Y si tuviera un deseo:
desearía que estuviera mamá,
que hace mucho no está.
La abrazaría y la cuidaría,
pero tarde o temprano,
como algo en vano,
volvería y desaparecería,
siendo algo muy doloroso.
Y si deseara que fuese eterna,
como un castigo y no una ofrenda,
sería triste para ella,
pues yo pronto desaparecería sin dejar huella,
dejándola sola y en pena.
Lástima que no puedas hacernos
a los dos eternos.
Y si deseo una fortuna gigante,
compraría muchas cosas que tengo en mente,
pero tarde o temprano,
eso que quería, igual de vacío,
me terminaría disgustando.
Aburrido quedaría sin el esfuerzo
de adquirirlo.
Y si deseo ser feliz con lo que sea,
al final terminaría siendo como un cualquiera,
porque ni empatía sintiera,
pues a veces el sacrificio de no estar contento
es lo que vale la pena,
y más cuando se quiere,
porque la persona que uno ama
es, sin duda, lo más feliz que uno quiere.
Y poder ser feliz a costa de todo
es lo peor que se me ocurrió, después de todo.
Sabes, hada de los deseos,
déjame así;
mientras tenga vida y muchos amores de esos,
seré feliz así.
A través del esfuerzo y la valentía,
ayudar a otros, en la noche o en el día,
es más satisfactorio al final de mi vida.