Tu luz atraviesa la niebla y conquista cada rincón de mi espacio, vistiendo de gala este pecho que antes latía muy despacio.
Eres el sol del mediodía que borra las sombras con su esplendor, un fuego bendito y radiante que llena mi vida.
Tu fuerza deshace los hielos y enciende una nueva ilusión, ¡porque con tu brillo de fuego, derrites mi frío corazón!.
Tu mirada sagrada me abraza y desarma mis viejos temores, transformando los inviernos grises en un jardín de mil colores.
Ya no queda rastro de la nieve desde que tu claridad me acompaña, eres la llama divina que alumbra y me abriga desde la distancia.