del reloj de pared que marcaba el tiempo con calma y el ligero roce de los dedos de él al golpear…
En series
In groups
Pensamiento
Yuuto contestando todo por escrito en la libreta, hasta el gracias a Airi por acercarse, me hizo pensar en lo mucho que se puede decir sin abrir la boca. Apuesto a que con ella esa libreta va a llenarse más rápido que con nadie. Veinticinco capítulos y el
Contenido de la publicación
La oficina del director estaba envuelta en un silencio profundo, roto solo por el sonido suave del reloj de pared que marcaba el tiempo con calma y el ligero roce de los dedos de él al golpear lentamente la superficie del escritorio de madera oscura.
El director estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia abajo.
Desde allí podía ver gran parte del patio central del instituto: grupos de estudiantes caminando entre los edificios, algunos sentados bajo los árboles conversando, risas que sonaban lejanas y normales, toda la rutina cotidiana que él conocía tan bien.
Y en medio de todo ese movimiento…
estaba Yuuto Kurosawa.
No estaba solo.
A su derecha caminaba Ayaka, con esa postura segura y abierta que siempre lo caracterizaba. A su izquierda iba Reika, con su elegancia tranquila y esa mirada que ya no tenía nada de distancia. Unos pasos detrás, Minori hablaba con él como si fuera lo más natural del mundo, sin mostrar ni un solo rastro de la distancia o la desconfianza que muchos esperaban ver.
El director entrecerró los ojos, y una expresión de desagrado se dibujó en su rostro.
No le gustaba nada de lo que estaba viendo.
Porque lo que ocurría frente a sus ojos era exactamente lo que había intentado evitar desde el principio. Yuuto ya no era el chico aislado que todos evitaban sin preguntar. Estaba empezando a dejar de ser “el extraño”.
Y mientras más personas se acercaran a él, más difícil sería mantener el control que había logrado imponer durante tanto tiempo.
—Molesto…
La palabra salió de sus labios casi en un suspiro, cargada de frustración.
Tomó un expediente que estaba sobre su mesa. No era grueso, ni tenía hojas llenas de incidentes graves. En realidad, nunca había existido una razón verdadera para tratarlo de esa manera. Todo había nacido de rumores, de comentarios susurrados, de miedos exagerados y de la comodidad de dejar que alguien más fuera el chivo expiatorio.
Era mucho más fácil aislar a Yuuto que arriesgarse a que su presencia generara problemas que nadie quería enfrentar.
Pero ahora ya no era solo él.
Ahora estaba Ayaka, la presidenta del consejo estudiantil, una de las alumnas más respetadas e influyentes de toda la escuela. Y estaba Reika, su mano derecha, igual de conocida y firme. Y para colmo, estaba Minori-sensei, la nueva enfermera que había llegado hacía pocas semanas y que ya había conseguido una posición de confianza entre estudiantes y profesores.
Todos se habían acercado a él.
Y eso rompía todo lo que él había construido.
—Esto ya pasó la raya… —murmuró el director, golpeando el escritorio una vez con los nudillos, un sonido seco que rompió el silencio de la habitación.
Tomó el teléfono interno y marcó un número corto.
—Llame al subdirector Takemura. Digo, ahora mismo.
No tardaron ni dos minutos en tocar la puerta.
—Adelante.
La puerta se abrió despacio y entró un hombre de unos cuarenta y tantos años, vestido con un traje gris oscuro, lentes de marco rectangular y una expresión que intentaba parecer firme y autoritaria, aunque en realidad siempre tenía el aire de alguien que solo buscaba la aprobación de los demás.
Takemura.
Uno de los encargados de la disciplina y la administración general del instituto. Alguien que prefería seguir las órdenes antes que tomar sus propias decisiones.
—Me llamó, director.
El director señaló con un movimiento de cabeza la silla frente a su escritorio.
—Siéntese.
Takemura se sentó de inmediato, con la espalda recta y una mezcla de curiosidad y nerviosismo.
El director permaneció en silencio unos segundos más, dejando que la tensión creciera lentamente. Era algo que solía hacer: dejar que el otro se preguntara qué estaba pasando, que se sintiera pequeño antes de hablar.
—¿Cómo ve el ambiente de la escuela últimamente? —preguntó finalmente.
Takemura parpadeó, sorprendido por la pregunta. No esperaba algo tan general.
—Bueno… todo parece normal, supongo. No hay problemas graves.
—¿Normal? —repitió el director, apoyando los codos sobre la mesa y mirándolo fijamente—. Porque yo no lo veo así.
Takemura enderezó aún más la espalda.
—¿Se refiere a algún caso en específico?
El director tomó el expediente de Yuuto y lo deslizó sobre la mesa frente a él.
—Yuuto Kurosawa.
Solo ese nombre fue suficiente. Takemura lo reconoció al instante. Casi todos los profesores y miembros del personal sabían quién era, no por sus notas ni su comportamiento, sino por lo que se decía de él. Por las miradas, por la incomodidad que parecía traer consigo sin querer.
—Últimamente su presencia está generando divisiones entre los alumnos —continuó el director con voz baja y clara—. Hay comentarios innecesarios, distracciones, tensiones que no deberían existir.
Takemura guardó silencio. No sabía bien qué responder.
—Lo peor —añadió el director— es que ya no está solo. La presidenta y la vicepresidenta se han acercado demasiado a él. Y ahora incluso la enfermera.
Hizo una pequeña pausa, dándole tiempo a que comprendiera la gravedad de lo que decía.
—No es normal.
Takemura bajó la mirada hacia la carpeta, sintiendo un escalofrío leve.
—¿Cree que el problema sea tan grande como para preocuparnos?
El director entrecerró los ojos.
—¿Está dudando de lo que digo?
La voz se volvió más fría. Takemura tragó saliva de inmediato y negó con la cabeza con rapidez.
—No, para nada. Solo… quería asegurarme de entender bien la situación.
—Lo que digo es muy simple —siguió el director, con una calma que resultaba aún más amenazante—. Ese chico está influyendo en quienes lo rodean de una forma que no es natural. No es normal que las personas más importantes de la escuela, e incluso un miembro del personal, se acerquen tanto a un solo alumno que siempre ha estado apartado.
Golpeó el expediente una vez más.
—Mucho menos alguien como él.
El silencio volvió a caer en la habitación. Takemura no estaba del todo convencido, pero tampoco tenía valor para cuestionarlo. Conocía bien al director: cuando tomaba una decisión, no le gustaba que nadie se la pusiera en duda.
Y además, sabía algo que lo motivaba más que nada: desde hacía meses estaba esperando que quedara libre uno de los puestos administrativos más importantes del instituto. Una recomendación del director podría cambiar todo su futuro.
El director lo observó con atención.
—Como encargado de mantener el orden y la seguridad de todos los estudiantes… es su responsabilidad solucionar esto.
Takemura abrió un poco los ojos.
—¿Qué es exactamente lo que quiere que haga?
El director empujó el expediente hacia él, para que lo tuviera más cerca.
—Observe lo que pasa. Intervenga si es necesario. Y demuestre que todavía tenemos el control dentro de esta escuela.
Y finalmente, con esa sonrisa pequeña y satisfecha que nunca llegaba a sus ojos:
—Hágame ver que todavía puedo confiar en usted.
Takemura miró la carpeta con el nombre de Yuuto escrito en la portada. Cerró la tapa lentamente, sintiendo el peso de lo que acababa de aceptar.
—Entiendo perfectamente. Me encargaré de ello.
—Eso esperaba —dijo el director, volviendo a mirar por la ventana hacia abajo.
Takemura se levantó poco después, se inclinó levemente en señal de respeto y salió de la oficina. La puerta se cerró detrás de él con un sonido suave, pero la sensación de tensión no desapareció.
El director volvió a quedarse solo junto al cristal.
Abajo, en el patio, Yuuto seguía ahí. Rodeado de personas que lo cuidaban y lo apoyaban, con esa luz distinta que había empezado a brillar en él.
Pero el director sabía que eso no duraría para siempre.
Porque en esa escuela todavía había demasiada gente dispuesta a creer lo peor sin preguntar. Y él iba a asegurarse de usar eso en su favor.
Mientras tanto, en el pasillo del segundo piso, Takemura caminaba despacio, con el expediente bajo el brazo y una expresión seria en el rostro. Pero detrás de esa seriedad había algo más: una pequeña llama de oportunidad.
Si lograba “resolver” el problema del que hablaba el director… quizás por fin dejaría de ser solo otro más dentro del instituto.
Y para alguien como él, eso era suficiente para justificar cualquier cosa.
—Hora de almuerzo, cafetería de la escuela—
La cafetería de la escuela estaba mucho más tranquila a esa hora. La mayor parte de los estudiantes ya había terminado de almorzar y solo quedaban pequeños grupos dispersos, conversando en voz baja, unos cuantos revisando sus teléfonos y otros simplemente aprovechando los últimos minutos antes de volver a las clases.
Yuuto estaba sentado cerca de una de las grandes ventanas, en una mesa un poco apartada del resto, como siempre hacía.
Seguía llevando encima toda esa indumentaria que usaba para esconderse del mundo: la capucha cubriendo parte de su cabello plateado, el cubrebocas que ocultaba su rostro, los lentes oscuros y esa ropa holgada diseñada para borrar la forma de su cuerpo, para hacer que pasara desapercibido o, al menos, que su presencia llamara lo menos posible la atención.
Pero aun así, algo era distinto a como solía ser.
Ya no estaba tan encorvado, como si intentara fundirse con la silla. Ya no parecía alguien que quisiera desaparecer completamente de la vista de los demás. Todavía mantenía esa costumbre de bajar la mirada y moverse con mucha cautela, pero ahora, de vez en cuando, levantaba un poco la cabeza, miraba alrededor con calma o simplemente se quedaba escuchando el suave ruido de la cafetería sin tensarse de inmediato.
Y las personas a su alrededor también estaban cambiando.
Las miradas seguían ahí, era imposible que no fuera así. Yuuto seguía llamando demasiado la atención incluso intentando ocultarse de esa forma. Pero ya no eran las mismas miradas de antes.
Antes había miedo, incomodidad, susurros llenos de juicios sin sentido. Ahora había algo diferente: curiosidad, dudas, e incluso una pequeña dosis de culpa.
Porque desde que Ayaka y Reika comenzaron a acercarse a él de forma tan abierta y natural, algo dentro de la escuela había empezado a romperse. La idea de que Yuuto era alguien peligroso o extraño de forma negativa ya no parecía tan sólida como antes. Y ahora que incluso Minori-sensei caminaba con él por los pasillos y le hablaba como si fuera cualquier otro alumno, más y más personas empezaban a cuestionarse si realmente todo lo que habían escuchado era verdad.
Después de todo, nadie podía imaginar que la presidenta del consejo estudiantil, la vicepresidenta y la enfermera escolar se acercarían tanto y con tanta confianza a alguien que supuestamente era una amenaza.
Eso obligaba a pensar. Y pensar era incómodo.
Por eso seguían manteniendo la distancia: porque incluso si algunos comenzaban a sentir curiosidad, todavía tenían miedo al qué dirán, miedo a terminar aislados ellos mismos, miedo a equivocarse.
Yuuto no sabía nada de todo eso. Simplemente seguía comiendo en silencio, con su libreta abierta al lado de la bandeja, concentrado en terminar rápido antes de que llegaran sus amigas.
Entonces, una ligera sombra se detuvo justo frente a su mesa.
Yuuto levantó apenas la vista.
Y la primera cosa que vio fue una chica de primer año.
Era pequeña de estatura, con el cabello corto hasta los hombros, de color castaño claro y unos mechones que se movían suavemente con el viento que entraba por la ventana. Llevaba el uniforme escolar impecable, con la chaqueta de tela oscura que tenía el emblema del instituto bordado en el pecho, y un lazo de colores morados y rojos en el cuello. Sus ojos eran grandes y brillantes, de un tono ámbar muy claro, y tenía esa expresión nerviosa pero decidida de alguien que había reunido toda su valentía solo para estar ahí.
Se llamaba Airi Momose.
Era un rayo de sol en medio de cualquier lugar. Energética, optimista, cariñosa y directa. No le gustaba ver a nadie solo, ni aceptaba las injusticias, y su mayor deseo era que todos sonrieran y se sintieran bien.
En ese momento, sus manos estaban apretadas fuertemente frente a su pecho, y sus mejillas estaban un poco sonrosadas por los nervios. Parecía tan tensa que daba la impresión de que saldría corriendo en cualquier segundo, pero a pesar de eso, no se iba. Esperaba, reuniendo fuerzas una y otra vez.
Yuuto la miró sin entender del todo.
—¿Puedo sentarme? —preguntó ella, con voz suave pero clara, aunque se notaba que le costaba un poco hablar.
Yuuto se quedó quieto durante unos segundos. Claramente no esperaba que alguien se le acercara, mucho menos alguien que no conocía. Miró brevemente hacia los lados, como si pensara que quizás ella se estaba dirigiendo a otra persona, pero ella seguía ahí, esperando, un poco más roja que antes.
—Si no molesto… —añadió ella apresuradamente, por si él tenía alguna objeción.
Yuuto tardó un momento antes de mover muy ligeramente la cabeza, en un gesto silencioso de aceptación.
Airi soltó el aire de inmediato, como si hubiera estado conteniendo la respiración durante demasiado tiempo. Se acercó con pasos pequeños y cuidadosos, tomó asiento justo frente a él y acomodó sus cosas con calma, aunque sus manos todavía temblaban un poco.
El silencio que siguió fue incómodo, mucho más de lo que cualquiera de los dos esperaba.
Yuuto no sabía qué hacer. Nunca tenía que hacer cuando alguien se le acercaba de esta forma, sin que fuera Ayaka o Reika. Y ella tampoco sabía cómo empezar. Sus ojos se movían de un lado a otro, mirando su libreta, su bandeja de comida, la ventana, sin atreverse a fijar la vista en él por mucho tiempo.
Hasta que finalmente reunió toda la valentía que había guardado.
—Yo… quería hablar contigo desde hace tiempo —dijo Airi, mirándolo por un instante y luego bajando la vista de nuevo por los nervios—. Pero nunca me atreví.
Yuuto levantó un poco la cabeza, sin decir nada.
—Todos siempre decían cosas de ti —continuó ella, y se notaba que le costaba un poco decirlo—. Cosas que no entendía muy bien.
Yuuto notó que sus dedos se tensaban apenas alrededor del lápiz que sostenía, pero no se movió. No se cerró, ni se enojó. Solo escuchaba.
—Pero nunca me pareciste alguien malo —añadió Airi rápidamente, como si quisiera borrar cualquier duda que él pudiera tener—. Solo me parecías… alguien muy solo.
Esas palabras fueron como un golpe suave pero directo.
Yuuto se quedó completamente inmóvil. De repente, todo el ruido de la cafetería pareció alejarse un poco, y solo quedaron ellos dos. Nadie le había dicho algo así antes. Nadie le había mirado y visto más allá de las apariencias, más allá de lo que decían los demás.
La chica sonrió, y esta vez hubo más naturalidad en su rostro.
—Y cuando vi que Ayaka-senpai y Reika-senpai estaban contigo, tan tranquilas… pensé que quizás me había equivocado al escuchar tanto a otras personas.
Yuuto bajó lentamente la mirada hacia su libreta. No sabía qué responder, no sabía qué escribir. Porque durante toda su vida, nadie se le había acercado nunca porque realmente quisiera hacerlo. Siempre había sido por obligación, por curiosidad o por miedo.
Pero Airi no tenía nada de eso.
Tomó aire una vez más y luego hizo una pequeña inclinación de cabeza, con mucha amabilidad.
—Mi nombre es Airi Momose. Soy de primer año.
Yuuto tardó unos segundos antes de volver a tomar el lápiz. Escribió con calma y le mostró la página:
“Yuuto.”
Airi soltó una pequeña risa suave, una risa alegre que iluminaba su rostro.
—Lo sé.
Yuuto volvió a quedarse quieto. Y por primera vez en mucho tiempo, alguien se había sentado frente a él sin ninguna presión, sin segundas intenciones, solo porque quería hacerlo.
La conversación entre ambos no duró demasiado, no porque fuera incómoda, sino porque ambos tenían que volver a sus clases pronto. Pero poco a poco comenzó a sentirse extrañamente natural.
Airi seguía siendo nerviosa de vez en cuando, sí, pero también hablaba mucho cuando lograba relajarse un poco. Le contó que todavía se perdía dentro de los pasillos del instituto algunas veces, que le daba miedo hablar con los profesores y que al principio había pensado que Reika era muy seria y un poco intimidante… pero que ahora creía que Minori-sensei era mucho más aterradora cuando estaba enojada.
Yuuto respondió con pequeñas frases escritas en su libreta. No eran largas, nunca lo eran, pero bastaban. Cada palabra escrita le daba a Airi más seguridad, y cada respuesta le hacía sentir a Yuuto que estaba haciendo algo bien.
Ella sonrió varias veces durante esa corta charla. Porque ahora que estaba frente a él, Yuuto no se parecía en nada a la imagen que todos habían construido. No daba miedo, no se veía peligroso, solo parecía alguien muy callado que no sabía bien qué hacer cuando otra persona le hablaba. Y eso lo hacía ver incluso más solitario de lo que ella había imaginado.
Poco a poco, incluso Yuuto comenzó a relajarse. No mucho, pero lo suficiente para dejar de tensar tanto los hombros. Lo suficiente para mirarla un poco más cuando ella hablaba. Lo suficiente para sentir que aquella conversación no era algo malo, sino algo agradable.
Entonces sonó el timbre que avisaba el final del almuerzo.
Los estudiantes comenzaron a levantarse de las mesas, guardar sus cosas y salir poco a poco de la cafetería. Airi también se puso de pie, acomodó su mochila y se ajustó el lazo de su uniforme.
—Creo que ya debemos irnos… —dijo ella, con una pequeña sonrisa en los labios.
Yuuto asintió levemente mientras cerraba su libreta.
Por un segundo, Airi pareció dudar, como si quisiera decir algo más. Luego sonrió con más fuerza.
—Gracias por hablar conmigo, Yuuto.
Yuuto la miró un momento. Luego tomó el lápiz y escribió algo rápido y claro, antes de levantar la libreta para que ella pudiera leerlo:
“Gracias por acercarte.”
Airi abrió un poco los ojos, sorprendida y feliz al mismo tiempo, y sonrió tan ampliamente que pareció que todo el ambiente se iluminaba con ella.
—Hasta luego —dijo ella, haciendo un pequeño saludo con la mano antes de irse hacia la salida.
Yuuto se quedó sentado unos segundos más, viendo cómo se alejaba. Por primera vez en mucho tiempo, no sentía esa pesadez en el pecho que solía sentir cuando alguien le hablaba. No sentía miedo ni vergüenza. Solo una sensación ligera y cálida, como si una pequeña luz nueva se hubiera encendido en medio de su día gris.
Y supo, sin necesidad de palabras, que algo había cambiado de verdad.
Pero justo cuando ambos se preparaban para salir…
una sombra apareció lentamente frente a ellos.
Yuuto levantó apenas la vista.
Y de inmediato sintió cómo algo frío bajaba por toda su espalda.
Era Takemura.
El subdirector.
El hombre permanecía de pie frente a ellos con los brazos cruzados, observando primero a Airi y luego a Yuuto de arriba abajo, con esa mirada que no era abierta ni directa, pero que hacía sentir a cualquiera como si estuviera siendo juzgado sin derecho a defensa.
Toda la cafetería comenzó a bajar el volumen poco a poco.
Porque algo en la forma en que se paraba dejaba claro que eso no iba a terminar bien.
Takemura miró a Airi con desinterés.
—¿Y tú qué haces aquí?
La chica se tensó de inmediato, sus manos apretándose juntas frente al pecho.
—Y-yo… solo…
Takemura volvió a clavar la vista en Yuuto, más dura que antes.
—Momose... ¿verdad? He visto que últimamente pasas bastante tiempo cerca de este alumno.
La chica responde.
—Sí... estábamos hablando.
—Solo quiero asegurarme de que entiendas que algunos estudiantes requieren cierta distancia. No quisiera que terminaras involucrada en un problema.
Airi abrió un poco los ojos, sorprendida y asustada. Yuuto también.
La cafetería entera terminó de quedar en un silencio absoluto. Se escuchaba solo el suave ruido del aire acondicionado y las respiraciones de todos.
Airi tragó saliva, estaba temblando, pero antes de que pudiera decir algo para defenderse…
Yuuto reaccionó.
Dio un paso rápido al frente, colocándose entre ella y Takemura. Cubriendo ligeramente a la chica con su propio cuerpo, quedando él como una barrera frágil pero firme. Airi se quedó detrás de él, apenas asomando un poco la cabeza por su costado.
Ni siquiera lo pensó.
Cuando vio que la mirada del subdirector se dirigía hacia Airi, sus piernas se movieron antes que su cabeza.
Un paso.
Solo uno.
Pero bastó para colocarse delante de ella.
Yuuto estaba temblando. Se notaba claramente en sus hombros, en sus manos que apretaban la libreta con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Incluso la forma en que se mantenía de pie revelaba lo asustado que estaba.
Pero aun así no retrocedió.
Porque por primera vez en mucho tiempo… ya no estaba pensando solo en esconderse. Ayaka, Reika y los demás le habían dado algo que antes no tenía: la fuerza para no huir.
Takemura observó esa pequeña acción, y lejos de detenerse, avanzó un paso más, sintiéndose cada vez más dueño de la situación.
—Así que ahora también te escondes detrás de alumnas menores —dijo con tono burlón—. Es curioso. Primero la presidenta, luego la vicepresidenta… y ahora incluso una estudiante de primer año.
Volvió a mirar directamente a Yuuto con una mirada llena de juicio.
—¿Qué estás usando para tenerlas tan cerca de ti? Es evidente que algo estás haciendo. Nadie se acerca tanto a alguien como tú sin una razón oculta.
Yuuto sintió cómo su respiración se volvía pesada y rápida. El miedo le nublaba un poco la mente, pero no se movió.
Takemura no se detuvo. Su voz se hizo más dura y clara para que todos lo escucharan.
—Nadie se acerca a alguien así por simple amistad. Eso no es normal.
Mientras tanto, en las puertas de la cafetería, dos figuras más llegaban corriendo al escuchar el cambio en el ambiente.
Y detrás de él, Goro Shimizu.
Pero nadie se detuvo a verlos. Takemura seguía hablando, sin importarle que más personas se sumaran.
Airi apretó sus manos con fuerza. Estaba muy asustada, pero aun así dio un pequeño paso hacia adelante, superando su propio miedo.
—Eso no prueba nada —dijo, aunque su voz le temblaba un poco—. Usted no tiene ninguna prueba real.
La cafetería quedó en silencio total. Todos esperaban lo que diría el rector.
Takemura giró lentamente el rostro hacia ella, con una expresión que se había vuelto fría y autoritaria.
—Cállate —dijo con una voz seca y cortante.
La palabra cayó como un golpe. Airi se tensó de inmediato, retrocediendo un poco por instinto.
—Todavía eres una niña —siguió Takemura, acercándose un paso más—. No entiendes cómo funcionan las cosas aquí. Hay personas que saben exactamente cómo manipular a los demás… y él es una de esas personas.
Volvió a señalar a Yuuto con desdén.
Yuuto sintió como si algo dentro de él se congelara por completo.
Takemura siguió avanzando, hasta quedar demasiado cerca. Tanto que Yuuto tuvo que inclinar un poco la cabeza hacia atrás solo para poder mirarlo a los ojos.
—La peor clase de persona es la que se esconde detrás de una imagen frágil para engañar a todos los demás —dijo el rector, con una sonrisa llena de desprecio—. Y creo que ya es hora de que todos vean lo que realmente se esconde debajo de toda esa ropa.
La cafetería entera se quedó inmóvil. Nadie se movió. Nadie habló.
Takemura levantó lentamente la mano y extendió los dedos directamente hacia la capucha que cubría la cabeza de Yuuto.
—Porque dudo mucho que alguien quiera seguir protegiéndote después de ver lo que eres realmente.
Y entonces…
sus dedos tocaron la tela. Solo un momento, pero fue suficiente.
Yuuto reaccionó por puro instinto. Se echó hacia atrás de golpe, intentando alejarse de esa mano que le resultaba tan amenazante. Pero Takemura no lo soltó. Sus dedos se aferraron con fuerza a la tela de la capucha y tiraron de ella con brusquedad, sin importarle que Yuuto intentara apartarse.
Yuuto dio un paso atrás.
Otro.
Sus manos temblaban alrededor de la libreta.
Pensó que el subdirector se detendría.
No lo hizo.
Volvió a estirar la mano.
Esta vez sujetó la tela con fuerza.
En ese mismo instante…
un golpe seco y fuerte resonó en toda la habitación.
La mano de Takemura fue apartada de golpe hacia un lado con violencia. El rector soltó un sonido de sorpresa y tuvo que retroceder un paso para no perder el equilibrio.
Frente a él estaba Minori-sensei.
Su respiración era pesada y rápida. Su expresión no era la suave y amable de siempre. Lo único que brillaba en sus ojos era una rabia fría y profunda, muy diferente a cualquier emoción que hubiera mostrado antes.
—¿Qué demonios cree que está haciendo? —preguntó, con voz baja pero cargada de furia.
Takemura abrió un poco los ojos, claramente no esperaba verla intervenir de esa forma.
Yuuto, por el susto y el movimiento brusco, perdió el equilibrio y cayó hacia atrás sentado en el suelo. Airi dio un paso rápido para ir hacia él, pero no alcanzó a llegar.
Porque ya había alguien más ahí.
Shiori, la bibliotecaria, se arrodilló de inmediato junto a él y lo abrazó con firmeza, cubriéndolo completamente contra su pecho, colocando una mano suave pero segura sobre la parte trasera de su cabeza para protegerlo, como si quisiera ocultarlo del mundo entero. Como si nada ni nadie volviera a tocarlo.
Kaito entró de golpe, su expresión alegre de siempre había desaparecido por completo. Al ver lo que estaba pasando, sus cejas se fruncieron y una ira silenciosa comenzó a crecer en su pecho. Sin dudar ni un segundo, avanzó rápidamente hasta llegar junto a Yuuto y se arrodilló a su lado, poniendo una mano suave pero firme sobre su hombro, dándole apoyo sin decir una sola palabra. Su mirada estaba fija en Takemura, llena de molestia y rechazo hacia lo que estaba haciendo.
Yuuto seguía temblando, mucho más fuerte que antes. Sus manos seguían aferradas a su libreta con tanta fuerza que sus dedos se pusieron pálidos. Su rostro estaba completamente escondido contra el uniforme de Shiori, queriendo desaparecer por completo.
Y justo al lado de ellos, Reika.
Se colocó delante de Yuuto como si fuera un escudo humano. Una rodilla en el suelo, cuerpo inclinado ligeramente hacia adelante, y sus ojos clavados en Takemura con una expresión que muy pocas personas habían visto en ella: no era solo molestia, ni incomodidad… era un odio real y silencioso, una determinación de no dejar que le hicieran daño.
Ayaka llegó apenas un segundo después y se puso a su lado. No estaba llorando, ni estaba nerviosa. Estaba furiosa. Tanto que sus puños estaban cerrados con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron rojos, conteniéndose a sí misma para no lanzarse sobre él y detenerlo de una vez.
Y detrás de Minori-sensei, Goro de pie, inmóvil y alto, mirando a todos los presentes con una mirada serena pero imponente, como una verdadera pared que no permitía que nadie se acercara más de lo necesario.
La cafetería entera permanecía en silencio absoluto. Nadie se movía. Solo se escuchaban las respiraciones agitadas y el leve sonido de los teléfonos que seguían grabando todo lo que pasaba.
Takemura miró a su alrededor y, por primera vez desde que había comenzado todo, se sintió incómodo.
Minori dio un paso más hacia él, sin bajar la guardia.
—¿Se volvió loco? —preguntó, con voz baja pero que llegaba a todos los rincones—. ¿En qué momento creyó que tenía derecho a tocar a un estudiante frente a todos?
Takemura abrió la boca para responder.
—Yo solo estaba… —intentó decir.
—¿Solo estaba qué? —lo interrumpió Minori de inmediato— ¿Exponiéndolo? ¿Humillándolo frente a toda la escuela? ¿Arrancándole la ropa porque usted decidió que tenía ese derecho?
Takemura frunció el ceño.
—Ese chico está manipulando a todos —dijo, tratando de mantener su postura.
Minori soltó una pequeña risa seca, sin ninguna alegría.
—No —respondió ella con firmeza, señalándolo directamente con el dedo—. El problema aquí no es Yuuto. El problema es usted.
Takemura apretó la mandíbula.
—Acaba de intentar agredir a un estudiante frente a decenas de personas —siguió Minori, sin dejar de mirarlo—. Y lo hizo sabiendo que lo estaban viendo. Lo hizo en vivo, para que toda la escuela lo viera.
Miró alrededor, hacia todos los teléfonos que todavía estaban levantados, hacia las cámaras que no se apagaban.
—Lo hizo porque no soporta que Yuuto ya no esté solo.
Takemura desvió apenas la mirada, sin tener nada que decir.
Minori no le dio espacio para escapar.
—Ni siquiera se detuvo a pensar un momento si todo lo que decían de él era verdad —continuó ella, con voz cada vez más fuerte—. Solo escuchó rumores. Solo escuchó chismes. Solo repitió lo que otros habían dicho mil veces antes. Y decidió creerlo porque era más fácil que mirar la verdad.
Luego, bajó la mano y apuntó directamente hacia atrás, hacia donde estaba Yuuto.
—Entonces mírelo bien.
Toda la cafetería volvió la vista hacia él.
Yuuto seguía sentado en el suelo, escondido entre Shiori y Kaito, con Goro detrás protegiendo todo el espacio. Su cuerpo seguía temblando, su rostro oculto, su libreta apretada contra su pecho.
Ya no veían al “chico raro” del que todos hablaban.
Vieron a alguien aterrorizado. Vieron a alguien que no sabía defenderse. Vieron a alguien que solo quería estar tranquilo… y que acababa de tenerle miedo por algo que nadie tenía derecho a hacerle.
Reika seguía parada delante de él, Ayaka a su lado, Airi observándolo con los ojos llenos de preocupación, Kaito sosteniéndolo suavemente, Shiori abrazándolo como si fuera algo precioso y frágil.
Minori volvió a mirar a Takemura.
—¿De verdad cree que alguien así es capaz de manipular a todos? —preguntó, con voz baja pero que resonó en todo el lugar.
Silencio. Nadie respondió.
Porque por primera vez, todos estaban viendo la realidad. No la historia que habían inventado. No los rumores. Solo la verdad frente a sus ojos.
Thoughts
-
PermalinkQué rabia, Takemura.
-
PermalinkCon todos esos teléfonos grabando, el puesto administrativo que Takemura esperaba ya se le fue. ¿El director va a salir a respaldarlo después de esto?
-
PermalinkTantos capítulos de rumores y el expediente que el director golpea es delgadito. Me da que está casi vacío, y que Takemura se va a dar cuenta cuando ya sea tarde.
-
PermalinkYuuto contestando todo por escrito en la libreta, hasta el gracias a Airi por acercarse, me hizo pensar en lo mucho que se puede decir sin abrir la boca. Apuesto a que con ella esa libreta va a llenarse más rápido que con nadie. Veinticinco capítulos y el instituto entero ya tiene nombre y cara para mí!
-
PermalinkYuuto comiendo rápido para acabar antes de que lleguen sus amigas y Airi sin probar bocado de los nervios. ¡Se me pegó el arroz leyendo!
Related posts
-
Capítulo 15: Siete días
Siete días.
-
Capítulo 1: donde nacen las sombras
La Academia Seishin se alzaba sobre una colina cubierta de árboles altos y frondosos, como una fortaleza dedicada al saber. Desde la entrada principal, una larga avenida bordeada de cerezos en flor…
-
Capítulo 21: entre el bien y el Mal
El pastel resultó ser más dulce y suave de lo que parecía a simple vista.
-
Capítulo 5: Lo que no dijimos
La puerta se cerró.
-
Capítulo 13: Los primeros cambios
La casa permanecía en silencio. A esa hora de la mañana solo se escuchaba el suave tic-tac del reloj del comedor y el murmullo del viento moviendo las hojas de los árboles del jardín.
-
Capítulo 12: “El rumor que partió el mundo”
Las clases de la mañana transcurrían con aparente normalidad. Los profesores continuaban sus lecciones, escribiendo en la pizarra y explicando los temas con la misma rutina de siempre. Los…
-
Capítulo 26: Donde la verdad es más profunda
La cafetería seguía completamente en silencio.
-
Capítulo 37: el final de un buen día
Mika se despidió de ambos unos minutos después, ajustándose la correa de su bolsa llena de materiales, asegurándose de que todo estuviera en su lugar.