Todavía no sé cómo dejarte.
Y me da rabia admitirlo.
Porque ya debería poder hablar de ti
sin que se me cierre la garganta,
sin sentir que tu nombre
todavía tiene la capacidad
de arruinarme una noche entera.
Pero no puedo.
Todavía no.
Todavía hay días
en los que me pregunto
si alguna vez me quisiste de la manera
en que yo necesitaba que me quisieras.
Y odio esa pregunta.
Porque no importa cuántas veces la responda,
siempre termina apareciendo otra:
¿Entonces por qué no te quedaste?
Me dijiste que te gustaba.
Me hiciste sentir querida.
Me hiciste creer, aunque fuera por un rato,
que quizá yo podía ser esa persona
que alguien mirara y pensara:
“con ella sí.”
Y después te fuiste.
Así de sencillo.
Como si todas las cosas que dijiste
no pesaran nada.
Como si yo no hubiera pasado noches enteras
intentando entender
qué había cambiado.
A veces pienso que fui una historia
que te gustó mientras duró.
Una posibilidad.
Un momento.
Una persona a la que quisiste
hasta que quisiste dejar de hacerlo.
Y no sé qué duele más:
pensar que nunca me quisiste de verdad
o aceptar que quizá sí me quisiste
y aun así no fue suficiente
para hacerte quedarte.
Porque yo habría querido quedarme.
Incluso después de todo.
Incluso con mis errores.
Incluso con las cosas que hice mal.
Yo habría querido intentarlo.
Y tú no.
Esa diferencia me destruye.
Porque no sé qué hacer con un amor
que no terminó porque se acabara el sentimiento,
sino porque una persona decidió
que ya no quería seguir.
No puedo pelear contra eso.
No puedo convencerte.
No puedo hacer que me extrañes.
No puedo aparecer en tu puerta
y pedirte que mires todo lo que todavía siento
y decirte:
”¿ves?
¿cómo puedes irte
si yo todavía estoy aquí?”
Y quizá lo peor
es que sigo esperando una explicación
que probablemente nunca llegue.
Sigo reconstruyendo conversaciones.
Repasando palabras.
Buscando el momento exacto
en que dejé de ser alguien que querías
y me convertí en alguien
que podías dejar atrás.
Me pregunto si hubo otra persona.
Si fui una opción.
Si te cansaste.
Si fui demasiado.
Si fui insuficiente.
Si alguna vez me miraste
y pensaste en quedarte
o si fui yo
la única haciendo planes
con algo que nunca existió.
Y qué humillante es
tener tantas preguntas
para alguien que ya no está.
Porque mientras yo intento entender
lo que fuimos,
tú probablemente
ya estás viviendo cosas
que no tienen nada que ver conmigo.
Y yo sigo aquí.
Con tu nombre escondido
en lugares donde nadie lo ve.
En canciones.
En conversaciones.
En recuerdos que aparecen
sin pedir permiso.
En noches como esta.
Y todavía te extraño.
Eso es lo que más me cuesta decir.
Te extraño.
Aunque me hayas dolido.
Aunque sé que no debería buscarte.
Aunque sé que quizá nunca fuiste
lo que yo imaginaba.
Te extraño igual.
Y me gustaría poder decir
que ya no.
Me gustaría escribir un final bonito.
Decir que entendí todo.
Que te perdoné.
Que me perdoné.
Que ya no me importa.
Pero no.
No voy a mentir en este poema.
Todavía me importa.
Todavía me duele.
Todavía hay una parte de mí
que quisiera que volvieras
solo para comprobar
si esta vez sí te quedarías.
Y quizá esa sea
la parte más triste de todo:
que incluso después de todo lo que pasó,
si me preguntaran ahora mismo
si alguna vez quise que fueras tú,
la respuesta seguiría siendo
sí.
Y no sé qué hacer
con ese sí.
No sé dónde ponerlo.
No sé cómo enterrarlo.
No sé cómo dejar de quererte
sin sentir que estoy traicionando
a la persona que fui aquella noche.
Así que por ahora
solo puedo admitirlo:
todavía te quiero.
Todavía me dueles.
Todavía te extraño.
Y todavía no sé
cómo dejarte.