¿Volviste a Madrid? O ese domingo quedó intacto, como los espacios pequeños que mirás en el metro antes de que se cierren las puertas.
Un beso en Madrid
Pensamiento
¿Volviste a Madrid? O ese domingo quedó intacto, como los espacios pequeños que mirás en el metro antes de que se cierren las puertas.
Contenido de la publicación
Te conocí de la manera más inesperada posible. A través de una pantalla, entre mensajes que comenzaron con curiosidad y terminaron despertando una ilusión que no esperaba. Aun así, fui a encontrarte con ese miedo inevitable que acompaña a todo lo desconocido.
Era un domingo en Madrid.
Llegaste con una sonrisa tranquila y un acento que, desde el primer momento, me invitó a quedarme un rato más. Lo que pensé que sería solo un encuentro terminó convirtiéndose en un recuerdo que seguiría habitándome meses después y hoy lo escribo por aquí.
Entre copas, vino, risas y miradas, el tiempo dejó de existir. Caminamos por Madrid mientras me mostrabas los rincones que habías aprendido a querer durante ese año viviendo allí. Entre una historia y otra, sentía que no solo estaba descubriendo una ciudad; también te estaba descubriéndote a ti.
Entonces empezó a llover.
Sin pensarlo, te quitaste la casaca y la pusiste sobre mis hombros. Fue un gesto tan simple y, al mismo tiempo, tan inmenso, que todavía puedo volver a ese instante cada vez que cierro los ojos.
La lluvia se fue tan silenciosamente como llegó. Seguimos caminando hasta encontrar un rincón donde el tiempo parecía ir más despacio. Nos sentamos a hablar de esas cosas que normalmente uno no le cuenta a un desconocido: la infancia, los sueños, los miedos, las películas que, sin saberlo, terminan explicando quiénes somos.
Mientras te escuchaba, pensé que tenías algo de ese vaquero que siempre encontraba la forma de cuidar a los demás, incluso cuando nadie se lo pedía. Y quizá yo también necesitaba encontrar a alguien así, aunque fuera solo por una noche.
Entre confesiones pequeñas, risas y silencios cómodos, el mundo pareció quedarse lejos.
Entonces me miraste y, con una dulzura que todavía recuerdo, me preguntaste si podías besarme.
Y, por segunda vez esa noche, el tiempo volvió a detenerse.
—Sí.
Dicen que el mundo es inmenso. Qué ironía que la conexión más genuina que había sentido en años la encontrara tan lejos de casa.
Como si nos hubiéramos encontrado en el momento exacto en el que ambos necesitábamos coincidir.
No sé si volveremos a encontrarnos.
Tal vez el destino vuelva a cruzar nuestros caminos en otra ciudad, en otro país, en otro momento de nuestras vidas.
O tal vez no.
Pero hay recuerdos que no necesitan un final para ser perfectos.
Y si algún día alguien me pregunta cuál fue el beso que más se pareció a una película, siempre pensaré en aquel domingo de otoño, cuando dos almas dejaron de ser desconocidas por una noche en Madrid.
Thoughts
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Permalink¿Volviste a Madrid? O ese domingo quedó intacto, como los espacios pequeños que mirás en el metro antes de que se cierren las puertas.
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PermalinkLo que te hace temblar es que no cierra del todo. El "O tal vez no" está en el lugar exacto. Muchos escriben la incertidumbre pero no saben dónde pararla.
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PermalinkEl detalle de la casaca ya lo dice todo. Esos gestos que alguien hace sin pensarlo, y quedan ahí para siempre.
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PermalinkSe oye como uno de esos relatos que te contaría alguien en la barra a las tres de la mañana. Tiene ritmo.
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