Soy el culpable de todo,
del saludo que no he dado,
de las culpas de los otros
que en mi rostro han reflejado.
El mérito siempre es de todos,
pero el error siempre es mío;
cuando acierto, somos muchos,
cuando fallo, estoy vacío.
Un ángel puede perdonar,
puede olvidar cada herida;
yo simplemente espero
que termine pronto el día.
He tratado de ser el bueno,
de entregar sin preguntar,
pero aprendí que, aunque lo intente,
nunca me van a mirar igual.
Me rindo de esperar cosas buenas,
de esperar que alguien se quede;
porque duele estar botado
cuando nadie te sostiene.
La soledad no es tener poco,
ni caminar sin compañía;
es tener algo entre las manos
y que te lo quiten cada día.
Es tan fácil dar un gesto,
una palabra, un poco de calor;
pero ni eso he recibido
cuando más lo necesitó mi corazón.
Y quizás nacer en invierno
era aprender a resistir:
tener frío entre la gente
y que nadie te dé calor para vivir.
Pero sigo aquí, aunque duela,
aunque me cueste continuar;
quizás algún día comprenda
que no nací para agradar.
Porque si todos ven mis errores
y ninguno mira mi interior,
tal vez el culpable no sea yo…
tal vez solo me faltó amor.