Esa noche supe que todo iba a quedar en un vago recuerdo.
Cuando vi tu vestido en la silla postrado,ya sabía que no iba ser un buen trago.
Tus manos se deslizaban con las de por así decirlo, y sin mucho ofender, semejante galán.
No sé si sentí más bien asco o simplemente fue solo pena ante tus ligerezas de alcoba.
A través de la rendija la imagen se veía un poquillo borrosa, pero bien fogosa para mi señora Lara.
Mi amor o mi amante, no sé qué en que posición, mi simple peón, estaba en su vida.
Si yo era un amante, siempre me presumía de tener un buen talante.
No obstante, si yo era su amor simplemente me despojaba como una vieja flor.
Amor me decía cada mañana, pero caído el sol, Lara se me acercaba bien caliente y me susurraba que solo era su simple amante.
Todo empeoró cuando mi Lara conoció el oro.
La codicia.
La deslealtad.
La traición.
La hipocresía.
La falsedad.
Todas esas bajezas pronto en ella florecieron.
Yo, su poeta, ella mi inspiración.
Yo, su servidor, ella mi reina.
Yo, su amante, ella mi diamante.
Mi Lara tardó poco tiempo en codiciar el trono.
Amante del rey, pero su mala fe le podía.
Mataba y despedía a toda aquella que en su camino se interpusiera.
Mi Lara.
Mi flor no temía los vendavales.
Mi diamante se creía el mejor.
Con soberbia y picaresca engaño a su objetivo.
Yo, simple poeta, no sabía muy bien cuál era en su vida mi meta.
En mis dulces recuerdos la veía como jugaba con mi pelo y me prometía un amor eterno.
Insólita fantasía que en mi vivía.
Yo la alimenté y la condené.
Ver a mi Lara bien esquiva no me agradaba.
Ella dormía entre flores.
Yo solo en un colchón de paja.
En mis paseos nocturnos la vi.
Contemplaba la luna, pero estabas algo muda.
Absorta en tus pensamientos.
Abstracta y difusa bien te recordé.
Tu collar de oro lo guardaba como un gran tesoro.
No muy inocente eras, ya que codiciabas todo.
Nunca pensaste que nada malo te sucedería hasta aquella noche.
Tus sábanas mojadas.
Un viejo amigo acariciándote y coqueteándote.
No sabías tu destino, pero tu amigo fue bien mezquino.
Tu, mi reina inalcanzable, no sabias que yo esa noche te iba a traicionar.
Mi rabia.
Mi sed de venganza.
Mi musa ya no existía.
Ni amante ni amor.
Todo en mi te repudiaba, solo quise ver como tu vida acababa.
Toda tu esencia se apagó.
Ya no te soportaba.
Tu sonrisa picaresca, pero en mi mente aparecía de manera grotesca.
Tu risa contagiosa, en mi mente no era nada prodigiosa
Tu dulzura ya no me recordaba a la ternura.
Tu belleza la vi como una rareza.
Tu amante o amigo bien jugaba contigo, yo era bien testigo de que no eras más que un lío.
En sus brazos pensabas que se crearían buenos lazos, pero te anotaste, mi reina, otro fracaso.
Adormilada quedaste, pero no sabías por lo que después pasastes.
Amante te volviste, porque tu nuevo marido te miraba con mal semblante, y ni que digamos de la lista tan larga que corría como buen pecador.
Tu sonrisa se volvió de hielo.
Tus ojos negros en anhelo.
Tu risa ni se asomaba por tu marido canelo.
Vi como cariñosa conmigo, mi musa, resplandecía y con tu marido nada decía.
Te vi nacer y morir así como aparecer y desaparecer
Bien me alegré, cuando en mi bien arrepentida a mis pies vinistes.
A mí que no valoraste pensabas q cambiaría de semblante.
No te repudié ni te odie ya que en mi negué.
Te alce pero te lance ante sus pies.
Mi querida Lara,te ame ante Dios.
Ahora vienes, pero yo prefiero decirte que te salve mi gran adiós.
Embustera.
Traicionera.
Rastrera.
Mis poemas te recordarán y te ahogarán.
Ahora, aquí ante ti, mi Lara, que tu hombre te salve, pero ya no ahí quien te baile.
Un beso al cielo por llegar tan pronto y otro a la Tierra porque mi dama dejó su fama.