Me preocupa este Kim. Despierta sin recordar nada, en una guerra imposible. ¿Va a tener a alguien que lo ayude?
Capítulo 2: Piso 1 (parte 1)
Pensamiento
Me preocupa este Kim. Despierta sin recordar nada, en una guerra imposible. ¿Va a tener a alguien que lo ayude?
Contenido de la publicación
El mundo se vuelve caótico.
A mi alrededor, algunas personas rezan, otras gritan y muchas madres abrazan a sus hijos como si sus brazos pudieran protegerlos del fin. Las voces rebotan entre los edificios hasta mezclarse en un ruido incomprensible.
Poco después, todas las pantallas de la ciudad se tiñen de azul.
Entonces comienza el discurso del presidente.
Su rostro está pálido, aunque se esfuerza por mantener la voz firme.
—Ciudadanos de la República de Corea: hace unos minutos se produjo un anuncio de alcance mundial. Les pedimos que mantengan la calma. El Gobierno está trabajando para...
Dejo de escucharlo.
Nada de lo que diga podrá tranquilizar a los creyentes que interpretan esa voz como una señal divina ni a quienes están convencidos de que acaba de anunciarse el fin del mundo.
Mientras el discurso continúa, varios helicópteros aparecen sobre la ciudad. En las calles, soldados y vehículos blindados intentan contener a la multitud, pero ellos también están asustados.
Lo noto en la rigidez de sus manos, en la forma en que sujetan las armas y en cómo sus miradas recorren la avenida, buscando una respuesta que nadie puede darles.
Los rezos y los gritos se mezclan en el aire. Algunas botellas vuelan por encima de la multitud; hay personas que corren sin rumbo, otras caen de rodillas y muchas permanecen inmóviles frente a las pantallas, esperando que alguien les asegure que todo se trata de una broma.
En medio de aquel caos, comienzo a caminar hacia el centro de la avenida.
Puede que apenas recuerde esta época. No sé dónde vivía Kim Cheonro, quiénes eran sus conocidos ni qué clase de vida llevaba antes de que yo ocupara su cuerpo.
Pero hay algo que jamás podría olvidar.
Las grietas.
Pequeñas fisuras abiertas en la realidad.
Al principio son casi imperceptibles: una ligera desviación de la luz, una distorsión mínima, como si el mundo se hubiera doblado alrededor de un punto invisible.
Después crecen.
Se abren.
Respiran.
Y, finalmente, dejan entrar el infierno.
Me detengo en el centro de la avenida. A mi alrededor, los militares forman una barrera de contención y mantienen los rifles apretados contra el pecho. Algunos cañones recorren peligrosamente a la multitud cada vez que alguien hace un movimiento brusco.
Los autos bloquean las calles. Los helicópteros rugen sobre nuestras cabezas y cientos de personas continúan gritando.
Lo ignoro todo.
Extiendo la mano hacia la grieta.
En ese instante, una tonalidad rojiza comienza a apoderarse del ambiente. El aire se vuelve pesado, la luz pierde intensidad y un olor espeso, podrido y dolorosamente familiar se filtra desde el otro lado.
Miasma infernal.
La segunda etapa de la apertura de una grieta.
Entonces aparece una pantalla frente a mis ojos.
[Anuncio mundial]
[Se ha abierto la puerta al primer piso de la Torre.]
[Felicitaciones al cazador Kim Cheonro por ser el primero en encontrar la grieta.]
[Ubicación de la grieta: Corea del Sur.]
[Por ser el primero en encontrarla, se le concede el derecho de entrada.]
[Que la suerte lo acompañe.]
[Mucha suerte para todos. :)]
La humanidad todavía no comprende el significado de esas palabras.
El derecho de entrada no es un privilegio.
Es una amenaza disfrazada de recompensa.
En mi vida anterior, el primer jugador que ingresó al primer piso murió a los pocos minutos. Su muerte completó la apertura de la grieta y permitió que los demonios del piso invadieran la realidad.
Corea del Sur se convirtió en un mar de sangre.
Las calles ardieron, los edificios cayeron y cientos de miles de personas murieron antes de que la matanza terminara.
Solo hubo una razón por la que no continuó.
Durante aquella etapa inicial, una grieta no podía permanecer completamente abierta durante más de veinticuatro horas.
Por ahora.
Inhalo lentamente y luego dejo escapar el aire.
La pantalla cambia.
[¿Desea entrar al primer piso de la Torre?]
[Tenga en cuenta que rechazar la entrada tendrá consecuencias.]
[Sí / No]
Contemplo la grieta.
La oscuridad rojiza del otro lado parece devolverme la mirada.
—Sí.
[Bienvenido, cazador Kim Cheonro.]
[Por ser el primer cazador en ingresar a la Torre, se aplicarán las siguientes bonificaciones:]
[+20 % de experiencia obtenida]
[+20 % de oro adquirido]
[+5 % de probabilidad de obtener botín]
[+10 % de Fuerza]
[Duración: 2 pisos]
[Que la suerte lo acompañe.]
Un mareo violento me atraviesa.
El suelo desaparece bajo mis pies. La ciudad, los gritos, los helicópteros, las pantallas azules y el cielo de 2012 se deshacen como tinta diluida en agua.
Mi visión se apaga.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, el mundo es rojo otra vez.
[Piso 1: Castillo]
[Misión: defienda el castillo hasta el final del asedio.]
[Condición de éxito: el castillo debe recibir menos del 70 % de daño.]
Mi conciencia es arrastrada hacia un cuerpo diferente y, junto con él, una avalancha de información irrumpe en mi cabeza.
Los datos se ordenan como recuerdos prestados.
En este lugar soy el general Dionis, comandante responsable de la defensa del castillo del feudo de Clemen.
Estoy de pie sobre la muralla, con el viento golpeándome el rostro. Frente a mí, en la distancia, un ejército avanza lentamente.
Goblins.
Hobgoblins.
Miles de criaturas cubren el horizonte como una marea verde y oscura.
A ambos lados de la formación, los goblins más pequeños transportan escaleras de asedio sobre los hombros. Otros empujan arietes improvisados con troncos, huesos y piezas de hierro oxidado.
Sus máquinas no son el verdadero problema.
Lo son sus números.
Miles.
Quizá decenas de miles.
De este lado, en cambio, solo tenemos quinientos soldados de infantería, cien arqueros y un general.
Dejo escapar un largo suspiro.
En mi vida anterior, cientos de cazadores tuvieron que ingresar juntos para superar este piso. Sin embargo, ahora no puedo esperar a que la humanidad se organice, a que aparezcan los primeros gremios o a que despierten quienes algún día serán considerados fuertes.
No tengo ese lujo.
Hay un dicho entre los cazadores:
La Torre es justa y cruel.
Justa, porque toda hazaña recibe una recompensa equivalente.
Cruel, porque cada prueba está diseñada para quebrarte antes de que puedas reclamarla.
La reflexión puede esperar.
El enemigo no.
Observo a los soldados apostados en la muralla. Nadie habla y apenas se mueven. Sus manos tiemblan alrededor de las lanzas, mantienen las mandíbulas apretadas y algunos ni siquiera se atreven a mirar al ejército enemigo; contemplan el suelo como si ya hubieran aceptado su muerte.
Terror.
Miedo puro ante una muerte que consideran inevitable.
Lo primero que debo hacer es cambiar esas miradas.
Levanto la voz.
—¡Soldados de Clemen!
Todos se vuelven hacia mí. Algunos lo hacen por reflejo; otros, porque están desesperados por escuchar cualquier cosa que les permita conservar la esperanza.
—¡Miren detrás de ustedes!
Los soldados obedecen.
Detrás de la muralla se extiende la ciudad: casas de piedra, calles estrechas y ventanas abiertas. Hay familias enteras reunidas frente a sus hogares, ancianos aferrados a bastones y niños que todavía no comprenden por qué los adultos a su alrededor están llorando.
Algunos soldados entienden de inmediato lo que intento mostrarles.
Otros continúan demasiado aterrados como para pensar.
Aprieto los dientes y grito con más fuerza.
—¡Eso es lo que vinieron a destruir! ¡No esta muralla ni estas piedras, sino sus hogares y a todas las personas que esperan detrás de nosotros!
El silencio pesa sobre las almenas.
Doy un paso al frente.
—¡Hoy no somos solamente soldados!
Recorro sus rostros con la mirada.
—¡Somos padres, hijos, hermanos y vecinos! ¡Somos lo único que se interpone entre esas bestias y nuestras familias!
Alzo la espada del general Dionis y apunto hacia el ejército enemigo.
—¡Díganme, soldados de Clemen! ¿Vamos a permitir que atraviesen nuestras puertas?
Durante un instante, nadie responde.
Entonces una voz aislada rompe el silencio.
—¡No!
Otra se suma desde el extremo de la muralla.
—¡No!
Y, de pronto, todas las voces estallan al mismo tiempo.
—¡NO!
El clamor sacude las almenas.
Bien.
Pero todavía no es suficiente.
—¡¿Vamos a dejar que quemen nuestras casas y arrastren a los nuestros como si fueran ganado?!
—¡NO!
Esta vez el grito es más fuerte.
La rabia comienza a desplazar al miedo.
—¡Entonces escúchenme bien!
Golpeo la espada contra el parapeto y el sonido del metal se extiende por toda la muralla.
—¡No permitan que pase ni un solo monstruo!
El viento sopla con más fuerza y el ejército enemigo continúa avanzando.
Grito hasta sentir que la garganta me arde.
—¡Por nuestras familias!
—¡POR NUESTRAS FAMILIAS!
—¡Por Clemen!
—¡POR CLEMEN!
Los gritos se repiten a lo largo de toda la muralla. Al principio son voces quebradas; poco después, se convierten en rugidos.
El terror no ha desaparecido, pero ahora está acompañado por la furia, la frustración y la voluntad de luchar.
Por el momento, eso es suficiente.
Un soldado dominado por el miedo muere antes de que comience la batalla. Uno enfurecido, en cambio, todavía puede matar antes de caer.
A lo lejos, un cuerno de guerra responde a nuestros gritos.
La marea de goblins acelera el paso y las primeras escaleras comienzan a avanzar hacia la muralla.
Bajo la espada y busco a los oficiales entre los soldados.
—¡Que todos los responsables de escuadrón se presenten ante mí! —ordeno—. Tenemos muy poco tiempo.
La orden comienza a propagarse de un extremo al otro de la muralla mientras vuelvo a observar al ejército enemigo.
El discurso ya ha cumplido su propósito.
Ahora debo organizar la defensa antes de que comience el primer ataque.
Thoughts
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PermalinkMe preocupa este Kim. Despierta sin recordar nada, en una guerra imposible. ¿Va a tener a alguien que lo ayude?
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PermalinkHabía un silencio en esa muralla antes del grito que me llegó. Soldados sin hablar, con miedo, mirando al piso. Eso duele más que cualquier batalla.
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PermalinkMe confunde el "recordé" que repite. ¿Ya vivió esto antes? ¿Es memoria de otro Kim?
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Permalinklos últimos párrafos son pura adrenalina. ese ritmo de "¡NO! ¡NO! ¡NO!" te arranca del aire, aunque leas en quince minutos
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Permalinkese discurso del general "¡por nuestras familias!" es de película, pero en la vida real es cada conserje, cada electricista, cada día
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PermalinkMe atrapó lo del system. ¿Este Kim sigue en 2012 de verdad o entramos a otra dimensión?
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Permalinkel cambio de "madres abrazando a los hijos" a "goblins en la muralla"... ¿siempre es así el viaje mental en esta historia?
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Permalinkeso de pasar de rezos en la avenida a Torres de fantasía en dos párrafos es brutalmente abrupto
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