Con todo respeto, eso de que ninguno es villano es generoso con Alvy. Él la empuja a leer, a estudiar, a analizarse, y cuando ella crece le fastidia el profesor de los cursos. Vea, esos dos nunca se casan, y eso le ahorra a la película el día de repartir, que es cuando suele verse quién moldeaba a quién.
Annie Hall - ¿Por qué seguimos buscando el amor si sabemos que puede terminar? Pregunta Sin responder
Pensamiento
Con todo respeto, eso de que ninguno es villano es generoso con Alvy. Él la empuja a leer, a estudiar, a analizarse, y cuando ella crece le fastidia el profesor de los cursos. Vea, esos dos nunca se casan, y eso le ahorra a la película el día de repartir,
Contenido de la publicación
Annie Hall no es exactamente una historia de amor. Es el recuerdo de una historia de amor. Y como todo recuerdo, exagera, omite, cambia el orden de las cosas y probablemente se equivoca bastante. Pero también dice la verdad justo donde más duele.
Alvy Singer no está viviendo su relación con Annie frente a nosotros. Está intentando entenderla después de que terminó. La reconstruye, vuelve sobre determinados momentos, habla directamente con nosotros, salta hacia su infancia y hasta modifica recuerdos para poder entrar en ellos. Es como alguien revisando fotos viejas buscando ese instante preciso en el que todo empezó a romperse.
Pero ese instante probablemente no exista.
Y creo que ahí está una de las cosas que más me gustan de la película. Woody Allen rompe constantemente la narración porque así funciona nuestra memoria cuando intentamos entender una relación que terminó. No recordamos cronológicamente. Una conversación nos lleva a otra. Una frase nos recuerda una pelea de hace años. Algo que en su momento parecía insignificante después adquiere una importancia enorme.
Alvy hace exactamente eso. Intenta convertir una relación en un relato porque quizás, si consigue contarla correctamente, pueda entender por qué terminó.
Y entonces aparece Annie.
Annie es esa luz inesperada que entra en la vida extremadamente neurótica y controlada de Alvy. Es torpe, divertida, insegura, espontánea y tiene esa manera de hablar en la que parece estar descubriendo lo que quiere decir mientras lo está diciendo. Diane Keaton consigue que el personaje tenga algo completamente natural, como si Annie estuviera constantemente escapándose de la película que Alvy intenta construir alrededor de ella.
Y eso es fundamental porque Annie no es una musa. Es una persona que cambia.
Cuando la conocemos tiene inseguridades, dudas y una vida todavía bastante indefinida. Alvy la empuja a leer, estudiar, cantar, analizarse, descubrir cosas nuevas. En cierta manera quiere ayudarla a convertirse en una versión mejor de sí misma.
El problema aparece cuando Annie efectivamente empieza a convertirse en esa persona. Porque empieza a necesitarlo menos.
Y ahí hay una contradicción bastante dolorosa en Alvy: quiere que Annie crezca, pero parece querer que crezca dentro de los límites en los que él todavía pueda entenderla.
Cuando empieza a tener sus propios intereses, sus propios amigos, sus propias oportunidades y finalmente la posibilidad de construir una vida lejos de él, Alvy se queda sin guion.
Y ahí Annie Hall se vuelve mucho más honesta de lo que podría parecer debajo de todos sus chistes.
Porque muestra algo bastante incómodo de las relaciones: muchas veces creemos que estamos intentando ayudar al otro cuando en realidad estamos intentando moldearlo para que encaje mejor con nosotros.
Alvy analiza absolutamente todo. El sexo, las conversaciones, los silencios, las diferencias culturales, las familias, los libros que leen, las películas que ven. Parece convencido de que si piensa una relación lo suficiente eventualmente va a encontrar la fórmula para hacerla funcionar.
Pero Annie no es un problema intelectual que pueda resolver. Es una persona.
Y quizás ese sea uno de los grandes problemas de Alvy: Entiende muchísimo sobre las relaciones y bastante poco sobre cómo estar dentro de una.
Puede explicar perfectamente por qué algo salió mal después de que ocurrió. Puede hacer un chiste brillante sobre sus inseguridades. Puede analizar sus propios celos mientras los está sintiendo.
Pero comprender intelectualmente nuestros defectos no significa necesariamente saber cambiarlos. Y la película se ríe muchísimo de eso.
De hecho, gran parte de lo extraordinario de Annie Hall es que consigue hablar de cosas bastante tristes siendo realmente graciosa. Alvy convierte prácticamente cada inseguridad en un chiste. Si algo le duele, lo analiza. Si lo incomoda, ironiza. Si siente miedo, habla.
Habla muchísimo y probablemente demasiado...
Y Allen construye la película alrededor de esa cabeza incapaz de quedarse quieta. Los personajes hablan a cámara, aparecen subtítulos diciendo lo que realmente están pensando, Alvy discute con desconocidos y hasta saca a Marshall McLuhan de detrás de un cartel para ganar una discusión.
Es una fantasía perfecta.
Quién no quiso alguna vez estar discutiendo con alguien insoportable y poder sacar literalmente al experto sobre el tema para decirle: “ves, yo tenía razón”?
Pero debajo de todos esos recursos hay una tristeza constante. Porque nosotros sabemos desde prácticamente el comienzo que Annie y Alvy no van a terminar juntos.
La pregunta nunca es si van a separarse. Es por qué algo que claramente significó tanto para los dos no consiguió durar.
Y quizás la respuesta sea simplemente que algunas relaciones funcionan durante un momento determinado porque las dos personas que existen en ese momento pueden encontrarse.
Después cambian.
Annie cambia.
Alvy también, aunque muchísimo menos.
Y llega un momento donde quererse deja de ser suficiente para querer la misma vida.
Ahí también me gusta muchísimo el contraste entre Nueva York y Los Ángeles. Nueva York es Alvy: neurótica, intelectual, acelerada, encerrada, llena de conversaciones. Él pertenece completamente a ese mundo. Los Ángeles, en cambio, representa prácticamente todo lo que detesta.
Y justamente ahí Annie empieza a imaginar otra vida. No se trata solamente de elegir una ciudad.
Annie empieza a descubrir que puede existir fuera del mundo de Alvy.
Y él tiene que enfrentarse a algo que no puede solucionar mediante un análisis: Quizás la persona que ama sea más feliz sin él. Eso duele muchísimo más que encontrar un culpable.
Porque Annie Hall no necesita convertir a ninguno de los dos en villano. No hay una gran traición que explique la separación. No aparece una revelación que nos permita decir “ah, entonces por esto terminaron”.
Simplemente dejan de funcionar. Y eso probablemente sea mucho más parecido a la mayoría de las relaciones reales. A veces no termina porque alguien hizo algo imperdonable, termina porque dos personas empiezan a necesitar cosas distintas. Y después queda el recuerdo.
Por eso me gusta tanto que Alvy termine convirtiendo su relación con Annie en una obra de teatro. En la ficción puede hacer aquello que no consiguió hacer en la realidad: Reescribir el final.
Puede acomodar las palabras.
Puede hacer que los personajes respondan correctamente.
Puede conseguir que aquello que terminó mal termine bien.
Y me parece una escena hermosa porque, de alguna manera, eso es exactamente lo que lleva haciendo toda la película.
Alvy nos contó su versión. Eligió qué momentos mostrar, volvió a conversaciones, cambió perspectivas y reconstruyó recuerdos.
Hizo con su relación lo mismo que hacemos todos cuando algo termina: la editó.
Hasta que llega ese último encuentro con Annie.
Ya no están juntos. Cada uno siguió con su vida. Se encuentran, hablan, recuerdan y después vuelven a separarse.
Sin una gran reconciliación.
Sin una declaración.
Sin necesidad de convertir lo que tuvieron en un fracaso simplemente porque terminó.
Y entonces Alvy recuerda un viejo chiste.
Un hombre va al psiquiatra porque su hermano cree que es una gallina. El médico le pregunta por qué no lo interna y él responde que lo haría, pero necesita los huevos.
Es absurdo. Y, sin embargo, resume perfectamente toda la película.
Alvy dice que las relaciones son irracionales, absurdas, dolorosas y completamente delirantes.
Sabemos que pueden salir mal.
Sabemos que podemos sufrir.
Sabemos incluso que probablemente vamos a repetir algunos de los mismos errores.
Y aun así volvemos a intentarlo.
Porque necesitamos los huevos.
Creo que por eso Annie Hall sigue funcionando tan bien. No intenta enseñarnos cómo amar correctamente ni descubrir una fórmula para conseguir que una relación dure.
Hace algo mucho más honesto.
Acepta que probablemente nunca terminemos de entender por qué elegimos a determinadas personas, por qué algunas relaciones funcionan durante años y otras solamente durante meses, ni por qué seguimos recordando a alguien muchísimo tiempo después de que dejó de formar parte de nuestra vida.
Annie no desaparece de la vida de Alvy porque la relación haya terminado.
Queda convertida en recuerdo.
En anécdotas.
En canciones.
En chistes.
En esa versión de nosotros mismos que solamente existió mientras estuvimos con determinada persona.
Y quizás ahí esté la diferencia entre una relación que termina y una relación que no significó nada.
Annie Hall no dice que todo amor verdadero tenga que durar.
Dice prácticamente lo contrario.
Algo puede terminar y haber sido verdadero igual.
Por eso no creo que Annie Hall sea una película sobre cómo conseguir que el amor funcione.
Es una película sobre algo mucho más extraño:
por qué, aun sabiendo perfectamente que puede no funcionar, seguimos necesitando intentarlo.
Respuestas
-
PermalinkCausa, sacar a McLuhan de atrás del cartel es el sueño de cualquier discusión. Yo lo quiero para el grupo de la familia.
-
PermalinkPor los huevos, che.
-
PermalinkFíjate que Allen quería titularla Anhedonia, la incapacidad de disfrutar. Con ese nombre la película era de Alvy, y con el que quedó se la terminó llevando ella, harto a tono con lo que cuentas.
-
PermalinkCon todo respeto, eso de que ninguno es villano es generoso con Alvy. Él la empuja a leer, a estudiar, a analizarse, y cuando ella crece le fastidia el profesor de los cursos. Vea, esos dos nunca se casan, y eso le ahorra a la película el día de repartir, que es cuando suele verse quién moldeaba a quién.
-
PermalinkLa obra de teatro donde Alvy le cambia el final a la ruptura. Para mí toda tu serie funciona un poco así: escribir de una película después de los créditos también es volver a una historia que ya terminó y acomodarla hasta entender por qué importó. Con 365 películas, apuesto a que la pregunta de por qué seguimos intentando vuelve seguido.
-
PermalinkVengo leyendo tu reto y de Heat a Annie Hall hay un salto lindo, pues: uno vive preparado para irse y el otro no sabe soltar. ¿El orden de las películas lo tienes armado de antemano?
Related posts
-
Manhattan — La postal de Woody
Manhattan es una película que me pega de una manera bastante personal porque yo amo Nueva York y amo Manhattan . Y pocas películas consiguieron mostrarme esa ciudad de una manera tan cercana a cómo…
-
Whiplash — ¿Vale la pena destruirse para ser extraordinario?
Whiplash es una película sobre la obsesión por ser extraordinario y el precio que estamos dispuestos a pagar para conseguirlo . Andrew no quiere simplemente tocar bien la batería. Tampoco parece…
-
Reservoir Dogs (Perros de la calle) — Cuando la confianza empieza a sangrar
Reservoir Dogs no es una película sobre un robo, sino sobre lo que queda cuando la confianza se rompe . Y lo primero que hace Tarantino para dejarlo claro es bastante jugado: el robo que…
-
El mayordomo de la Casa Blanca — Ver cambiar a un país desde el lugar de quien siempre estuvo obligado a servir
Hay películas que cuentan la historia de un país desde quienes tomaron las decisiones, firmaron las leyes o pronunciaron los discursos que después terminaron en los libros. Lee Daniels’ The Butler…
-
Eraserhead (Cabeza borradora) — ¿Qué pasa cuando aquello que debería completarte se convierte en tu peor pesadilla?
Eraserhead es una película difícil de explicar porque David Lynch parece mucho menos interesado en que entendamos lo que ocurre que en conseguir que sintamos lo que significa estar ahí . Se puede…
-
Big Fish (Gran pez) — El hombre que eligió ser un cuento
Hay personas que viven para acumular recuerdos. Y hay otras que viven para convertirse en un recuerdo.
-
The Beach — Encontrar el paraíso y descubrir que el problema siempre fuimos nosotros
The Beach me parece una película mucho más interesante cuando uno deja de verla únicamente como la historia de un joven que encuentra una playa paradisíaca y empieza a pensarla como una película…
-
Frankie and Johnny — Cuando enamorarse también significa animarse a bajar la guardia
Frankie and Johnny es una película íntima sobre dos adultos golpeados por la vida que se encuentran cuando ya no esperan demasiado del amor. Y creo que eso es lo primero que la diferencia de muchas…
Annie Hall no es exactamente una historia de amor. Es el recuerdo de una historia de amor. Y como todo recuerdo, exagera, omite, cambia el orden de las cosas y probablemente se equivoca bastante.…