Cuando pierda la fuerza, cuando pierda el valor y poco a poco se apague el corazón, te adoraré cantando: ¡Aleluya!
Cuando todos me abandonen y mis planes no funcionen, levantaré mis manos exclamando: ¡Aleluya!
Cuando el mundo me quiera vencer y el enemigo me quiera ver caer, yo seguiré cantando: ¡Aleluya!
Aunque tu voluntad no la pueda entender y, de rodillas llorando me toque ceder, adoraré gritando: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!