Todavía hay mañanas
en las que me pregunto, y me pregunto,
y me pregunto:
¿Existe un día en el futuro
donde su fantasma no me persiga?
¿Dónde no aparezca en mi memoria
cada que llego a casa
después de un día feliz?
Me pregunto si existe mi mañana.
Esa donde despierte sin pensar
y simplemente viva.
Ha sido clavada en mí,
en mi ausencia y sin permiso.
La llevo conmigo en la maleta
como una muda para ocasiones especiales,
pero a veces... sale sin permiso.
Me pregunto si un día seré capaz
de dejarla y olvidarla.
Un día donde no piense en fechas importantes
y decida no llevar nada:
ni maletas,
ni recuerdos,
ni zapatos.
Un día donde ella se despida
y yo, simplemente,
pueda irme sin mirar atrás.