Una voz resuena en mi interior; me llena de paz y me cubre de amor. Repite: "Fe, que no te dejaré. Fe, porque nunca me iré"
Camina conmigo todos los días, cuando todo va bien y también cuando ya no sé qué más hacer. Una vez más repite: "Fe, que yo te sostendré"
En la risa o en las caídas, en el sufrimiento o en la alegría, insiste: "Fe, que todo estará bien".