Cap 10. El reino en las alturas
El reino de Kalendria: una tierra de imponentes montañas, barcos voladores y ciudades que tocaban el cielo. Había poca comparación entre el cielo y la tierra pues estos se entrelazaban como si fuesen uno mismo.
Para muchos, está nación, situada al oeste del continente, parecia sacada de otro mundo debido a su aspecto irreal.
Ciudades construidas sobre plataformas flotantes daban un espectáculo increíble a propios y visitantes. La gran mayoría de los Kalendrianos vivían en estás metrópolis voladoras; sintiendo como flotaban en las nubes. Mientras que el resto, en su mayoría granjeros, vivían trabajando la tierra con el horizonte urbano de fondo. Eran felices por igual. Esa era la norma en aquella tierra incomparable.
La tecnología que poseian les había sido heredada de los Kimiro; criaturas aladas de aspecto humanoide, dotadas de gran sabiduría y conocimiento. Ellos construyeron su civilización y la defendieron de los temibles dragones por siglos.
Los duendes y humanos que habían ganado su favor tras el final de la guerra se convirtieron en los nuevos dueños de aquellas impresionantes metropolis flotantes y de los cientos de barcos voladores (sustentados por zepelines e impulsados por potentes aspas) que surcaban el cielo azul de Kalendria.
Su leyenda era conocida en todo el mundo. Desde las costas del archipiélago de Alessia, en el mar del oeste, hasta las llanuras articas del reino de Greylandia, en el norte de Aethelgard.
El poder de su avanzada tecnología no tenía comparación. Sofisticados cañones de artillería eran su arma principal. Con estos podían derribar los muros y atacar a distancia. Manteniendo la ventaja sobre el enemigo.
La Roca del Aguila: un formidable castillo, tallado en una imponente montaña, era el hogar de los Alarcón. Señores regentes de Kalendria y los defensores de este magnificente reino en las alturas.
Había transcurrido un mes desde que Diego Alarcón había tomado la decisión de marcharse en busca de aprender más para volverse un mejor estratega.
A pesar del disgusto por el acto de rebeldia, sus padres: Lord Enmanuel Alarcón y Lady Katherine Almeida, se sentían felices de volver a ver a su hijo.
El reencuentro familiar tuvo lugar en el salón principal del trono. Donde Diego Alarcón había sido recibido por los reyes, acompañados por los hermanos mayores de Diego, Alonso y Liliana, así como el resto de la gloriosa Guardia Real Kalendriana.
—Es bueno volver a verte sano y salvo, hijo—le admitió su padre, Emmanuel. Un auténtico rey. Con traje de monarca, cabello y barba blancos como la leche y un semblante que inspiraba sabiduría y poder.
—Si, Diego. Estábamos preocupados por ti—. Agrego Lady Katherine. Una mujer bellísima, de cabellos largos oscuros, ojos marrones y vestida como toda una reina. Al lado de su cónyuge se veía poderosa, majestuosa e imponente.
—si, cierto. Perdonen que deje de escribirles—dijo Diego, apenado.
—Lo que pasa es que me surgió otra misión, cuando me encontraba en los paramos rurales del reino de Herbolaria, ayudando a Joani a combatir a una tribu de orcos hostiles.
El hijo mayor, Alonso intervino en la conversación—yo aquí enfrentándome a los clanes bárbaros del desierto de Alara y tú combatiendo a orcos en la selva de los elfos—dijo en tono sarcástico.—como se ve que te gustan los desafíos fáciles, Dieguito.
Diego arrugo la boca mientras lo miraba con descontento. Su hermano Alonso había salido todo un guerrero. Tenía el cabello oscuro como el carbón, un rostro atractivo y un cuerpo fornido que se cubría bajo el acero relucíente de su armadura ornamentada de caballero halcón.
Diego siempre lo había envidiado por todas sus virtudes. Joani, en cambio, parecía más que dispuesta a perdonarle cualquier pecado al galán de Roca del águila.
—Solo hacia mi trabajo—. Le respondió Diego con desaire. En verdad no podía ni verlo a los ojos. Alonso sabía de su desprecio y aprovechaba cada oportunidad que tenía para provocarlo. Quería ver si Diego resultaba ser tan bueno con los puños como con los libros.
Liliana, en cambio, era todo lo contrario a Alonso. Aunque compartían el mismo color de pelo y de ojos, a Liliana no le disgustaba la presencia de Diego ni sus acciones. Ella lo quería mucho. Tanto que parecía su segunda madre. Pero su atuendo blanco de clériga y su cetro hacían bien difícil esa posibilidad.
—Dejalo en paz, Alonso—. Reclamo desde el otro extremo de los tronos. Alonso estaba parado al lado de su madre y Liliana al lado de su padre, en tanto estos ocupaban sus tronos adornados de joyas y moldeados con motivo de aguila rapaz.
Diego sentía el mismo cariño por Liliana y a ella si la veía con mucho aprecio.
—Cuéntanos, Diego. Te fue bien enfrentando a esos orcos?
La pregunta de Liliana podría haber tenido una respuesta inmediata de Diego si el impertinente Alonso no se hubiera metido diciendo—pero como le va ir?!—. El tenía una actitud más que prepotente y creída. —Liliana, hermana, los orcos de Herbolaria son un juego. Una diversión para niños. Hasta yo podría vencer a semejantes alimañas.
—entonces hazlo, Alonso—. Le respondió Diego con actitud desafiante.—que estás esperando?—. La pelea de sus hijos hizo intervenir al rey Emanuel.
—basta los dos!—. Hasta la reina Katherine hizo imponer el orden con una mirada tajante a ambos. Tenía ese tipo de talento.
La reprimenda de sus padres hizo desistir al joven Alonso de seguir con su provocacion.—solo digo que yo me he esforzado por proteger al reino de amenazas relevantes. Mientras que Sir Diego salía en busca de aventuras para, según el, "ser un mejor estratega"—Diego entrecerró los ojos mientras lo veía. En verdad le caía pésimo.
Joani sentía feo de que se llevarán tan mal. Ella, que no tenía una familia tan grande, habría dado lo que fuera por tener una como la que tenía Diego: grande y completa.
—Sea como sea—. Inicio el rey Emmanuel.—Diego, como todo un buen estratega, ha contribuido para ayudar a uno de nuestros mejores aliados. Es un gusto verte de nuevo, Joani.
La elfa hizo una reverencia respetuosa hacia el rey. Lionkai que se encontraba viendo todo en silencio también le hizo una reverencia para no parecer descortés.
—Vemos que trajiste a otro amigo, hijo—. Le señaló la reina Katherine, dirigiéndo una mirada educada hacia el joven monje.
—Quien es el, Diego? Nos lo presentas?—. Pregunto Liliana, con gran interés en el nuevo integrante.
Diego, entonces, procedió a contarles todo lo que había sucedido cuando sus amigos de la academia, Benicio y Camila Reikon, se lo encontraron en medio de su paso por Herbolaria y le pidieron ayuda para derrotar a la malvada bruja que estaba atormentado a su reino. Todos en la familia de Diego quedaron impresionados con esa historia. Hasta Alonso se sorprendió de todo lo que su hermano pequeño había vivido desde entonces.
Terminado de explicar los motivos del regreso a Kalendria, Diego pidió a sus padres ayuda para localizar al hechicero Baltazar e impedir que este llevará a cabo su cometido. Lady Katherine y Lord Enmanuel reflexionaron sobre el tema y tomaron la decisión de ayudar a su hijo; con la condición de que sus hermanos mayores, Sir Alonso y Lady Liliana, los acompañaran en su cruzada.
Ante aquella única condición, Diego no objeto. Su mala relación con Alonso no tenía remedio, más sin embargo, sus habilidades de caballeria superior resultarían muy útiles en la lucha contra el hechicero. Liliana, por otro lado, era una clériga. Sus poderes sobre la luz divina y los dotes de curación otorgados por su cetro les sería también de mucha ayuda en la batalla.
Diego aceptó con gusto. La decisión estaba tomada. Cómo un último gesto de apoyo para su retoño, Lord Enmanuel ordenó que algunas de sus mejores tropas acompañaran a Diego y sus amigos.
Estás nuevas unidades eran:
Los artilleros: unos soldados especializados en el manejo de cañones de artillería de largo alcance.
Los cazadores: unos jinetes de grifo, armados con lanzas. Especialistas en el combate aéreo.
Los fusileros: tiradores de elite armados con mosquetes capaces de disparar proyectiles impulsados por energía arcana.
Con estas nuevas tropas integradas a sus filas, Diego estaba listo para enfrentar al hechicero Baltazar en la batalla decisiva.
Fue así como los jinetes, arqueros de elite, hostigadores, merodeadores, militantes, artilleros, cazadores y fusileros partieron en perfecta formación hacia la batalla. Diego, la elfa Joani y el monje Lionkai cabalgaban delante de aquel gran batallón. Seguidos por el paladín Alonso y la clériga Liliana. Ambos también arriba de sus respectivos caballos.
El enorme castillo Roca del águila fue testigo ese dia de un despliegue militar impresionante, en cuyas manos estaba el destino de Aethelgard.
Baltazar, mientras tanto, había mandado traer a una legión de orcos directamente del reino de Herbolaria, ubicado al sur de Aethelgard. Estos eran bestias de piel verde, con los ojos rojos encendidos, los cuerpos musculosos y una actitud feroz en la batalla.
Las batallas en contra del caballero, Diego Alarcón habían incrementado el odio que sentían esos orcos hacia el reino Kalendriano.
En el ejército del hechicero también había hombres cuervo de Lunarborea, arpías de las montañas Kalendrianas e incluso tropas de escarabajos del desierto. El ambicioso brujo daría todo para conseguir su objetivo. Nadie iba a detenerlo.
Mientras cabalgaba guiando a sus tropas, Diego rebuscó en el mapa que traía metido entre los pliegues de su ropa. En el mismo había marcado con anterioridad un punto específico. Aquel lugar sería donde se libraria la gran batalla.
Joani iba en silencio, metida en sus pensamientos y Lion, como un reflejo instintivo, saco la espada entregada por sus maestros. La misma despedía fuego mágico de su hoja; indicando que el momento de usarla habia llegado. Los héroes se batirian a duelo con su mortal enemigo. Todo para proteger al mundo y evitar su destrucción.