Yo creo que los humanos nos parecemos demasiado a los árboles,
Algunos son fuertes robles otros apenas un álamo.
Algunos darán frutos o flores, pero todos dan sombra y se moldean a su entorno.
Y aunque el hacha del tiempo a veces nos talle con furia
guardamos en el centro la memoria de la lluvia.
Un nudo en la madera no es más que una herida que sanó,
la prueba silenciosa de una tormenta que pasó.
Y no importa si el destino nos hizo leña o bastón.
si somos fuego tibio o pura contemplación;
lo valioso de esta vida, lo que queda por llegar,
es el alma bien abierta... y la madera a tallar.