Semillas
Era solo un retoño, sin tallo,
apenas raíces
cuando por primera vez la vi.
Sus ojos, como el mar
cuando la tarde se apaga
tranquilos en la superficie
y desconocido aquello
que oculta bajo el agua.
Su nombre desconocía,
su procedencia no sabía;
sin embargo, algo yo sentía…
¿Qué era eso que ella tenía?
Tal vez fue su manera
de hablar o caminar,
tal vez esa manera
con la que sus sueños
solía contar.
Tal vez esos detalles
que no sabía explicar
pero había algo en ella
que entre toda la gente
la hacía destacar
y mi mirada, sin querer
en ella volvía a reposar.
Antes todo era alegría
parecía que la diversión no acabaría
jugar en el recreo, cantar en clases
reír sin preocuparse,
o solo esperar que el día acabase.
Qué curioso ese pensamiento:
el querer que el día terminase,
para que aquel juego continúe.
Hoy daría lo que sea
por volver a aquellos días
en los que las preocupaciones,
cual brisa ligera
sobre nosotros pasen.
Es difícil elegir qué extraño más
los juegos o despreocupación,
la impaciencia por el tiempo
o la felicidad en plenitud.
Ayer me preguntaba
qué hacer para no ser olvidados
hoy me cuestiono
qué hacer para no olvidar
Y aunque dudas hay muchas,
una persiste en mí:
¿Qué era aquello que en los ojos
de esa niña vi?
Quizás el tiempo sea como el mar,
Y la arena, los recuerdos.
Las olas podrán llevarse todo
pero lo que dejó su huella
Siempre se quedará
De: Paco Zurdo