Lamo mis heridas de amargo sabor,
me quema el recuerdo, me arde tu mentira;
mas busco en la sombra de tu falso amor
la misma caricia que el alma me aspira.
Busco en tu mirada que no puedo ver,
promesas marchitas que el viento se lleva.
¡Te quiero, carajo!, no puedo entender
por qué en tu distancia la noche no espanta.
¿No puedes sentir este fuego en la piel?
Me basta querernos, me basta tu olvido.
Por un solo roce de tu boca fiel
espero seis años, milenios perdidos.
Vigilia de la noche, alba del dolor,
cantan los jilgueros, roen los ratones;
la rueca del tiempo teje sin pudor
el hilo que anuda nuestros corazones.
Forzar el destino es un arte ancestral
de brujas y ninfas, de diosas oscuras.
Encarno el pecado, la herencia del mal,
ofrendo mi cuerpo a tus manos puras.
Si al Hades oscuro Perséfone bajó,
¿por qué las cadenas no he de romper?
Mi pecho de carne la luna alumbró,
y un frío abrelatas lo habrá de morder.
Te entrego la sangre de mi corazón,
¿qué más te hace falta para que me ames?
Te evoco en el aire, te evoco en la canción,
mientras en la noche mi nombre reclames.
O déjame libre en mi eterno olvidar,
o ámame esclava de tu propio amor.
Te suplico: espérame, vuélveme a buscar,
que yo seré el único y último calor.
-MMM