hoy está ese silencio que me habita.
los demás no pueden escucharlo, pero para mí es más fuerte que cualquier grito.
a veces intento llenarlo con música, con conversaciones pequeñas, con risas improvisadas, con cualquier ruido que consiga distraerme de su existencia.
otras veces simplemente me resigno a que me acompañe, paciente, como una sombra que nunca se cansa de caminar detrás de mí.
hay un hueco en mí corazón que nunca termina de curarse, pero tampoco termina de matarme.
es un espacio extraño donde nada llega a sentirse por completo, como si mis emociones buscaran un lugar donde descansar y siempre terminaran cayendo al mismo sitio.
no sangra, no arde, no supura.
no tiene una herida visible ni una cicatriz que pueda señalar.
solo permanece.
constante.
insensible.
como una herida que se acostumbró a existir dentro de mí sin siquiera pedirme permiso.
a veces me descubro frente al espejo, mirando mi propio rostro, buscando, buscando algún rastro de ese vacío.
intento encontrarlo en mis ojos, en la forma de mi boca, en alguna expresión que me delate.
pero no hay nada.
mi reflejo no parece saberlo.
hoy nadie sospecha que debajo de una cara completamente normal late un corazón que ya no entiende su propia fractura.
mis gestos siguen siendo los mismos.
respondo cuando me hablan, río cuando algo me causa gracia, camino, estudio, hago cosas, continúo.
nadie mira dos veces.
y quizá eso es lo extraño de todo esto.
que no se ve.
¿será esto una enfermedad?
no.
al menos no una que pueda mostrarse.
es un hoyo.
no es un golpe ni una desgarradura reciente.
no hubo un momento exacto en el que algo se rompiera y pudiera decir «fue aquí».
solo está esta certeza silenciosa de que me hace falta algo, aunque no tenga la menor idea de qué es.
me he vuelto experta en fingir que está lleno.
lo cubro con rutinas pequeñas, con conversaciones que no significan demasiado, con pendientes, con música, con cualquier cosa que consiga poner un poco de ruido sobre el silencio.
y todos me ven con normalidad.
pero dentro de mí cada palabra resuena seca.
cada paso parece apoyarse sobre un suelo que tiembla.
y aun así quiero vivir.
esa es quizá la contradicción más absurda de todas.
un corazón entero que late con un pedazo menos.
un cuerpo que respira como si nada hubiera ocurrido, mientras algo dentro de mí insiste en repetirme que no estoy completa.
que quizá nunca lo estuve.
a veces pienso que ese algo tiene forma de monstruito, pequeño y terco, escondido en algún lugar al que ni siquiera yo puedo llegar.
no necesita gritar.
no necesita hacer ruido.
solo se acerca y me lo recuerda.
una y otra vez.
que falta algo.
que siempre ha faltado algo.
y yo sigo buscando qué es.
sigo mirando mi reflejo.
sigo llenando silencios.
sigo viviendo.
aunque todavía no sepa exactamente qué parte de mí estoy intentando encontrar.