Anhelo la torrencial metamorfosis del océano:
mudar esta piel de frágil arena y ser marea,
embestir, con la violencia exacta de una ola,
la muralla de miedos que se alza en mi pecho.
Estrellar mis temores antiguos contra las rocas,
borrar las huellas del dolor con espuma fría,
sepultar el peso de las dudas no resueltas
en el abismo indómito de mi propia fuerza.
Ser la inmensidad que nadie logra descifrar,
un secreto oculto bajo la línea del horizonte;
misteriosa, profunda, eternamente indomable:
un alma única que rige su propia tempestad.