Antes de llegar al bosque
me detuve frente al árbol
que según el dicho tapa.
Con razón solo veo
en lo alto, sombra y destello,
sus hojas, las fusas del viento.
Todo ser que amo podría
vivir felizmente allí dentro.
Más abajo, un brote persigo
mirarlo caminar por dónde
al abrir se retuerce
y el esqueleto se esconde.
En el centro, la frente rugosa
del anciano soberano
de un mundo de plata en invierno
que vuelve al río en verano.
Y a sus pies mis pies son gajos
que solo prenden cuando me planto.
Por eso nunca llegué al bosque.
Me detuve frente al árbol.