Bajo el pulso de carne que se niega al olvido,
donde la hiedra ciega muerde el hueso en la sombra,
la memoria del fruto que en la bilis se nombra
se desgarra en la fiebre de un temblor encendido.
Es la savia brutal que desborda la herida,
un jardín de pistilos que se clavan al pecho,
mientras late el instinto por romper el estrecho
laberinto de escarcha que carcome la vida.
Contra el gris bostezo
de la vieja ruta,
arde el nudo mudo
de la piel absorta.
Cae la pulpa amarga,
brota el rojo pulso,
vence el tierno impulso
al reloj que ahoga.
La siguiente pieza pertenece a la presentación especial del día de los muertos: «Fiebre negra».
Versión completa disponible en Instagram de @sisocan_