Hola, soy yo otra vez, aquí escribiendo sobre lo miserable que me siento. Ya han pasado ocho meses desde que dejamos de ser los doble A. Vi que has decidido seguir adelante y conocer a otra mujer. No puedo molestarme ni recriminarte nada porque ya no somos nada, pero duele, ¿no crees?
Amorchi, ¿realmente me has dejado de amar? ¿Qué pasó con nuestros dos años de amor? ¿Dónde quedaron tus promesas? ¿Por qué lloraste tanto el día que me fui? Está bien que sigas adelante; yo lo intento, aunque te sigo viendo todos los martes en ese tercer piso, así que no he podido dejar de amarte. Ni siquiera puedo intentar conocer a alguien porque te guardo una fidelidad que no debería; es decir, le soy fiel a un fantasma de mi pasado. Vivo y sueño contigo aunque no lo sepas. Es curioso cómo te sigo escribiendo cartas... dos años escribiéndote cartas que no leerás.
No sé en qué parte del proceso estás, pero ¿por qué actúas así? ¿Por qué me ves triste todos los martes? ¿Por qué me sigues mirando fijamente cuando crees que no me doy cuenta, pero sí lo hago? ¿Por qué sigues preguntando por mí como si nunca me fuera a enterar?
Hoy se sintió tan distinto. Dueles como no tienes idea; sigues aquí, en mi mente y en mi corazón. Creo que ni una liberación espiritual podría eliminar mis sentimientos por ti. Quisiera entenderte, pero no puedo, no logro hacerlo. Hoy me volviste a mirar como si fuera hermosa, te atrapé mirándome y quitaste la mirada lo más rápido posible, pero ya te había visto. Así que no comprendo: ¿por qué sigues buscando a alguien más y no me buscas a mí?
Sé que es Tu voluntad, Dios, pero escucha mi corazón...