Para ti, que perdiste una amistad y te quedaste preguntándote qué pasó...
A ti, que diste lo mejor de ti sin reservas; que estuviste ahí en cada logro para celebrar y en cada fracaso para sostener; que fuiste refugio en sus días oscuros, pañuelo para sus lágrimas y el oído atento para sus amores, sus miedos y sus emociones más profundas.
Si diste tu cien por ciento, no te atormentes con la culpa. Eres una persona excepcional, una amiga de las que ya casi no se encuentran, de las que valen el mundo entero. Si a veces te preguntas por qué te cuesta encontrar verdaderas amigas, la respuesta es simple: no cualquiera sabe qué hacer con tanta lealtad, ni todo el mundo tiene la capacidad de apreciar tu intensidad.
Pero no te apagues. Ya llegará esa persona que vibre en tu misma frecuencia, alguien tan intensa y entregada como tú; alguien que te devuelva multiplicado todo lo bonito que das. Porque sí existen amigas que verdaderamente saben ser amigas: de las que te cuidan, te escuchan con el alma, te dan tu lugar frente a todos, te prestan hasta sus cosas más preciadas y con solo mirarte a los ojos entienden exactamente lo que te pasa.
No te cierres. Tu forma de querer es un regalo, y quien no lo supo valorar, solo dejó espacio para quien sí sabrá cuidarlo.