Vivo del miedo,
marcado por una cruz escarlata de perlas brillantes
y una fe arrebatada.
Salvo de un juicio en el que mis enemigos me queman,
me atocigan y matan.
Me condenan, me persiguen, me maldicen...
¿Habrá entre todos alguien que elija salvarme?
Dado por hecho, vivo en un mundo en llamas,
bajo el peso del verso que dictan los mentirosos,
los mismos cobardes.
La inocencia queda servida frente a los miserables;
resuena el himno ante una corte en desacato:
hermanos hambrientos de sangre.