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Capítulo 39: Cultos (1)

NicolasPeanl
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Contenido de la publicación

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Camino por la calle.

O lo que queda de ella.

Los demonios están esparcidos por todas partes, amontonados unos sobre otros, formando colinas de carne, cuernos rotos y alas arrancadas. La sangre corre entre los adoquines como un río oscuro.

El aire huele a hierro, ceniza y muerte.

Sobre la montaña de cadáveres más alta, un anciano permanece sentado en posición de meditación.

Su cuerpo está demacrado, consumido hasta los huesos. Los músculos se le pegan a la piel como raíces secas, y una túnica vieja cubre casi todo su cuerpo, aunque no alcanza a esconder lo deteriorado que está.

Aun así, sonríe.

Como si estuviera sentado frente a un jardín.

—Qué hermosa vista... —dice con voz ronca, hablándole al aire.

Luego gira lentamente la cabeza hacia mí.

—¿No es cierto?

Suspiro.

Intento contener la ira que me sube desde el pecho hasta la garganta.

No puedo permitirme temblar.

No frente a él.

—Es tan difícil hablar con ustedes... —digo lentamente.

El anciano inclina la cabeza, divertido.

—No es difícil, cazador. Solo que ustedes nunca quieren escuchar.

Aprieto la empuñadura de mi espada.

El cuero cruje bajo mis dedos.

—¿Estás feliz?

Su sonrisa se ensancha.

—¿Feliz?

—Después de sabotear tantas misiones. Después de provocar una masacre de esta escala. Después de llenar calles enteras con cadáveres...

Miro a mi alrededor.

Demonios muertos.

Humanos muertos.

Cazadores muertos.

Restos de una guerra que nadie debería haber tenido que pelear.

Vuelvo a mirarlo.

—Lograron una masacre imposible de medir. Pero aun después de todo eso, la humanidad sigue viva.

Quiero alterarlo.

Quiero que su sonrisa se quiebre.

Que muestre rabia.

Frustración.

Algo.

Pero el anciano solo empieza a reír.

Primero despacio.

Luego más fuerte.

—Por ahora... —murmura entre carcajadas—. Por ahora, cazador.

Su risa se vuelve áspera, seca, casi animal.

—HAHAHAHAHA...

No se detiene.

Durante dos minutos enteros, ríe sobre la montaña de cadáveres, como si la muerte a su alrededor fuera un chiste contado especialmente para él.

Después, finalmente, el sonido se apaga.

El anciano respira hondo.

—Al final... todos morirán. Es cuestión de tiempo.

Sus ojos hundidos brillan con una calma repugnante.

—Pero tenés razón...

Su sonrisa tiembla apenas.

—Fracas...

No termina la palabra.

Antes de que pueda hacerlo, ya estoy frente a él.

La espada corta el aire.

Su cabeza se separa del cuerpo y rueda por la colina de cadáveres, golpeando cuernos, brazos y huesos hasta detenerse junto a mis pies.

El cuerpo del anciano permanece sentado un segundo más.

Luego cae hacia adelante.

La montaña de demonios vuelve a quedar en silencio.

Miro su cabeza.

Sus labios todavía conservan una sombra de sonrisa.

—No vine a escuchar tus excusas.

Sacudo la sangre de la hoja.

—Vine a cortar la raíz.

***

Al volver a la casa, lo primero que noto es el silencio.

No es el silencio tranquilo de la residencia.

Es otro.

Uno pesado.

Como si todos acabáramos de regresar de un lugar donde pasaron demasiadas cosas para poder hablar de inmediato.

Miro a mi alrededor.

Kwon está de pie, pero tiene la mirada perdida. Sus cuchillos siguen en sus manos, aunque no parece darse cuenta.

Mujin respira lento, con los hombros rígidos y la espada baja.

Doyun mira sus propios dedos, como si todavía esperara sentir la cuerda del arco.

Hejin está sentada en el suelo, completamente pálida.

Jiwon tiene las manos juntas, temblando.

Eunbyeol sostiene su libreta contra el pecho, pero no escribe.

Seolhwa permanece en silencio.

Demasiado tranquila.

Todos siguen atrapados en alguna parte de sus pruebas.

Yo también.

Durante un instante, todavía siento el barro del Bosque de Garam bajo mis botas.

Entonces el sistema aparece.

[Felicidades por completar el entrenamiento en dificultad: Infierno.]

[El Orbe del amanecer — SSS ha sido consumido.]

[Recompensas otorgadas.]

[Fuerza: +25.]

[Destreza: +25.]

[Resistencia: +25.]

[Magia: +25.]

[Suerte: +5.]

La cantidad es absurda.

Incluso para una recompensa de grado SSS.

Subir veinticinco puntos en cuatro estadísticas principales no es una simple mejora. Es una reconstrucción completa del cuerpo.

La siguiente ventana aparece frente a mí.

[Título obtenido][Guardabosques — S]

[El usuario ha sobrevivido a un bosque de muerte diseñado para cazadores de rango superior.]

[Efecto: al encontrarse en un entorno forestal:]

[Destreza: +20 %.]

[Fuerza: +10 %.]

[Resistencia: +40 %.]

[Efecto adicional: las bestias naturales del bosque no reconocerán al usuario como enemigo por defecto.]

Leo la descripción en silencio.

El Bosque de Garam.

Incluso el sistema lo reconoce como una prueba de supervivencia.

No de victoria.

Supervivencia.

La última recompensa aparece con una luz verde profunda.

[Equipo obtenido][Espada del bosque — SS]

[Tipo: arma espiritual.]

[Fuerza: +50.]

[Un arma nacida de un bosque que devora a quienes no comprenden sus reglas.]

[Habilidad adherida:]

[Lobo del bosque]

[Consume el 10 % de la Resistencia máxima del usuario por hora para invocar a un Lobo del bosque — S.]

[El lobo invocado podrá desarrollar ego propio según el tiempo de permanencia, combates compartidos y vínculo espiritual.]

Una espada aparece frente a mí.

No cae.

Flota.

Su hoja es oscura, casi negra, pero en el filo corre una línea verde como savia brillante. La empuñadura parece hecha de madera vieja y metal vivo, entrelazados como raíces. No tiene el brillo limpio de la Espada de Clemen.

Esta arma se siente distinta.

No fue forjada para héroes.

Fue nacida para sobrevivientes.

Extiendo la mano.

En cuanto mis dedos tocan la empuñadura, todo mi cuerpo se rompe.

No literalmente.

Pero se siente así.

Los músculos se contraen al mismo tiempo. Las articulaciones se retuercen, los huesos crujen, la sangre arde como si cada vena se hubiera convertido en una cuerda tensándose hasta el límite.

Mi visión se expande.

Demasiado.

Veo el polvo suspendido en el aire.

Las grietas mínimas en la madera del piso.

El temblor en los dedos de Eunbyeol.

El movimiento de la garganta de Kwon cuando traga saliva.

Escucho respiraciones.

Latidos.

El zumbido de las luces.

El roce de una hoja contra la ventana afuera.

El mundo entero se vuelve insoportablemente claro.

Aprieto los dientes.

No grito.

No porque no duela.

Duele.

Mucho.

Pero conozco este tipo de dolor.

Es el dolor de un cuerpo siendo obligado a convertirse en algo que todavía no sabe sostener.

Doblo una rodilla.

La espada del bosque intenta entrar en mi sistema como si tuviera raíces. No solo se equipa. Se vincula.

Siento un aullido lejano en algún lugar de mi pecho.

Una presencia.

No completamente viva.

No completamente dormida.

El lobo.

Todavía no invocado, pero ya observando.

—Después... —murmuro entre dientes—. No ahora.

La presión cede apenas.

Mi cuerpo sigue ardiendo, pero recupero el control.

Respiro.

Una vez.

Dos.

Tres.

Cuando finalmente levanto la mirada, veo el verdadero problema.

Mis compañeros no lo están soportando.

Kwon cae primero.

Sus rodillas golpean el suelo y sus cuchillos se le escapan de las manos. Intenta reír, pero solo escupe saliva. Sus ojos se ponen en blanco y todo su cuerpo empieza a convulsionar.

Mujin aguanta un segundo más.

Solo uno.

Después su enorme cuerpo se dobla hacia adelante. Sus manos se clavan contra el piso como si quisiera sostener la casa entera. Los músculos de sus brazos se hinchan y contraen de manera irregular.

—Mier... —alcanza a decir.

Luego cae.

Doyun intenta apoyarse contra la pared.

No llega.

Su espalda golpea el suelo y sus dedos se curvan como si todavía sujetara una flecha invisible.

Hejin grita.

Un grito corto, cortado por la falta de aire.

La magia en su cuerpo despierta de golpe, demasiado grande para los canales que tenía antes. Pequeños círculos azules aparecen y se rompen alrededor de ella.

Jiwon se lleva las manos al pecho.

—No... puedo...

Cae de costado.

Eunbyeol intenta mantenerse consciente.

La veo luchar contra el dolor con pura voluntad.

Pero el cuerpo no obedece a la inteligencia.

Sus piernas ceden.

La libreta cae al suelo.

Seolhwa es la última.

Permanece de pie, con la misma expresión serena de siempre.

Por un instante creo que lo va a resistir.

Entonces una vena se marca en su cuello.

Sus dedos se doblan.

Sus ojos pierden foco.

Y cae de rodillas, respirando con una calma tan forzada que parece más aterradora que un grito.

Después también se desploma.

Todos se retuercen en el suelo.

Escupen saliva.

Sus cuerpos convulsionan mientras las recompensas del modo Infierno les reconstruyen músculos, huesos, circuitos mágicos, sentidos y resistencia.

Una ventana aparece.

[Sincronización de recompensas en curso.]

[Advertencia: aumento estadístico extremo detectado.]

[Los cuerpos de los participantes están siendo adaptados.]

[No interrumpir el proceso.]

—No interrumpir, dice...

Aprieto la mandíbula.

Muy tarde para advertir.

Desde el pasillo escucho pasos pequeños.

Los niños.

—¡No entren! —grito.

Mi voz sale demasiado fuerte.

Las ventanas tiemblan.

Maldición.

No controlo bien la nueva fuerza.

Minjun aparece en la puerta, pálido.

—¿Qué pasó?

Eunji está detrás de él.

Sus ojos se clavan en Seolhwa, tirada en el suelo.

—¡Seolhwa!

Intenta correr.

Me muevo antes de que pueda entrar.

Aparezco frente a ellos demasiado rápido.

Los dos retroceden asustados.

Bajo la voz.

—No entren.

Eunji tiembla.

—Pero ella—

—Está viva.

—Está sufriendo.

Miro hacia atrás.

Seolhwa tiene los dientes apretados. Sus manos arañan el piso, pero no despierta.

—Sí.

No voy a mentirle.

—Pero si la tocás ahora, podés lastimarla o lastimarte.

Eunji niega con la cabeza.

Las lágrimas ya le llenan los ojos.

—Quiero verla.

Me agacho frente a ella, aunque cada músculo protesta.

—Me quedo con ella.

—Prometelo.

La palabra me atraviesa.

Prometer.

Nunca es simple.

Pero esta vez puedo hacerlo.

—Lo prometo.

Eunji se queda mirando mis ojos.

Después asiente, temblando.

—Minjun —digo—. Llevá a los demás al comedor. Cierren la puerta. Nadie entra hasta que yo vaya.

El niño traga saliva.

Quiere hacerse el valiente, pero está asustado.

Aun así, toma la mano de Eunji.

—Vamos.

Cuando se alejan, vuelvo con el grupo.

La sincronización empeora.

Mujin golpea el suelo con un brazo. No de manera consciente. Su nueva fuerza está reaccionando sin control. Si sigue así, puede romperse la muñeca.

Me acerco y le sujeto el antebrazo.

Su cuerpo intenta resistirse.

Incluso inconsciente, es fuerte.

Mucho más que antes.

—Quieto.

Presiono los puntos correctos del hombro y el cuello para limitar el movimiento sin bloquear la circulación.

Después voy con Kwon.

Él convulsiona de forma distinta.

Rápida.

Espasmódica.

Su destreza está aumentando demasiado de golpe. Sus músculos buscan micro movimientos que su mente inconsciente no puede ordenar.

Le separo los cuchillos con el pie y le coloco una manta doblada bajo la cabeza para que no se golpee el cráneo.

Doyun está rígido.

Sus dedos sangran por la presión con la que se cierran.

Le abro la mano con cuidado.

—No estás disparando ahora.

No me escucha.

Pero sus dedos aflojan apenas.

Hejin es el mayor peligro.

La magia sale de su cuerpo en impulsos irregulares.

Pequeños sellos aparecen en el aire, se deforman y estallan en chispas azules.

Si uno se estabiliza mal, puede lastimar a los demás.

Me acerco a ella.

—Hejin.

No responde.

Apoyo dos dedos en su frente y libero presión.

No magia.

No tengo.

Pero sí presencia.

Suficiente para hacer que su cuerpo reconozca una amenaza mayor y reduzca la dispersión.

Los sellos empiezan a apagarse.

Jiwon está respirando mal.

Demasiado rápido.

La pongo de lado para que no se ahogue con la saliva. Su cuerpo tiembla, pero sus manos siguen buscando instintivamente a otros heridos incluso inconsciente.

—Siempre igual...

Paso a Eunbyeol.

Está pálida.

Muy pálida.

Su respiración es irregular, pero estable.

Tiene los dedos aferrados a la libreta caída, como si incluso inconsciente no quisiera soltarla.

Se la dejo.

No hay razón para quitársela.

Por último, Seolhwa.

Su cuerpo casi no se mueve.

Eso me preocupa más que las convulsiones de los demás.

Está soportando el dolor hacia adentro.

Los músculos del cuello están tensos. La mandíbula apretada. Las uñas clavadas en las palmas.

Me arrodillo junto a ella.

—Seolhwa.

Nada.

Una ventana aparece sobre su cuerpo.

[Rasgo: Berserker latente — A reaccionando a estrés físico extremo.]

[Estado: contenido.]

Contenido.

Incluso inconsciente, está conteniendo la reacción.

Eso es peligroso.

Si su rasgo se activa en medio de la sincronización, puede lastimarse intentando levantarse.

O peor.

Puede despertar atacando lo primero que interprete como amenaza.

Apoyo una mano sobre su hombro.

—Los niños están a salvo.

Su respiración cambia.

Muy poco.

Pero cambia.

—Eunji está a salvo. Minjun está a salvo. Todos están en la casa.

Sus dedos dejan de clavarse en la palma.

Bien.

Sigo hablando.

—No hay muertos. No hay puertas cediendo. No hay puente. No hay horda.

Su rostro se contrae.

No sé cuánto recuerda de su prueba.

Pero sé que algo ahí adentro escucha.

—Volviste.

La tensión baja apenas.

La ventana sobre ella parpadea.

[Estado: estabilizándose.]

Respiro.

El sudor me cae por la frente.

Mi propio cuerpo sigue adaptándose. La nueva fuerza quiere salir por cada movimiento. La nueva destreza hace que todo parezca lento. La nueva resistencia convierte el dolor en algo que puedo mirar desde lejos, pero no apagar.

Entonces aparece una ventana general.

[Sincronización de recompensas: 31 %.]

Solo treinta y uno.

—Va a ser largo...

Durante los siguientes minutos, la casa se convierte en una sala de supervivencia.

No hay médicos.

No hay sistema de emergencia.

Solo yo, mis manos, y ocho cuerpos que están siendo convertidos a la fuerza en algo superior.

Cada pocos segundos reviso respiraciones.

Posición de la lengua.

Riesgo de golpe.

Magia desbordada.

Contracciones peligrosas.

Kwon despierta durante tres segundos.

—Capitán...

—No hables.

—Creo... que me estoy muriendo.

—No podés morir por esto.

—Eso no lo hace mejor...

Vuelve a desmayarse.

Mujin también despierta un instante.

Intenta levantarse.

Le pongo una mano en el pecho y lo obligo a quedarse abajo.

—Quieto.

—Puedo... pelear...

—Estás peleando contra tus propios músculos y perdiendo.

Sus ojos se cierran otra vez.

Doyun no despierta, pero murmura números.

Ángulos.

Distancias.

Rutas.

Hejin insulta al sistema en voz baja aun estando medio inconsciente.

Jiwon llora sin sonido.

Eunbyeol repite una frase que no alcanzo a entender.

Seolhwa solo respira.

Demasiado tranquila.

Demasiado rota por dentro.

Finalmente, después de lo que parecen horas, el sistema muestra otra ventana.

[Sincronización de recompensas: 100 %.]

[Adaptación corporal completada.]

[Los participantes permanecerán inconscientes hasta que sus mentes terminen de procesar la diferencia sensorial.]

Los cuerpos dejan de convulsionar.

Uno por uno.

El silencio vuelve.

Esta vez no es igual que antes.

Ahora es un silencio agotado.

Pesado.

Pero vivo.

Me siento en el suelo, en medio de todos.

La Espada del bosque sigue a mi lado.

Siento la presencia del lobo en algún lugar profundo, esperando.

Miro mi propia ventana.

[Fuerza aumentada.]

[Destreza aumentada.]

[Resistencia aumentada.]

[Magia aumentada.]

[Suerte aumentada.]

Veinticinco puntos.

Para mí era una mejora enorme.

Para ellos, era una transformación brutal.

Cuando despierten, van a caminar distinto.

Respirar distinto.

Ver, oír y sentir un mundo más grande que antes.

Y también van a cargar con un año entero de recuerdos.

La puerta del pasillo se abre apenas.

Eunji asoma la cabeza.

—¿Ya terminó?

La miro.

Su voz es pequeña.

Pero firme.

Asiento.

—Terminó.

—¿Seolhwa está bien?

Miro a Seolhwa.

Su rostro sigue tranquilo.

Pero ahora sé que esa tranquilidad no significa ausencia de tormenta.

—Sí.

Eunji entra despacio.

No corre.

Esta vez obedece.

Se acerca a Seolhwa y se arrodilla a su lado.

—¿Puedo tocarla?

Espero un segundo.

No aparece ninguna advertencia del sistema.

—Sí.

Eunji toma la mano de Seolhwa.

La sostiene con ambas manos.

—Volviste —susurra.

Los dedos de Seolhwa se mueven apenas.

Muy poco.

Pero lo suficiente para responder.

Me quedo observando la escena.

El Orbe del amanecer ya no existe.

El entrenamiento terminó.

Las recompensas fueron entregadas.

Pero ahora empieza la parte difícil.

Porque aumentar estadísticas es simple.

Aprender a vivir con lo que el Infierno dejó adentro, no.