A mí Atlas y Cronos ya no me dan nada de confianza, fíjate. Lo dejan adentro, se plantan afuera sin contestarle ni una palabra, y justo esa noche sale eso del suelo. Lo dejaron ahí a propósito, de carnada.
Un nuevo amanecer
Pensamiento
A mí Atlas y Cronos ya no me dan nada de confianza, fíjate. Lo dejan adentro, se plantan afuera sin contestarle ni una palabra, y justo esa noche sale eso del suelo. Lo dejaron ahí a propósito, de carnada.
Contenido de la publicación
Apenas atravesaron las enormes puertas, lo dejaron dentro.
Después, ambos se colocaron frente a la entrada.
Quietos.
Serios.
Como si fueran los guardianes de una prisión.
Gizmo los miró con incredulidad.
—¿En serio?
Ninguno respondió.
Gizmo suspiró y se alejó.
No tenía nada más que hacer.
Terminó regresando a la biblioteca.
Allí, entre cientos de libros, intentó encontrar alguna respuesta.
Pero por más que buscaba, no encontraba nada.
“Tu creador…”
La frase volvía una y otra vez a su cabeza.
¿Quién era?
¿Por qué Estrella Medallada lo había llamado así?
Y si realmente existía un creador…
¿por qué Gizmo no podía recordarlo?
Se sentó en el suelo junto a una enorme estantería.
Pasaron unos minutos.
Entonces…
TUM.
Gizmo levantó la cabeza.
El suelo había temblado.
Muy poco.
Casi nada.
—¿Qué fue eso?
Esperó.
Silencio.
Volvió a mirar el libro que tenía delante.
TUM.
Esta vez fue más fuerte.
Las llamas de las velas de la biblioteca se inclinaron todas al mismo tiempo.
Gizmo levantó lentamente la cabeza.
Algo no estaba bien.
TUM.
Los cristales de las ventanas vibraron.
Pero había algo todavía más extraño.
El sonido no parecía venir del suelo.
Parecía venir de debajo del castillo.
De un lugar donde no debería existir nada.
Gizmo se puso de pie.
—¿Hay alguien ahí?
Nadie respondió.
Entonces…
TUM.
Las velas se apagaron.
Todas.
Al mismo tiempo.
La biblioteca quedó completamente a oscuras.
Gizmo sintió cómo se le erizaba el pelaje.
Y entonces escuchó algo.
Un sonido largo y profundo.
Como si algo enorme estuviera respirando debajo de las piedras.
Hhhhhhhhhhhhhh…
Gizmo retrocedió.
—No…
La primera grieta apareció frente a él.
Luego otra.
Y otra.
Las piedras comenzaron a separarse lentamente.
Pero no había explosión.
No había fuego.
Era peor.
Algo estaba empujando desde abajo.
Gizmo corrió hacia la puerta.
No llegó.
El suelo se abrió detrás de él.
¡KRAAAAAAAAAASH!
Una oscuridad espesa surgió de la grieta.
Y después…
dos ojos se abrieron dentro de ella.
No eran ojos normales.
Parecían dos agujeros llenos de un terror antiguo.
Gizmo quedó paralizado.
La criatura comenzó a emerger.
Primero aparecieron sus garras.
Largas.
Negras.
Demasiado grandes.
Después salió una enorme cabeza cubierta de pelaje negro.
Sobre ella había un cráneo blanco, fusionado con su rostro como si hubiera nacido junto a él.
Dos cuernos blancos sobresalían del cráneo.
La criatura siguió elevándose.
Y Gizmo comprendió que aquello no era un lobo.
Era algo que imitaba la forma de uno.
Su cuerpo era demasiado largo.
Sus patas demasiado altas.
Su mandíbula demasiado grande.
Y su sombra parecía extenderse mucho más allá de su propio cuerpo.
Entonces levantó la cabeza.
Sus ojos encontraron los de Gizmo.
Y Gizmo sintió algo que jamás había experimentado.
No era simplemente miedo.
Era la sensación de que su cuerpo entero le estaba gritando que huyera.
Que corriera.
Que desapareciera.
Pero no podía moverse.
La criatura abrió lentamente la boca.
No rugió.
No gruñó.
De su garganta salió un sonido parecido a un susurro…
pero había demasiadas voces dentro de él.
—Giiiiizmo…
Gizmo abrió los ojos de par en par.
—¿Cómo… sabes mi nombre?
La criatura no respondió.
Solo avanzó.
TUM.
El castillo entero pareció estremecerse.
TUM.
Gizmo retrocedió.
TUM.
La criatura quedó frente a él.
Entonces Gizmo vio su cola.
En la punta había una pequeña gota roja.
Parecía una gota de sangre.
Pero no caía.
Flotaba.
Giraba lentamente en el aire.
Y cuanto más cerca estaba Gizmo…
más brillante se volvía.
La criatura inclinó la cabeza.
Por primera vez, mostró sus dientes.
No parecía estar sonriendo.
Parecía reconocerlo.
Como si hubiera encontrado exactamente aquello que llevaba siglos buscando.
Gizmo apenas pudo susurrar:
—¿Qué eres…?
Los ojos de la criatura brillaron.
Y una voz profunda respondió desde algún lugar mucho más oscuro que la biblioteca:
—Lo que vino a buscarte.
La gota roja de su cola comenzó a brillar con una intensidad cegadora.
Y entonces Gizmo comprendió algo terrible.
Aquella criatura no había atravesado las murallas.
No había entrado por las puertas.
Había llegado desde debajo de ellas.
Thoughts
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PermalinkEsto quedó.
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PermalinkEstá cañón cuando todo el cuerpo le grita a Gizmo que huya y no puede ni moverse. Así se queda uno con el miedo de veras, pobrecito.
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PermalinkLos TUM se escuchan po!
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PermalinkOye, qué mal rato me ha hecho pasar este capítulo, y las garras son lo de menos. La gota roja en la punta de la cola, flotando y brillando más cuanto más se acerca Gizmo, me dejó el estómago encogido, porque de repente el monstruo pasa a ser algo que lo reconoce a él, justo cuando Gizmo no consigue recordar a su creador. A mí me da que esa gota es de Gizmo, algo suyo que se quedó ahí abajo esperando. Que te reconozca algo que tú no recuerdas es de los miedos más raros que conozco.
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PermalinkA mí Atlas y Cronos ya no me dan nada de confianza, fíjate. Lo dejan adentro, se plantan afuera sin contestarle ni una palabra, y justo esa noche sale eso del suelo. Lo dejaron ahí a propósito, de carnada.
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PermalinkTa, a mí esto me llevó a una casa de mi vuelta donde el patio se fue levantando todo un invierno y nadie entendía, hasta que apareció la raíz de un ombú viejo que venía creciendo por debajo. Sin explosión y sin fuego, igual que acá. Y si de verdad llevaba siglos buscándolo, para mí viene subiendo desde mucho antes de que Gizmo llegara al castillo.
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PermalinkNo manches, tanto capítulo buscando quién es Gizmo y lo primero que sabe su nombre sale de abajo del castillo. Y le pusiste Un nuevo amanecer. Apuesto a que el amanecer es el del bicho, que por fin salió.
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PermalinkLas velas inclinándose todas a la vez antes de apagarse me encantaron. Es el aviso pequeño, va, antes del crash ya sabes que algo respira ahí abajo.
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PermalinkEntro por la parte de abajo y con todo y eso dice su nombre.."*Gizmo""* debe ser el creador. Y los dos panas parados en la puerta!!!
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PermalinkGizmo buscando entre cientos de libros algo sobre su creador, sin encontrar nada, y la respuesta le sube por el suelo de la biblioteca. Me gustó mucho ese cambio. Yo diría que esa criatura sabe más del creador que todos esos libros juntos. ¡Gracias por seguir con esta historia! ¿Subes el próximo capítulo pronto?
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Apenas atravesaron las enormes puertas, lo dejaron dentro.