No entiendo por qué hiciste todo para tenerme a tu lado, si al final ibas a lastimarme de esta manera.
¿Por qué acercarte tanto?
¿Por qué hacerme sentir que lo que estaba pasando entre nosotros era real, si al final ibas a dejarme con todas estas preguntas?
Yo te creí.
Creí en tus palabras, en tus acciones, en los momentos que compartimos y en esa sensación de que quizá, por una vez, no estaba imaginando algo que solo existía en mi cabeza.
Me hiciste sentir que querías que estuviera ahí.
Y yo, sin darme cuenta, fui dejando de lado mis dudas.
Me permití sentir.
Me permití imaginar.
Me permití creer que aquello podía convertirse en algo bonito.
Y quizá eso es lo que más me duele ahora.
No solamente haberte perdido, sino descubrir que yo estaba construyendo algo que quizá tú nunca pensaste construir conmigo.
Me pregunto tantas veces por qué.
Por qué me buscaste.
Por qué hiciste tanto para acercarme a ti.
Por qué me hiciste sentir importante si al final ibas a actuar como si todo aquello no hubiera significado nada.
No sé si alguna vez voy a encontrar una respuesta.
Y quizá tampoco debería seguir buscándola.
Porque hay preguntas que no tienen una respuesta capaz de reparar lo que dejaron.
Lo único que sé es que yo sí lo sentí.
Para mí fue real.
Cada emoción, cada ilusión, cada momento que guardé con cariño.
Y aunque ahora me duela aceptar cómo terminó, no voy a arrepentirme de haber sentido.
Porque confiar en alguien no me hace ingenua.
Querer de verdad no fue mi error.
El error habría sido quedarme para siempre intentando entender por qué alguien decidió tratarme de una manera que me hizo tanto daño.
Así que quizá nunca entienda por qué hiciste todo para tenerme a tu lado.
Pero algún día dejará de importarme saberlo.
Porque llegará el momento en que el dolor ya no necesitará explicaciones para desaparecer.
Y cuando llegue ese día, no recordaré solamente cómo me lastimaste.
También recordaré que, a pesar de todo, tuve la valentía de volver a levantarme.