Después de un largo tiempo, escuchó voces.
La criatura levantó la cabeza.
A lo lejos había varias figuras acercándose.
Eran guardias.
Llevaban armaduras oscuras y caminaban junto a una enorme carroza.
Uno de ellos se detuvo al verlo.
—¿Qué hace un cachorro de hipogrifo aquí?
Los demás se acercaron.
La criatura retrocedió unos pasos.
No sabía si debía confiar en ellos.
Entonces, desde el interior de la carroza, alguien habló.
—Acérquense.
Los guardias obedecieron.
La puerta se abrió.
De ella salió un enorme grifo de plumas oscuras.
Su mirada era fría.
Era el Rey Garra.
Observó al pequeño hipogrifo durante unos segundos.
Gizmo lo miró sin entender.
El rey se acercó.
Lo examinó cuidadosamente.
Sus alas.
Su cuerno.
Sus ojos.
Había algo extraño en aquella criatura.
Algo que no podía explicar.
—¿Tiene familia? —preguntó.
Los guardias negaron con la cabeza.
El Rey Garra volvió a observarlo.
Después de unos segundos, tomó una decisión.
—Entonces vendrá con nosotros.
La criatura no entendió aquellas palabras.
Pero tampoco se resistió.
Por primera vez desde que había despertado en aquel mundo, alguien estaba dispuesto a llevarlo a un lugar seguro.