Si empiezo a amar,
algo empieza a pasar.
Esto me toma, me ata las manos,
me cose los labios, no me deja gritar.
Me sienta en un teatro y se pone a interpretar
todas las obras dolorosas que quiero evitar;
insiste en esas escenas que alguna vez no me dejaron respirar.
Esto de nuevo se siente tan real,
y si cierro los ojos igual lo puedo escuchar:
monólogo tras monólogo de todas estas heridas que no paran de sangrar.
¿Cómo dejar de temer
si esto que se siente en mi pecho no me deja razonar?
Vivo en esa realidad a la que le temo, aunque no sea la verdad;
se siente palpable y de nuevo
me cuesta respirar.