El azul siempre fue mi color más amado,
porque el mar siempre fue de mi agrado.
Pero a lo largo de los años,
solo fue más que un daño.
El azul es como una manta fría y pesada,
que me aplasta para convencerme de que no haga nada.
Que no salga y que no me la quite de encima,
dejando mis esperanzas a la deriva.
Cuando el azul completamente me elnvuelve,
el color me mancha y se pega de forma rebelde.
Las manchas tardan días en irse,
haciendo que mis sentimientos dejen de sentirse.
Adormece tanto que ni siquiera puede escribir,
porque no hay nada realmente que describir.
Aunque hay personas que me manchan de amarillo,
solo necesita un día para que el color pierda su brillo.
Pero no creo que el azul pueda asfixiarme,
porque las prosas siempre logran aliviarme.
Me ayudan a reconocer lo que no quiero aceptar,
obligándome a mis monstruos enfrentar.