Muchos me advirtieron de ti,
me dijeron que tú no te enamoras,
que tienes más personas,
que quizá no soy el único.
Y aun así, aquí estoy.
Porque aquella noche,
cuando estaba junto a ti,
acostados, perdiendo la noción del tiempo,
cuando nuestros labios se encontraron
y pude descubrir un poco más de ti,
entendí que ya era demasiado tarde.
Me encantas.
Te amo.
Te necesito.
Y no sé por qué siento esto contigo.
Aunque, siendo sincero,
no nació aquella noche.
Ya estaba ahí desde mucho antes,
creciendo en silencio,
esperando cualquier momento para hacerse imposible de ignorar.
No quería besarte,
porque sabía que iba a enamorarme más.
No quería tocarte de más,
porque tenía miedo de que pensaras
que solamente te veía de esa manera,
que solamente deseaba tu cuerpo.
Y no.
Yo quiero conocerte en todos tus rincones,
incluso aquellos que no se pueden tocar.
Quiero conocer tus miedos,
tus sueños, tus silencios,
lo que escondes cuando dices que estás bien.
Quiero hacerte feliz.
Quiero estar contigo.
Pero dime…
¿Tú quieres estar conmigo?
¿Seré tu primera opción
o solamente otra persona más
perdida entre todas las que han pasado por tu vida?
No lo sé.
Y, sinceramente,
quizá ya no me importa saberlo.
Porque aunque me duela,
aunque termine siendo yo quien pierda,
aunque algún día descubra
que todo esto solamente existió dentro de mí,
yo voy a seguir amándote.
Te amaré incluso si nunca llego a saber
si mi amor será pecado,
veneno
o miel.
No me detendré en este viaje de amarte,
aunque el destino no seas tú,
aunque el final me encuentre solo,
aunque tenga que aprender
a quererte desde lejos.
Porque hay sentimientos
que no piden permiso para existir.
Y tú…
tú eres uno de ellos.