Si lees esto no te asustes; puede parecerte algo tétrica la idea de encontrarte con una carta en medio del bosque, pero te aseguro que la única intención de dicha carta es contarte mi historia.
Para hacértela corta, ya estoy muerta: mi fallecimiento sucedió hace siete años, en este mismo sendero. Yo era como tú, una corredora que solía frecuentar mucho el bosque; la paz que me transmitía el silencio y el aire de la naturaleza al correr tenía en mí una especie de efecto sanador.
Mi infortunio fue el haberme encontrado en el momento incorrecto y con las personas incorrectas. Salí como todos los días a correr por el mismo recorrido de siempre; todo pintaba normal hasta que, a unos 12 metros de donde estás parado ahora mismo, me topé con dos personas bajando de la parte trasera de su camioneta varias bolsas negras con formas algo peculiares. No hay que ser un gran detective para saber qué estaban haciendo. Me di la vuelta, pero para mi desgracia ya me habían visto; traté de correr, pero tarde o temprano me alcanzaron: me ahorcaron hasta la muerte y me pusieron en una de esas bolsas.
Muchas fueron las investigaciones que hicieron, pero nunca encontraron mi cuerpo y, por consiguiente, esas personas de las bolsas negras siguen libres.
No quiero que te asustes, pero sé tu nombre; sé que comenzaste a correr hace poco por estos lugares y también que notaste un extraño auto estacionado al principio del camino. No te quiero alterar, pero ahora mismo estás en peligro, aunque a tiempo de irte; no quiero que alguien más tenga mi destino.
No te pediré que me vengues o algo por el estilo; ya somos muchos los que estamos aquí y no queremos que se sigan sumando más. Gracias por leer mi historia.
Ahora solo tira la carta y vete rápido de aquí...