Para esta misma hora yo habré dejado el mundo,
siguiendo los destellos de un claro sol de estío;
iré sobre sus rayos buscando rumbo al cielo,
guiará todos mis pasos hacia su brazo tierno,
para calmar la pena que me quitó la vida.
Bajo la quieta sombra ya bailará mi cuerpo,
vestido de amarillo del pétalo caído,
mientras que la colina va arrullando la hierba
que vio cómo despacio me fui quedando en calma.
La vida se habrá ido sin duda ni recelo;
se marcha como esquiva y cruel competencia,
su peso sin embargo nos llega a cansar tanto
que empuja muchos pasos a terminar temprano.
Yo ya me fui del mundo con luz de la mañana,
bajo la sombra quieta de un corpulento árbol.