Hay algo que deberíamos aprender a aceptar, aunque duela: cuando alguien comienza a evitarnos, también nos está dando una respuesta.
No siempre necesitamos que nos digan directamente “ya no quiero hablar contigo” para entenderlo. A veces está en sus silencios, en sus respuestas cada vez más frías, en las conversaciones que ya no busca, en las veces que tenemos que ser nosotros quienes iniciamos todo.
Y aunque duela, no deberíamos seguir insistiendo donde claramente ya no nos están haciendo espacio.
Cuando te sientas evitado por alguien, nunca vuelvas a molestarlo. No porque no te importe, sino porque también tienes que aprender a respetarte. No tienes que perseguir a nadie para conseguir un poco de atención, ni convencer a alguien de que hablar contigo vale la pena.
Deja que se vaya quien quiera alejarse.
Quizás al principio duela aceptar que alguien que antes estaba presente ahora prefiere tu ausencia, pero con el tiempo entiendes que también existe una forma de quererte a ti mismo: dejar de insistir donde ya no eres bienvenido.
Porque a veces alejarte no significa que dejaste de querer.
Significa que finalmente entendiste que también mereces ser elegido sin tener que rogar por un lugar.