Nuevamente la mañana,
silenciosa y ruidosa por las manecillas;
antes, deseoso de que siguieran su camino,
ahora, temeroso de que estas encuentren un nuevo momento.
El reloj marcaba las 6:20. ¡Qué ironía!
El mismo día en el que tu recuerdo
se perdió en el valle de mi olvido.
La noche cae y, en las estrellas,
como sátira de esta gran melancolía,
forman los números de mi más grande caída:
"6:20".
El tiempo pasa y, en el abismo de mi amor,
se exilian los secretos de tus 8 letras.
Día o noche, alegría o melancolía,
no habrá noches iguales sin ir olvidando
cómo se escuchaba mi nombre entre tus labios
o tu cuerpo entre mis brazos.
La constelación de tu rostro
se va dispersando en 6 fragmentos
y 20 dolores punzantes en mi cuerpo.
El viento susurra y la luna se abruma,
y no me contento con perderte a cada momento.
¿Cómo era besarte entre tinieblas lluviosas
y haces luminosas?
¿Cómo era cantarte al viento
y hacerte sonar entre risas
y palabras nuestras?
Cómo...
Dejo de tener respuestas
y, en el silencio de mi tristeza,
te escucho desde otro 6:20.