Setenta veces siete en el título, y después un texto que pide no forzar nada. Me hace pensar en que el perdón se parece más a un camino que a un momento: uno perdona, el recuerdo vuelve, y toca perdonar otra vez. Por eso el número es tan grande.
Apuesto a que este texto se va a releer más de una vez en los días de rencor.